jueves, febrero 04, 2016

Sobre el capital erótico como capital cultural, un artículo en la Revista Internacional de Sociología


Coescrito con Carlos Bruquetas, acaba de aparecer el artículo "Sobre el capital erótico como capital cultural", publicado en el número 74 (2016) de la Revista Internacional de Sociología. El acceso se encuentra disponible en este enlace.
Con el libro La cara oscura del capital erótico. Capitalización del cuerpo y trastornos alimentarios, cuya aparición en la editorial Akal está prevista para Mayo de este año, culminaré -por el momento- mi intento de teorizar el capital erótico (en diálogo con Hakim, Bourdieu y Marx) y de captar sus efectos deletéreos a través de los trastornos alimentarios. El libro remodela radicalmente los artículos publicados y los completa con una gran parte de capítulos y partes inéditos, lo que añadirá nuevo material empírico y una muy superior elaboración teórica. 

miércoles, febrero 03, 2016

Maquiavelo y los cargos de libre designación



Una de las diferencias fundamentales entre una monarquía y una república es que la primera sólo tiene una instancia de asignación de retribuciones, mientras que la segunda permite a quien lo desee sobresalir en la esfera pública. La condición de una esfera pública limpia es un justo reparto de las retribuciones y de los castigos. Los segundos, resultado de malos comportamientos, nunca deben atemperarse por el recuerdo de buenos. Dado que los hombres ni son buenos del todo, ni tampoco demonios, lo más útil es penalizar duramente las peores tendencias. 
Es posible que alguien piense que sobre tales cuestiones mejor no hablar. El peligro es absoluto. No sólo por la posibilidad de que los malos se cuelen en la ambigüedad, sino también porque los buenos dejan de estar prevenidos contra las envidias. Efectivamente, cuando alguien sobresale en exceso ve crearse contra él una coalición de quienes temen dos cosas: que recoja para él toda la luz pública (y deje a los demás en la grisura y desenfocados) y, algo racional, que tanta virtud lo convierta en un tirano, en alguien imprescindible, en una persona que por su sola presencia acogote a los demás. Es mejor fomentar un sistema de gratitud e ingratitud pública donde sean muchos los reforzados, donde se permita que brillen los más y no se restrinja el acceso público a los premios. Por eso, se argumentaba, la rotación es importante: redistribuye al máximo las posibilidades de brillar –pero también de ser castigado-.
Lo que acabo de contar se encuentra en los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, en concreto en sus capítulos 24, 27, 28 y 30. El asunto de la rotación se encuentra en los argumentos a favor del sorteo (cuyo valor en este punto se reconoce por el partidario de la elección) presente en un dialogo de Francesco Guicciardini  “Del moto di eleggere gli uffici nel consiglio grande”, que yo leo según la traducción disponible aquí
Problemas fundamentales de filosofía de lo público: ¿cómo organizar la distribución del reconocimiento? La posición de Maquiavelo –y del defensor del sorteo en el dialogo de Guicciardini- era permitir que el número más grande posible de personas obtuvieran reconocimiento público, por dos razones: evitaba la concentración de recursos políticos en pocas personas y estimulaba las vocaciones públicas.
Puede discutirse si esta visión de la vida activa, volcada hacia lo público, no es demasiado optimista. Tal vez, como explicó con realismo Benjamin Constant, la libertad de los modernos exige democracias con costes de implicación muy pobres, que permitan a la gente realizarse allí donde lo desea: en sus industrias, goces y ganancias privadas. Quizás Constant advirtiese un cambio antropológico irreversible (sobre la cuestión traté, desde otro ángulo, en esta entrada).
Mas incluso si el marco antropológico de Maquiavelo y Guicciardini se perdió para siempre, podemos recuperar sus problemas para algunos debates actuales. Sin ir más lejos, el de los cargos de libre designación, considerados por muchos, con razón o sin ella, un ejemplo de la privatización de los espacios públicos y de uno de los lugares de construcción del clientelismo y de las aristocracias políticas.   
Un cargo de libre designación incluye un reconocimiento simbólico y, en ocasiones, un estipendio económico. Ambos deben ser tenidos en cuenta: el primero permite brillar y el segundo comer, necesidades fundamentales en un ser humano, lleve o no razón Constant. Para no dejar la cuestión al albur de monarcas o aristócratas de hecho (que funcionan mandando por encima de los reglamentos y leyes) sólo se me ocurre abordar la cuestión como lo hacían Maquiavelo y Guicciardini: de frente, de manera republicana. Y el debate debe abrirse sobre dos cuestiones. Primera: ¿en qué temas hacen falta cargos de libre designación? Segunda: ¿cómo deben seleccionarse? Entiendo que, en lo primero,  deben contarse con la inexistencia de funcionarios o trabajadores disponibles (o se incurriría en un desperdicio público del talento y la motivación). También que deben objetivarse al máximo las cualificaciones requeridas. Respecto de lo segundo, entiendo que la condición del proceso de selección no debe ser la cercanía al jefe del partido o retribuciones por los servicios prestados a la causa. Si se admite esto último, debería habilitarse algo así como un “causómetro” para que los camaradas oscuros, o que no conocen, o se asquean de, las técnicas del marketing activista, puedan hacer valer sus esfuerzos. Si se considera que no conocer las técnicas del marketing activista es un demérito, fruto de personas ancladas en valores semifeudales (por  quijotescos e inadvertidamente aristocráticos), deberían darse cursos gratuitos de emprendimiento militante, similares a los que propone Catherine Hakim para la gestión del capital erótico, pero aquí de valorización del activismo. (Quien sigue este blog y conoce mis trabajos sobre el cuerpo sabe el valor que otorgó a las propuestas de Hakim, frente a otra postura muy opresiva: quienes quieren que los recursos valgan pero haciendo como si no valieran.) 

