miércoles, marzo 18, 2015

Un cas de déviance en milieu populaire: les seuils d'entrée dans es troubles alimentaires

Acceso al texto que se encontraba desaparecido en este vínculo

"Le tirage au sort ou la socialisation du capital politique" en el número 31 de Savoir-Agir

El número 31 de la revista Savoir-agir, dedicado a la democracia, incluye un artículo mío dedicado al sorteo. En él se le interpreta como un principio socialista en el campo de la política: primero porque supone la existencia de recursos comunes (y no solo patrimonio de una elite autodesignada, cooptada o elegida: normalmente, en nuestro tiempo, todo a la vez) y segundo porque apuesta por el principio de controlar la acumulación ilegítima de capital político (ilegítima: basada en argumentos espurios y/o dependiente de formas de alienación política). El sorteo se coloca dentro de un esquema de los peligros de los cuerpos políticos y se defiende su valor, siempre coordinado con la elección.
El número contiene a la vez un artículo de mi amigo Francisco Manuel Carballo Rodríguez sobre las movilizaciones de desempleados en Andalucía.

Sommaire

Éditorial

par Frédéric Lebaron

Dossier : Démocratie, coordonné par Gérard Mauger et Claude Poliak

Michel Offerlé, L’appel aux urnes. Comment les hommes français sont devenus des électeurs
Daniel Gaxie, Questionner la représentation politique
Patrick Lehingue, Les classes populaires et la démocratie représentative en France : exit, voice ou loyalty ?
José-Luis Moreno-Pestaña, Le tirage au sort ou la socialisation du capital politique
Guillaume Gourgues, Plus de participation, pour plus de démocratie ?
Lilian Mathieu, Je t’aime, moi non plus : mouvements sociaux et partis, entre critique et instrumentalisation
François Houtart, Les révolutions citoyennes en Amérique latine.

Grand entretien avec Patrick Champagne

propos recueillis par Gérard Mauger et Louis Pinto

Chronique de la gauche de la gauche

L’heure grecque, par Louis Weber

Rhétorique réactionnaire

Sur les attentats des 7 et 9 janvier 2015, par Gérard Mauger

Alterindicateurs

Pollution et mortalité anormale dans les Ardennes, par Germain Barré

Politiques d’ailleurs

Crise économique et mobilisations pour l’emploi : un cas en Andalousie, par Francisco Manuel Carballo Rodríguez

Chronique d’outre-Manche

Glasgow, par Keith Dixon

Médias

Les revues de sciences humaines et sociales : une économie fragile, par Jean Pérès

