domingo, septiembre 14, 2014

De una alienación a otra. Elogio de la estabilidad en política


Randall Collins en Sociología de las filosofías diagnóstico dos procesos de esterilización intelectual: el exceso de centralización en la China posterior a la época de los reinos combatientes; la ausencia de un centro de anudamiento intelectual en la India contemporánea, fraccionada en pequeñas sectas autosuficientes. Grecia combinó la libertad india con la centralización china: ese fue su milagro.
Esta tesis, discutible, pero potente servirá para interrogar dos procesos de alienación política: el del exceso de centralización y el de la dispersión.
En su análisis de la degeneración burocrática, Castoriadis la atribuía a la impregnación de la cultura capitalista en las organizaciones obreras. Primero, el marxismo se convertía en una teoría más o menos definitiva, posteriormente, los afiliados de los partidos atribuían omnisciencia política a los dirigentes, para terminar, toda la fraseología democrática no ocultaba que el trabajo de los militantes era aplicar las consignas que venían de arriba y extenderlas en los espacios de evangelización. La supuesta discusión colectiva era un fraude: la división técnica y social del trabajo dentro de los partidos causaban niveles desiguales de información, posibilidades distintas de ser escuchado, capacidades de influir terriblemente descompensadas. La cosa no afectaba únicamente a los partidos bolcheviques, también a los socialdemócratas y a las organizaciones sindicales.
Sobre todo lo cual puede leerse en los dos tomos publicados bajo el título La question du mouvement ouvrier (éditions du Sandre, 2012, edición de Enrique Escobar, Myrto Gondicas y Pascal Vernay). Los dos artículos donde se trata la cuestión más claramente son de 1959 y se titulan "Prolétariat et organisation". Todavía quedaba mucho para las grandes lecturas de la democracia ateniense, pero el lector puede trazar un camino virtual entre la crítica del marxismo y sus organizaciones y la reivindicación radical de la democracia.
La crítica de la alienación política se asemeja mucho a la que propondrá más tarde Bourdieu, si bien éste la valora más matizadamente. Ciertos grupos sociales, para existir, la necesitan, requieren mediadores en los que depositar su presencia pública. Con lo cual adquieren eficacia a costa de enajenar su capacidad y de someterse a nuevos vínculos de dominación.
Cabe preguntarse qué puede enseñarnos hoy esta crítica. No conozco que se haya teorizado –pero seguramente se habrá hecho- las nuevas formas de participación política. Ese rasgo es el de la proliferación de pequeñas empresas contestatarias, a menudo conformadas por escasos individuos, cuando no por uno solo.
En la sociología de las desviación se hablaba de empresarios de moral para designar a los promotores de estigmas: combatientes contra la gordura, contra el tabaquismo, contra la droga. Todos ellos proponen reglas para separar lo admisible de lo inadmisible, se ofrecen como recaderos del bien, heraldos de la agenda pública, terapeutas de la decadencia. En el entorno de la contestación surge un nuevo tipo de militante: dotado de capital cultural, provisto de relaciones, adherido a alguna causa política cultivada en régimen de monopolio (o en concurrencia por el mismo con otros), que ofrece su imagen y su prestigio a diversas plataformas –que compiten con otras por ocupar un mercado.
Hannah Arendt consideraba que, sin la promesa de permanecer juntos, la democracia era imposible. ¿Para qué esforzarse por discutir con alguien que mañana que cambiará su posición y su terreno en función de cálculos imprevisibles? La democracia exige constancia en los interlocutores. Las deliberaciones una lógica en los encadenamientos argumentativos. Si la gente y los discursos flotan, parece idiota establecer un debate. Hay que negociar posibilidades sin exigirse ni exigir demasiado. El espacio político común es un mercado de valores poblado de empresarios en pugna por su empresa moral respectiva.
Castoriadis analizaba un entorno colonizado por jerarquías fijas y describía perfectamente los efectos de desposesión. Pero ese entorno ya no es el nuestro que consiste en el desplazamiento permanente de la discusión y de la actividad política con el objetivo de ocupar la mejor posición posible: un discurso anticentralista y anarquizante le sirven de cobertura. Aquel mundo provocaba la dominación de una elite tecnocrática sobre personas culturalmente desposeídas. El de hoy, sobre todo, contiene yoes en conflicto por captar la atención de los grandes inversores políticos o por promoverse como tales a partir de su empresa. Castoriadis describía el modelo fordista de estructuración partidaria; hoy vivimos en la pequeña empresa política y toyotista conectándose y desconectándose perpetuamente en función de la fluctuación de los mercados políticos.
Entonces y ahora solo existe una democracia posible: la que incorpora la confianza y la permanencia, la promesa de continuar el debate, la de reconocerse parte de un espacio político común sin el cual no puede surgir una parte de nosotros mismos.  
La democracia exige, dentro de unos límites, atarse a uno mismo, imponerse normas que lo harán relativamente previsible para aquellos a los que reconoce como interlocutores, como acompañantes, como compañeros y compañeras. La democracia exige lo que los antiguos llamaban ser persona, un carácter que se modifica con el tiempo pero comprensible desde ciertos principios. O, lo que cuando yo era pequeño, se llamaba tener personalidad. Que es lo contrario de buscar perpetuamente el beneficio personal; todo lo contrario. El centro totalitario puede ser terrible; el mercado capitalista salvaje no lo es menos. Uno y otro matan la virtud política.