domingo, enero 24, 2016

Coloquio "BOURDIEU / FOUCAULT : UN RENDEZ-VOUS MANCATO?"


El 1 y el 2 de marzo se celebrará en Napoles un coloquio sobre Bourdieu y Foucault, sus proximidades y sus desencuentros. Intervendré a propósito de qué tipo de historia de la filosofía cabe aprender de ambos; y aprender para aplicársela a ellos también. La presentación formará parte de un libro que escribo titulado Política asamblearia. Foucault, Castoriadis , Rancière y la actualidad de la democracia ateniense. He aquí el programa contenido en  el blog del congreso.




1 marzo 2016
Università Suor Orsola Benincasa 
(Biblioteca Pagliara)
C.so Vittorio Emanuele 292, Napoli
9h30 – Saluti del Rettore : Lucio D’Alessandro
Introduzione : Gianvito Brindisi & Orazio Irrera
Chair : Gianvito Brindisi (Università degli Studi di Napoli “Suor Orsola Benincasa”)
• Antonello PETRILLO (Università degli Studi di Napoli “Suor Orsola Benincasa”)
Al di qua e al di là di Spinoza: oggetto e posture dell’intelligere in Bourdieu e Foucault
• Orazio IRRERA (Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne)
Soggettività e critica tra Foucault e Bourdieu
• Pierpaolo CESARONI (Università degli Studi di Padova)
La produzione del discorso filosofico tra Bourdieu e Foucault
*
15h00 – Chair : Lucio D’Alessandro (Università degli Studi di Napoli “Suor Orsola Benincasa”)
• Jean-Louis FABIANI (EHESS / Central European University of Budapest)
Du discours à la pratique
• Gianvito BRINDISI (Università degli Studi di Napoli “Suor Orsola Benincasa”)
Sociologia e genealogia della classificazione: potere e verità
PAUSA
• Ciro TARANTINO (Università della Calabria)
L’irrequietezza delle possibilità. Appunti sulla meccanica delle forze in Bourdieu e Foucault
• José Luis MORENO PESTAÑA (Universidad de Cádiz)
Bourdieu, Foucault et la sociologie de la philosophie: à propos deLeçons sur la volonté de savoir
***
2 marzo 2016
Istituto Italiano per gli Studi Filosofici
Via Monte di Dio 14, Napoli
9h30 – Chair : Orazio Irrera (Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne)
• Philippe SABOT (Université Lille 3)
Corps et sexe. Un dialogue impossible entre Bourdieu et Foucault ?
• Daniele LORENZINI (Université Paris-Est Créteil)
Bourdieu, Foucault e il soldato impossibile
• Ilaria FORNACCIARI (Università di Basilea/Université Paris 8)
L’effetto Manet. Foucault e Bourdieu tra epistemologia della pratica pittorica e gesto critico.
*
15h00 – Chair : Marco Pitzalis (Università degli Studi di Cagliari)
• Christian LAVAL (Université Paris-Ouest Nanterre La Défense)
Foucault/Bourdieu: à chacun son néolibéralisme ?
• Clara MOGNO (Università degli Studi di Padova)
Peripezie dello Stato tra Foucault e Bourdieu
PAUSA
• Luca PALTRINIERI (Université Paris 8)
Struttura e funzionamento del capitale umano tra Bourdieu e Foucault
• Eleonora DE CONCILIIS (Istituto Italiano per gli Studi Filosofici)
Il potere del sapere: il sistema d’istruzione superiore nell’(auto)critica di due “eretici consacrati”
Conclusioni : Frédéric Gros (Centre Michel Foucault / Institut d’études politiques de Paris)