Portfolio

jueves, marzo 12, 2015

CAPITALISTA, ABANDONISTA Y PLAGIADORA: LOS TRES PELIGROS DE LA UNIVERSIDAD NEOLIBERAL


(Ideas para una intervención mañana en Cádiz)
Creo que para comprender bien el debate sobre la universidad (mi referente es de nuevo el gran clásico de Ortega) necesitamos considerar tres ámbitos: la vinculación con las profesiones (o sea, con el mercado de trabajo), con la enseñanza (con la transmisión de conocimiento) y, en fin, con la investigación (esto es, con la producción de nuevo conocimiento). A veces se debate sin darse uno cuenta de que habla de aspectos distintos. Cualquier concepción de la universidad que se centre en lo primero tiende a olvidar que el mercado cambia y que mucho de lo que exige no merece ser enseñado ni estudiado; quien se centra en lo segundo, tiende a olvidar que la universidad ofrece credenciales y que salvo en el caso de aristócratas rentistas, de grandes burgueses o de estudiantes aficionados en situaciones específicas (jubilados, etc.), lo normal es hacerlas valer en el mercado de trabajo. Además olvida que, desde hace unos siglos, se investiga en las universidades -aunque podría pensarse que no son ellas el lugar para investigar y que deben ser centros especializados: no es absurdo-. Quien se centra en lo tercero olvida que los problemas de investigación pueden atraer sobre problemas muy localizados que interesan a escasas personas y que el tipo de profesionales que fomentan no sabe enseñar, entre otras cosas porque es, como aseguraba Ortega de los científicos, un bárbaro que sabe mucho de una cosa. Obvio decir que quien se entrena en tales problemas, en la vida cotidiana y en el mercado de trabajo, tiene poco que hacer.
Centrarse en las profesiones tiende a dar una versión populista de la universidad (la universidad al servicio de la gente y como la gente, sobre todo la que consigue hacerse oír y puede influir, se encuentra configurada por el capital, éste es el verdadero amo). Centrarse en la enseñanza tiende a ofrecer una visión mandarinal: como los mandarines, los buenos mandarines, se trata de transmitir doctrina y aprenderla y esa expansión cultural ni sabe de avances intelectuales ni de las urgencias del empleo. La tercera nos ofrece una visión vanguardista de la universidad, convertida en una colonia dominada por los problemas de punta de los campos científicos en las humanidades o las tecnologías.  
En mi opinión debemos defender una lectura dialéctica de la universidad. ¿En qué sentido dialéctica? Según mis dos dialécticos preferidos (Manuel Sacristán y Frédric Jameson), en un sentido muy estricto y limitado: viendo cómo cada posición implica ciertos efectos, lo sepa o no, lo quiera o no, cómo van juntos lo peor y lo mejor. La dialéctica, así concebida, sirve para comprender nuestras distorsiones a la hora de percibir la realidad con la consiguiente propensión al simplismo: al sesgo populista/capitalista, al sesgo mandarinesca o al sesgo vanguardista.
Vamos a entrar ahora en el objeto de este debate, siempre intentando mantener esa perspectiva dialéctica, global.
La universidad neoliberal se fundamenta en tres relatos, en tres modelos: una universidad que depende de la transferencia a la economía, una universidad que promueve la iniciativa de los alumnos y su autoformación, una universidad, en fin, que jerarquiza a los profesores según su capacidad de ser rentables en la investigación y, por tanto, manda a los peores a dar clase y a los mejores a triunfar en la producción científica. ¿Cuáles son los enemigos de la universidad neoliberal? La universidad elitista y libresca, ajena al mercado de trabajo; el profesorado magistral, que somete a los alumnos a lecciones arcaicas; la falsa igualdad que privilegia a los mediocres y penaliza a los auténticos creadores. Universidad en contacto con la economía, formación autogestionada que promocione la autoiniciativa -valor máximo para competir en un mercado-, profesorado evaluado constantemente para detectar a los vagos y promocionar a los brillantes.
Esta universidad actúa a dos niveles: el del contexto de elección de los agentes y el de su subjetividad, el tipo de mecanismo de elección en el que se socializan los sujetos (saco estos dos criterios de Eva Illouz, que los aplica en su libro ¿Por qué duele el amor?). Voy a dar indicaciones, en cada plano, de los peligros de la universidad neoliberal.
Respecto a las profesiones. El neoliberalismo se preocupa por la economía del conocimiento, lo cual supone, por un lado, el papel de las nuevas tecnologías en todos los ámbitos de creación de riqueza. La universidad neoliberal es una universidad tecnológica donde cada día se factura una nueva plataforma de enseñanza, de evaluación, de control. Segundo elemento: el conocimiento aplicado permite trabajar en las tecnologías, en el campo de la industria y, muy importante en las economías del mundo desarrollado, en el campo de los servicios. Los servicios, en parte, son inmateriales. Una vendedora de una tienda tiene que limpiar, acarrear cajas, en fin, y queda derrengada: ese es un trabajo muy material que, como los abusos empresariales son la norma, no se controla ni se regula. Además debe dar un toque de distinción a la ropa que ofrece -o a la fotocopia que hace, o a la tapa que pone, o a la cerveza que sirve o al flamenco que canta-. La economía del conocimiento vive del narcisismo de la pequeña diferencia. En ese sentido, promueve un tipo de contexto de elección amplio, donde se trata de perseguir qué te hace diferente. Y un tipo de sujeto: siempre pendiente de qué produce o no valor añadido, a corto plazo. Los dilemas se imponen: ¿es hacer una atracción, un centro de recursos sobre la Constitución del 12 o aprender que la palabra liberal tiene una genealogía tortuosa que pasa por la Política de Aristóteles y la lectura que sobre artes mecánicas y serviles se hace en el Medievo hasta llegar a Cádiz? Lo primero exige controlar las oportunidades y entrar en contacto con las redes clientelares políticas o empresariales; lo segundo estudiar materias antiguas y de difícil digestión. Cualquiera dirá: ¡todo a la vez! Y hay que responderle: ¡dialéctica! ¡Lo bueno y lo malo van juntos! Las conciliaciones en el discurso no valen cuando las oposiciones se encuentran arraigadas en lo real. No se tiene tiempo para todo, excepto en los delirios de los utopistas.