domingo, enero 17, 2016

Por una sordera militante. A propósito de un libro de Esteban Hernández


Un par de zapatos permanece, por modesto que sea, cuando los utilizamos; los bienes de consumo, por el contrario, se agotan en cuanto los consumimos. La imagen fue de Hannah Arendt e ilustra la diferencia entre el movimiento de la labor, gracias al cual la vida se renueva, y el impulso del trabajo, con el que podemos habitar el mundo y dejar testimonios de nuestra actividad creadora.
Entre ambos espacios existen puntos intermedios: quien fabrica tiene un cuerpo mas puede fabricar si hace algo más que servirlo; a la vez, el cuerpo requiere de múltiples objetos técnicos, por ejemplo de un calzado cómodo, para poder cumplir su ciclo de renovación. Pero los grises entre ambas realidades tienen un límite o, de lo contrario, la diferencia perdería su sentido. Un objeto que se consumiera al utilizarlo requeriría unos cuidados especialísimos y, en cualquier caso, saldría fuera de la esfera práctica, cotidiana, que reservamos a los objetos técnicos. ¿Y un cuerpo que fuera labrado como un objeto técnico, como lo único que testimonia nuestra actividad en el mundo? Para empezar, si seguimos la letra de Arendt, hay algo que chirría en ese cuerpo muestrario de cualidades: necesita alterar los ciclos de agotamiento y felicidad, ciclos habitualmente inconscientes, y de los cuales deriva una de las fuentes más poderosas de placer.
Esa realidad comienza a extenderse y puede valorarse ya bastante de sus consecuencias. Las La valoración que se hace en el libro de Esteban Hernández, Nosotros o el caos. Así es la derecha que viene (Madrid, Deusto, 2015) merece mucha atención. Pero antes de seguir, me gustaría indicar una reflexión para quienes, escribiendo en las humanidades y las ciencias sociales, se acerquen a este libro. Estamos ante un libro informado por lecturas y acompañado por entrevistas y escenas etnográficas, pero muy modesto en la exhibición científica. Estaría bien que pensásemos en cuánto se pierde en la argumentación con esta escritura; si es que se pierde, porque puede que se gane mucho. 
Vuelvo al contenido del libro y dejo la forma. Esteban Hernández ha tenido la feliz idea de convertir a la báscula en símbolo de las formas de dominación contemporánea. La báscula no da órdenes pero objetiva cómo se ha comportado un sujeto y qué efectos ha dejado en su carne. Es cierto que el peso es simplemente una de las muchas maneras de medir tales efectos, pero eso sería ignorar qué significan los fetiches: instrumentos arbitrarios de definición de cualidades, gracias a los cuales decidimos qué partes de la acción humana visibilizamos y cuáles ocultamos con el silencio. ¿Y sobre qué nos habla el peso? De una cierta fiabilidad en un individuo, un principio de encarnación moral que nos testimonia que, entre todos los traumas de la vida, el individuo sabe conservarse sin ceder a las demandas perentorias del cuerpo, sin claudicar ante satisfacciones inmediatas, rompiendo ese ciclo de agotamiento y placer sin el cual la felicidad es inaccesible. Es un individuo muy duro consigo mismo. Seguro que sabrá serlo con los demás.
Esteban Hernández nos propone un libro en dos partes, una consagrada a la empresa y la otra a la política. Me centraré en la primera y reservaré otro comentario a la segunda. El trabajo y la labor contrastan de un modo distinto a cómo lo hace el mundo de la acción (al cual pertenece la política) y el de la escenificación corporal. En la empresa, en el mundo que antaño fabricaba cosas, el saber objetivable técnicamente (con sus certificados educativos y sus garantías de cuerpos profesionales) juega un papel cada vez menor. Lo que una empresa necesita son formas de ser, capaces de ilusionar equipos, de conectarse con nuevas redes de negocios, de dejar su marca en los ranking de evaluación. El profesional podía proteger sus placeres íntimos y sus ciclos biológicos detrás de un saber, más o menos acreditado por un título. En el mundo donde las cualidades se encarnan, donde las competencias deben atestiguarse en cada escena, el juicio es mucho más permanente y radical. Como bien señala Esteban Hernández, y atestigua la sociología del trabajo de servicios, las empresas, más que saberes, compran formas de ser, pero sólo aquellas capaces de dejar rastros: en los cuerpos, en los test con el que se mide a un entorno humano.
Pero el trabajo, y los objetos que producía, nos ayudaban a testimoniar con relativa solidez nuestro esfuerzo. Cabe preguntarse, acompañando las reflexiones de Hernández, qué sucedería si no escucháramos todo este discurso del cambio permanente, de la resiliencia, de la entrega y de la empatía, del odio al moralismo y al intelectual. ¿Se modificaría mucho la calidad de aquello que se hace? Cabe responder que buena parte de lo que se hace son relaciones y que sí: hacerse el sordo causaría penosos disturbios alrededor del individuo y, como poco, a medio plazo una soledad difícil de llevar. Nadie me negará, sin embargo, que la cuestión es filosófica y depende del tipo de mundo en el cual uno desea vivir y al cual desea contribuir. Más allá de las relaciones, ¿qué pasaría si no hiciéramos caso de esta suerte de retórica de producción de hábitos? Dejaríamos de cotizar en las mediciones y seguramente deberíamos renunciar a muchos mercados, ¿pero producirían las empresas algo peor? Sin duda, producirían menos individuos dedicados a perorar sobre cómo producir y muchos profesionales de éxito perderían sus nichos de empleo (entre los que se incluirían por ejemplo una parte importante de las ciencias humanas). Pero ¿y aquello que se hace? Porque además de adaptarse, ser resilientes y saber dejar rastros en los rankings, en los trabajos se hacen cosas. Los sujetos deben ser capaces de fabricar zapatos, de corregir comentarios de textos o de realizar diagnósticos, de servir con corrección una barra de bar o de aconsejar qué vestido ponerse en el trabajo o en una boda.
Los individuos dejarían de encarnar su actividad, de venderla con cada escena de su dramaturgia personal y deberían centrarse en la permanencia de sus productos. Aristóteles sabía que el buen juez de un zapato debe ser quien se lo calza, aunque nunca se le ocurrió que un usuario podría marcar las formas de su producción. Entre otras cosas, porque un zapatero que intentase impresionar a la clientela mientras fabrica puede que se olvidarse de la comodidad de las suelas.
Mi conclusión después de leer a Esteban Hernández es que, si nos volviéramos militantemente sordos a todo los discursos que su libro analiza, no pasaría casi nada. Tendríamos otras preocupaciones, otros cuerpos y otras formas de pensar la excelencia, es decir, viviríamos una vida diferente pero sin que los zapatos, los comentarios de texto o las tostadas con mantequilla fueran peores. Muchas personas perderían los enormes beneficios que obtienen de su atención constante a las mediciones, de vivir atestiguando una dieta permanente, pero nada más. Otro resultado posible es que hablaríamos menos de la personalidad y mucho más de qué sabe hacer cada uno (¿un comentario de texto sin faltas de ortografía, una tostada sin que se queme?). En ese momento, la vida del cuerpo se separaría de nuevo de las exigencias del trabajo; la primera se concentraría de nuevo en los ritmos del metabolismo  y la segunda en los objetos capaces de fabricarse.
Termino: Arendt consideraba que la vida del cuerpo podía degradarse por la pobreza y la riqueza, por la miseria o el aburrimiento: en ambos casos, en el primero por exceso y en el segundo por falta de esfuerzo, se perdían los ciclos de felicidad del metabolismo. Esteban Hernández nos descubre otra dinámica de degradación posible: un exceso de significación alrededor de cuanto testimonian los cuerpos y sus escenificaciones, que nos lleva a olvidar la permanencia y la estabilidad de aquello que producen. Si nos volviéramos sordos ante quienes peroran sobre las mediciones y las aptitudes, ¿podría suceder que atendiésemos más a qué hacemos y, paradójicamente, el trabajo ganase en calidad? 