Una universidad de ese tipo, una universidad de transferencia, puede ser una universidad capitalista. En función de los mercados que se tengan cerca, de los entornos en los que se ubica, tendrá más o menos riquezas, más o menos oportunidades de conexión. Y tenderá a olvidar parte de lo sustancial, que solo se aprende estudiando mucho y de manera muy disciplinada. Contexto pendiente del mercado y no de la tradición o la innovación cultural; estudiante y profesor pendientes de crear valor añadido de cada cosa que aprende y hace: una universidad capitalista. Hace algún tiempo era habitual que alguien te buscase preguntándote: ¿qué me ofrece usted si trabajo con usted? La respuesta que esperaba no era: hacerte estudiar. En fin, más fenomenología del mercado: disputarse los doctorandos, evitar la participación de los colegas en los máster o en los cursos donde puedes reclutarlos, donde la gente puede oír al otro y preferirlo a ti, era y es estrategia común de muchos profesores, en algunos lugares casi una norma. El capitalismo no lo imponen solo los mercados: lo hacemos y lo reproducimos nosotros comportándonos como en un mercado. Lo más triste es cuando eso lo hacen las personas que defienden valores fuertes, críticos e incluso insumisos.
Respecto a la enseñanza. Aquí el objetivo, aquel sobre el que se apunta, es el profesor a la antigua, que imparte lecciones. Esa figura puede ser criticada desde muchos puntos de vista, algunos sumamente respetables. ¿Por qué tiende a sustituirla el neoliberalismo? Por el alumno autónomo que puede buscarse la vida y que estudia solo, que participa. ¿Cuándo funciona ese modelo? Cuando los alumnos traen un enorme capital cultural de casa, de su entorno de relaciones o cuando se encuentran un profesor fuera de serie (una especie de remedo del docente del Club de los poetas muertos) y ellos tienen unas disposiciones extraordinarias -como los alumnos del referido club...-. Lo último acontece raramente y, si no concursa el capital cultural de base, la universidad neoliberal se convierte en abandonista: los profesores no enseñan (y si lo hacen los alumnos se quejan y amenazan con una mala evaluación y una protesta) y los alumnos no estudian. He visto memorias de máster plagiadas y alumnos que ponían cara de póquer y de sorpresa cuando se lo hacías notar. Los mil trabajitos, como si cada estudiante fuera un Rimbaud o un Habermas en potencia, solo pueden solventarse buscando textos en la red, que el profesor no detecta o no corrige o no puede suspender porque los porcentajes de evaluación permiten que cualquiera apruebe. Desde el punto de vista de la enseñanza, cuando se trabaja con personas normales, la universidad autogestionada es una universidad abandonista: los estudiantes hacen como que estudian, los profesores como que enseñan y entre todos se hace como que se aprueba. El contexto es libertario, el espíritu es rehuir la autoridad y sentirse protagonista. El efecto es devastador: horas donde no se enseña, debates donde se repiten obviedades.
Vayamos a la investigación. Algo muy importante, que acabo de referir, juega un papel de primer orden. Y es el plagio. Cuando se le exige a la gente ser más creativos de lo que pueden sólo queda una solución: plagiar. Saber escribir es muy costoso, tener una idea exige investigaciones muy largas y sostenidas en el tiempo, de las que al final sacas poco. Como el modelo supone que cualquiera somos un Bill Gates en potencia y como la actitud de los sujetos es buscar valor añadido en cada cosa que hacen, se impone la cultura de depredación: robar ideas, textos, artículos, citas (ahora incluso existen programas informáticos para poner citas en los artículos sin leer, sin necesidad de ver la portada del libro...) y cuidando esconder las fuentes, para que solo tú te aproveches del sobresaliente, del prestigio, del aplauso, donde solo tu nombre figure. Pero es que gracias a eso pasarás montones de evaluaciones, donde se te exige un enorme rendimiento investigador, donde se te amenaza con cargarte de clases y de horas de trabajo. 
Conscientes de esa angustia, los que dominan los recursos económicos, los lugares de publicación (a veces grandes emporios de la publicación científica), tejen auténticas redes de servilismo y de imposición de normas solo para ricos: acepta las reglas de lo que debe decirse, cita a quien yo deseo, como yo deseo; publica en inglés, para lo cual consigue recursos para traducir y llévate bien conmigo cuando evalúe tus proyectos. Plagio y servilismo (combinado con depredación del próximo) configuran un efecto no querido, despiadado, de la universidad investigadora: como la investigación solo se hace con confianza y manteniendo la reciprocidad, este tipo de actitud rompe con los grupos, con la colaboración honesta. La tentación de tratar a los demás como idiotas a los que burlar, tiene un problema: los demás se dan cuenta y huyen, o reaccionan agresivamente o comienzan a planificar cómo devolvértela. Es el infierno cotidiano, calmado con antidepresivos y con terapias de autoestima, en que convivimos muchos en la sociedad neoliberal: también en la universidad. 
Puede verse al respecto el excelente artículo "Folle rationalisation de l’enseignement supérieur et de la recherche. Universitaires en danger" de Fanny Darbus y Fanny Jedlicki. Las autoras comparan la Universidad con France Telecom y muestran los paralelismos: sobrecarga de trabajo administrativo, de investigación, de producción y de atención a los estudiantes, continua competición entre grupos, universidades y colectivos y enorme trampa: autoimagen de los profesores como intelectuales, lo cual los vuelve extremadamente sensibles a las evaluaciones y a interiorizar el juicio ajeno -por unas exigencias que no se pueden cumplir-. La acumulación de objetivos incompatibles genera formas de dominación y de transferencia de actividades hacia enseñantes precarios o hacia profesorado subordinado y tres modos de enfrentarse a la presión: aislarse y replegarse (conmigo no contéis); lanzarse como loco en la carrera buscando ascender o abandonos. Los dos primeros caminos conllevan riesgos enormes de tipo psicosocial: uno por ser estigmatizado como vago y otro porque la feroz competencia deja infinitos más cadáveres que triunfadores. En los dos casos el agotamiento, la depresión, la alteración del sueño, el alcoholismo, la bajada de la libido, las separaciones, la destrucción de las relaciones personales y de amistad son moneda común. E insisto en la trampa: los universitarios preferimos escribir sobre Marx que estudiar nuestras condiciones de trabajo. Lo primer se encuentra más en consonancia con el delirio del yo que nos sirve de espejo.  