martes, diciembre 22, 2015

El poder psiquiátrico y la sociología de la enfermedad mental: un balance


El número 5 de la revista Sociología histórica se dedica a "Biopolítica y ciencias sociales" y comprende un variado número de artículos, entre los cuales uno mío dedicado a discutir la filosofía foucaultiana de la enfermedad mental y establecer qué nos sirve aún, qué no y qué permite reactualizarse. El texto recoge mis intervenciones en la Sorbona y en el III Congreso Internacional Michel Foucault  celebrado en Madrid. Por lo demás, sirve de intento de clarificación acerca de las perspectivas críticas sobre la enfermedad mental partir de las cuales se conduce mi trabajo sobre los trastornos alimentarios, ahora dentro de procesos de capitalización del cuerpo en el mercado de trabajo. 
El número ha sido coordinado por el filósofo y antropólogo Salvador Cayuela, profesor de Historia de la Medicina en la Universidad de Castilla-La Mancha. 

viernes, diciembre 11, 2015

"Le côté obscur du capital érotique" dans les Journées "Corps, travail, genre"

La semaine prochaine je serais à Paris où j’introduirai les Journées d’étude “Corps, travail & Genre” avec une conférence sur Le côté obscur du capital érotique. Capitalisation du corps et troubles alimentaires. Le thème de la conférence est le même que celui de mon prochain ouvrage à paraître chez Akal, 2016. Voici le programme détaillé des journées.
Qu’il soit biologique ou social, physique ou politique, réel ou fantasmé, le mot de « corps » est polysémique. Il renvoie à de nombreux domaines de recherches comme la science, l’histoire, la sociologie ou encore la philosophie.
Corps sublimés, corps blessés, corps niés ou corps remaniés, nous ne pouvons réfuter l’importance des pratiques corporelles dans l’analyse du travail. Le corps utilisé comme « outil » n’échappe pas à une construction symbolique ou culturelle conduisant et dirigeant l’action. Les discours biologisants ont relayé une certaine idée des corps masculins et féminin qui n’est pas sans lien avec la construction des rapports sociaux de sexe, allant à l’encontre d’une illusion de libération des contraintes à l’oeuvre. Aujourd’hui encore, on questionne la libération du corps des femmes à travers le voile ou l’IVG alors que le corps des hommes n’en est pas moins soumis à un idéal de masculinité virile.
Mais au-delà de leur matérialité, les corps féminins et masculins ont une histoire : ils sont liés à des enjeux politiques, économiques et sociaux qui nous obligent à penser la dimension du genre dans l’analyse du corps au travail et du travail du corps. Celui-ci n’échappe pas à des formes d’intériorisation des normes sociales liées, entre autres, au genre.

Quel est le traitement réservé au corps par le travail ? Comment celui-ci s’adapte-t-il aux contraintes sociales ou aux contraintes de genre qui lui sont associées ?
Lors de cette journée d’étude, les intervenants sont invités à enrichir le débat en croisant à la fois la question des corps, du genre et du travail.

Si beaucoup de travaux ont pu se pencher sur le corps féminin au travail (la manière dont il est façonné, utilisé, abîmé), il est également intéressant de s’interroger sur le corps masculin au prisme des injonctions à la virilité : conduite de dépense, importance de la force, etc. seront autant de pistes de réflexions développées. Les interventions seront étendues aux croisements classe, race et genre.

domingo, noviembre 29, 2015

El pesimismo cristiano, el sorteo y la libertad de los antiguos: una nota filosófica


La vida, es obvio, no era sencilla para un estoico: la actitud filosófica exige prepararse para un entorno repleto de individuos amenazantes. Es verdad que el estoico considera que Dios tiene un plan de conjunto en el que entra la naturaleza entera -incluidos todos los individuos y por supuesto él-. Carece, por desgracia, de comprensión completa de ese plan y debe por tanto resignarse a actuar según lo que tiene a mano, su propia naturaleza, capaz de contribuir con sus acciones, cualquiera sabe cómo, al plan de conjunto.
Esa naturaleza es buena, de hecho podemos llegar a vivir pendientes únicamente de las satisfacciones que nos proporciona; incluso cuando nos cupiera en desgracia existir rodeados de demonios -algo que procede del plan divino y que queda fuera de nuestro alcance individual.
Todo lo cual va a cambiar con el cristianismo. El estoico persigue la calma y encuentra el refuerzo de su compromiso con el mundo trabajando cuanto queda a su disposición, que puede ser poco, pero es… La injusticia puede ser una obstáculo para probarnos que somos más justos, para que por medio de nuestras acciones introduzcamos bondad y belleza en el mundo. Con la concepción cristiana del mundo, la naturaleza humana se encuentra mancillada por el pecado original.
Es verdad que la idea del destino divino no es cristiana. Pero en Grecia actuaba dentro de otra lógica de conjunto. La mancha de Edipo fue su tiranía, fruto de que era un personaje extraordinario, tanto para lo bueno como para lo malo. Como buen tirano sucumbió a la paranoia agresiva y tenía a cada igual como un competidor. Un cristiano, sin embargo, no puede encontrar de nuevo su camino por medio de una acción terrible pero responsable -vaciarse los ojos, volver al camino en el que, a las afueras de Colono, será recibido por Teseo-. El cambio solo puede venir de la gracia divina. Así lo estableció Agustín de Hipona en el siglo IV. La cultura grecorromana confiaba aún en que la vida interior puede remodelarse; para la Grecia democrática y para el republicanismo romano también la exterior. Para un cristiano resulta imposible: la corrección violenta es lo único capaz de meter en vereda a un hombre que sin asistencia divina es fuente inagotable de podredumbre. Será esta noción la que heredará el pensamiento moderno, la de un hombre al que sólo el miedo puede convertir en alguien tratable.[1]

La participación política no puede ser solución para nada. Si el problema de Edipo -según la lectura de Jean-Pierre Vernant y que sigue Foucault[2]- fue ser un tirano, era porque había otra forma de gobernar que podía salvar a Tebas: en esa forma de gobernar dos humildes esclavos, sin más ayuda que su testimonio y su visión, podían hablar sin miedo y coincidir con la versión de los dioses.  El mensaje de Sófocles estaba claro: entre Corinto y Tebas la verdad llegó y no venía de los reyes, sino de dos testigos. Para la visión cristiana del mundo, no puede tratarse de ampliar lo que debe ver y lo que debe decirse. Si del mundo procede algo bueno sólo es por una razón: porque Dios se imponga violentamente sobre nosotros o, milagro, porque decida iluminarnos con su Gracia.

Cuando se recupere la concepción clásica de la libertad, en las ciudades italianas del fin de la Edad Media, la participación política se convertirá de nuevo en una posibilidad que saque lo mejor del ser humano.[3] En ese contexto, los ideales cristianos son aceptados pero alterados internamente por una concepción grecorromana. Agustín de Hipona consideraba que buscar el elogio y el reconocimiento era algo “pestilente”. ¿Cómo defender desde tal perspectiva que el compromiso público, que el acceso a los cargos políticos es algo que puede sacar lo mejor de nosotros? La participación política no puede defenderse si no se considera virtuoso perseguir el elogio público.
Evidentemente, la corrupción existe y la política puede ser un dominio para los salteadores y los malvados. La clave es que una de las grandes tareas de los humanos se encuentra en impedir que lo consigan. En ese contexto se entiende la admiración por la República de Venecia (que perduró entre el siglo IX y el siglo XVIII), encarnación según muchos de un régimen mixto aristotélico en el que se combinan elección (componente aristocrático) y sorteo (componente democrático), lo cual contribuyó a su estabilidad y a proteger la libertad. No sólo por Venecia. Por ejemplo, durante la rebelión de las Comunidades de Castilla del siglo XVI, el ejemplo fueron las ciudades italianas. La visión del mundo era cristiana pero completamente retrabajada por una concepción clásica griega. La Comunidad de Jaén escribía en 1520 que la voz del pueblo era la de Dios.[4] Si la interpretación de Vernant y Foucault sobre Edipo Rey es aproximadamente correcta, Sófocles estaba diciendo algo parecido a través de los esclavos de Corinto y Tebas
Inspirándose en la historia de la República de Roma, Maquiavelo convirtió el conflicto político en garantía de la libertad. Gracias a tales conflictos podía depurarse los intereses puramente faccionales y fue por ellos por los que pudieron hacerse leyes beneficiosas para el pueblo en su conjunto. Maquiavelo acusó al cristianismo de favorecer el mal al despreciar el compromiso público; como otros contemporáneos suyos Maquiavelo admiraba en la religión antigua la capacidad contraria de impulsarnos a la vida común, institucional. De ese modo, los cristianos, con su resignación y apatía, permitían paradójicamente el imperio del Demonio.