Debemos luchar contra el 3+2. Debemos luchar contra la política de becas. En ambos temas, sin ceder un milímetro. Debemos luchar contra la universidad del populismo capitalista, abandonista y plagiadora. Esta última lucha es muy compleja y nos prohíbe la demagogia y las soluciones fáciles. 
(El artículo citado se encuentra en el excelente número 29 de la revista Savoir-Agir, cuya lectura recomiendo encarecidamente).
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domingo, marzo 08, 2015

Constelaciones intempestivas. En torno a Jacobo Muñoz

Aparece el libro de homenaje a Jacobo Muñoz, en el cual puede encontrarse uno con mi trabajo "Jacobo Muñoz como marxista" parte de un proyecto más amplio sobre el marxismo español (en cuyo proyecto debe situarse también el texto acerca de Juan Carlos Rodríguez). Una presentación de la obra tendrá lugar en Sevilla el 19 de marzo.

miércoles, marzo 04, 2015

II edición del Seminario sobre Democracia y movimientos sociales en Europa y América

Entre el 15 de febrero y el 30 de marzo realizo una estancia de investigación en el Departamento de Sociología de la Universidad de Sevilla. Como el año pasado, organizamos el seminario sobre Democracia y movimientos sociales, este año con nuevo título que incluye la referencia a América. Nada mejor por tanto que un debate sobre el populismo y sus desafíos políticos, sociológicos y filosóficos. 