Me parece que sin este marco cultural no podemos entender alguna de las resistencias que despierta hoy la participación democrática en general y el sorteo en particular. La primera resistencia se intuye tras el desprecio a que cualquiera pueda ejercer actividades políticas: los zapateros a sus zapatos, qué pueden saber ellos sobre los asuntos políticos. Y, ¿quién sabe de ellos? La gente preparada, tocada por ese nuevo avatar de la Gracia divina que es el conocimiento (conocimiento de qué, es otro cantar). Cabe ver la idea típicamente agustiniana de una naturaleza inferior e incorregible no tanto en la constatación de que existen diferencias, sino en la idea de que esas diferencias no pueden y deben ser corregidas facilitando el acceso a las responsabilidades públicas. El mundo en el que se desenvolvía Maquiavelo era distinto. Resultaba normal que al final del siglo XV se disputase en la República de Florencia sobre qué cargos políticos debían quedar más abiertos al azar y cuáles restringidos a la elección. Entre partidarios y detractores del sorteo, se compartía la idea republicana de que la naturaleza humana es perfectible y la vida política contiene los elementos adecuados para dicha perfección. Únicamente se discutía -véase el dialogo de Francesco Guicciardini[5] dedicado a la cuestión de cómo seleccionar los cargos públicos- sobre si la competición por el voto infundía más virtud cívica que la selección aleatoria o viceversa.
Ortega sostenía que los pueblos conservadores eran muy tendentes al burlarse de las innovaciones, sobre todo si estas venían del pasado. Algo central del temperamento reaccionario español lo impulsa a una adoración vacía del pasado, del que no pretende sacar lección alguna para la vida presente. El reaccionario “arranca [el pasado] de la esfera de la vitalidad, y, bien muerto, lo sienta en un trono para que rija nuestras almas”.[6] Esa mirada melancólica hacia el ayer resulta, me parece, de la visión agustiniana de lo humano. La contraria, la que floreció en las ciudades italianas y españolas a finales del Medievo y comienzos del Renacimiento, exige vivificar nuestra existencia con lo mejor del pasado. La idea de que hay que favorecer el acceso a la participación política como fuente de desarrollo personal y colectivo se asume en los discursos oficiales de nuestras democracias modernas; oficiosamente todo el mundo se burla de la promoción de quienes no están seleccionados por los mecanismos de la oligarquía partitocrática. Cada defensor de la vanguardia (hoy no se puede… mañana tal vez… y ese mañana es nunca) cree que habla por boca de Lenin pero repite como un sonámbulo las creencias de San Agustín… si es que tras el Lenin vanguardista y dictatorial no dormita también el santo de Hipona.



[1]Sobre lo dicho véase el trabajo de Antoni Domènech, De la ética a la política. De la razón erótica a la razón inerte, Barcelona, Crítica, 1989, capítulos III y IV.
[2]  Véase Miriam Leonard, Athens in Paris. Ancient Greece and the Political in Post-War French Thought, Oxford University Press, 2005. De haber conocido este apasionante libro -cuyo conocimiento agradezco a Arnault Skornicki- alguna cosas habrían cambiado (empezando tal vez por el título…) en mi texto “Pericles en París”. Daré cuenta de todo ello en un libro en preparación. 
[3] Sobre lo que sigue véase Quentin Skinner, Los fundamentos del pensamiento político moderno. El Renacimiento, Madrid, FCE
[4] Joseph Pérez, La revolución de las Comunidades de Castilla (1520-1521), Madrid, Siglo XXI, 1977, pp. 516-518.
[5] Al respecto Olivier Dowlen, The political potential of sortition. A study of the random selection of citizens for public office, Exeter, Imprint Academy, 2008 e Yvès Sintomer, “De Leonardo Bruni à Francesco Guicciardini. Actualité del’humanisme civique ?”, Raisons politiques, nº 36, 2009. 
[6] José Ortega y Gasset, Meditaciones del QuijoteObras completas, Tomo I, Madrid, Taurus-Fundación Ortega, 2004, p. 759.