martes, marzo 03, 2015

Heidegger en la campiña jerezana. Sobre la investigación de Álvaro Castro


El trabajo (véase 1, 2, 3) de Álvaro Castro sobre José Pemartín propone una aportación fundamental. Fundamental por su interés historiográfico y fundamental por su interés filosófico. Respecto del primero, Castro nos ofrece un trabajo minucioso, construido en el cruce minucioso de las fuentes disponibles, donde se articulan convincentemente el mundo intelectual y el social, las biografías políticas con las visiones del mundo. Respecto del segundo, en el que centraré este comentario, Castro nos  ayuda a comprender dos problemas centrales de la producción filosófica.
El primer problema es qué interés tiene estudiar a Pemartín. ¿Se trata de un pensador que merezca tal nombre? Al respecto habrá múltiples respuestas, pero las que pueden derivarse de la lectura de Castro exigen distanciarse del humor de cada cual. Pemartín combinó estudios de letras y ciencias, asistió a las clases de Bergson, se empapó del ambiente antipositivista y, además, gracias a su formación como ingeniero, pudo leer y comprender los avances de la física en la primera parte del siglo. Tales competencias raramente se articulan juntas y esta articulación permitió al jerezano integrarse en la corriente de Lovaina, aquella que quiso reactualizar el tomismo en diálogo con los avances de las ciencias. Pemartín se atrevió, Castro lo explica, a discutir convincentemente la interpretación que Ortega realizó de Einstein. Eso indica que no estamos ante un personaje de escenografía provinciana. Pemartín fue el “centro de anudamiento” (Gramsci) donde se insertaron corrientes intelectuales europeas de las que depende el pensamiento español, tanto el conservador como el progresista. España, la España de la Contrarreforma, bebió de Europa, actualizó a Europa entre nosotros: la guerra civil europea lo fue también en el terreno de las ideas. La reconstrucción intelectual de Castro nos ayuda a comprenderlo y, en ese sentido, esta tesis doctoral es una contribución a la historia de la filosofía contemporánea.
Pemartín, por tanto, fue todo lo contrario de lo que, en La rebelión de las masas, Ortega llamó un “señorito satisfecho”. Adquirió un enorme capital cultural y lo puso al servicio de su historia familiar, de aquella de la que dependía, de los círculos de ultraderecha de Jerez, donde se avecindaron fraternalmente los Pemán, los Pemartín y los Primo de Rivera. La filosofía de Pemartín es un capítulo de la lucha contra la amenaza bolchevique, cierto, pero eso no lo convierte en un vulgar ideoólogo: la lucha la realizó con categorías intelectuales aquilatadas en lecturas enciclopédicas. Solo un prejuicio absurdo, muy enraizado en el filósofo profesional, puede desdeñarlas porque Pemartín no ha entrado en el panteón de los grandes. Como si ese panteón no se debiera, en parte, a procesos arbitrarios de consagración intelectual. O como si los grandes, aún admitiendo que merecen serlo, no debieran su gloria a la red que los consagra y en la cual sus teorías se difunden, se aplican y se adaptan. Existe un Nietzsche y un Heidegger para el anarquismo radical y otro para los enemigos del anarquismo radical: sus categorías intelectuales son completamente polifónicas; pueden servir para que se abracen en la filosofía en las ideas, quienes se asesinan en la realidad. Lo mismo cabe decir de Bergson, que sirve lo mismo para la Acción Francesa (y para Acción Española) que para Deleuze y Guattari.


Y, ahora, el segundo elemento clave que nos permite comprender esta tesis: la cuestión de la creatividad de Pemartín. Aún si solo fuera un actor secundario en esa historia contemporánea de la filosofía española, Pemartín tiene un absoluto interés: cómo los grandes enemigos conservadores de la burguesía y el proletariado recibieron una cosmovisión de indudable alcance filosófico en los cafés y los banquetes de la Baja Andalucía. Pemartín ocupa un papel de primero orden en la sintetización y la popularización de marcos filosóficos prestigiosos. Su lectura de Bergson y de Heidegger le ayudaron a construir un espacio filosófico donde los problemas de las ciencias se engarzaban con la rabia de clase de la aristocracia jerezana, la distinción entre lo cualitativo y lo cuantitativo, con la apología del caballero cristiano del XVI, y la apología del caballero cristiano con las razzias antiobreras de los Carranza y los Domecq (en uno de los Rolls familiares, Pemán las acompañó: puede que espolvoreando citas de su primo Pemartín entre los heroicos requetés…). Pemartín es un pensador que permite el diálogo entre mundos muy complejos, a veces con niveles muy altos de sofisticación. Castro habla de una ontología política en Pemartín y, efectivamente, las articulaciones filosóficas y el combate contra la chusma cuantitativa (socialista, liberal) no se hace de cualquier manera, sino con oficio de verdadero pensador. Esa cosmovisión se institucionalizaría con el aparato educativo franquista, con su privilegio de las Letras clásicas y de la Filosofía y su rechazo de toda la pedagogía libertaria. Como buen producto español del aparato universitario, Pemartín defendía la disciplinada y emulativa pedagogía jesuítica. Leyendo las argumentaciones de Pemartín, le parece a uno estar escuchándonos a nosotros, a los filósofos de hoy, cuando argumentamos desde posiciones ideológicas opuestas… aunque puede, y eso es lo inquietante, desde marcos intelectuales homólogos. No hay misterio alguno: somos resultado de su dispositivo institucional. En la historia veremos nuestro inconsciente, nos aleccionaba Durkheim. El inconsciente que leemos en la tesis de Álvaro Castro no confortará nuestro narcisismo. Pero el marco que nos ofrece es absolutamente plausible.

martes, febrero 24, 2015

Jorge Costa sobre "La norma de la filosofía"

 Jorge Costa Delgado
Jorge Costa Delgado firma este comentario a La norma de la filosofía donde se destaca lo hecho y las pistas de trabajo que han quedado abiertas. Todo ello en el interesante vol. 31 (nº 2, 2014) de Anales del Seminario de Historia de la Filosofía.