sábado, septiembre 13, 2014

Hexis pasa de 200.000 visitas


Mi blog pasa de 200.000 visitas. Empezó en 2006, poco después de llegar a la Universidad de Cádiz, aunque hasta 2008 no fue en serio. Ha tenido diversas fases. La primera, mucho más académica, recoge sobre todo los comienzos de nuestra sociología de la filosofía (la de la “Escuela de Cádiz”, mi gran alegría intelectual) y, algo menos, la sociología del cuerpo y la enfermedad mental. Esto último aparecerá más en los próximos años, porque sobre el cuerpo como capital escribo y escribiré. Fue languideciendo la epistemología de las ciencias sociales, mi pasión juvenil, la que me consumía cuando enseñaba epistemología del Trabajo Social. No comprendo la razón.

El blog cambia con el 15M y se vuelve mucho más político, aunque siempre intentando mantener tensión filosófica y sociológica, procurando no perseguir el aplauso fácil ni adaptarse servilmente a las demandas del entorno. Padecemos un exceso de propaganda y la mentira vuelve malas a las buenas causas. Otra parte del blog contiene autobombo, contribución a las empresas de engrandecimiento del yo. Ojalá lo haga con decoro. Para acabar quedan toques personales, de mis hijos, de mis amigos, de la gente que amo. Espero que cuando me lean sientan cómo los quiero.

He soportado pocos trolls, aunque desagradables y violentos: a casi todos ellos he acabado por conocerlos y me cuesta comprender qué, en lo que escribo o en mí, les provoca tanta ofuscación. Sobre todo me han visitado personas muy bienintencionadas e inteligentes. Muchas gracias.

Quise y quiero que sea un blog de filosofía y sociología. Bachelard hablaba de los trabajadores de la prueba: ese es mi ideal. Vengo de la filosofía: me fastidian quienes disfrazan banalidades en la retórica. Viví mi juventud en Granada y las grescas literarias me dejan frío: tanta rabia merece canalizarse en empresas de mayor fuste. Fui militante desde muy chaval, desde que estaba en Linares: me repugnan los cortesanos políticos, los que subordinan la verdad al medro. 

¿Qué distingue a un trabajador de la prueba? Argumenta, expone sus fuentes, se expone: sabe que se equivoca, que cuanto dice es provisional; a veces acierta. Esa verdad suele ser un trabajo colectivo, al que se llega en diálogo con la gente que trabaja sus argumentos: la que no escribe para fardar, la que reconoce las ideas ajenas.

Espero que este blog haya servido y sirva para publicitar a los que admiro y lo que admiro. Espero que no quite tiempo a la gente que quiero. Espero defender causas que lo merezcan y hacerlo sin sectarismo. Todo esto resulta muy pequeñoburgués, lo sé. Pero no soy un maldito, existe demasiado mal en el mundo y en cada uno de nosotros, al menos en mí: aspiro a ser machadiano y, en el buen sentido de la palabra, bueno.

jueves, septiembre 11, 2014

Asamblea, democracia, sorteo

Se encuentran disponibles los videos de la charla del 19 de agosto 2014 acerca de las asambleas en el Local de la Ribera (Zaidín, Granada): 1, 2, 3, 4, 5

miércoles, septiembre 10, 2014

SOLIDARIDAD CON JOSÉ SARRIÓN ANDALUZ

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http://www.frentecivicosomosmayoria.es/wp-content/uploads/2014/06/jose.jpg 
(Reproduzco un manifiesto recibido)
El pasado mes de julio, el Profesor Dr. José Sarrión Andaluz ha sido despedido de la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA) bajo mandato del Obispo de Salamanca en su calidad de Gran Canciller de dicha Universidad, como represalia a su participación en organizaciones políticas de izquierdas y movimientos sociales. Este despido es la culminación de un proceso de persecución ideológica desarrollado en el seno de la UPSA, iniciada tras la Huelga General del 29 de Marzo de 2012 en la que el citado Profesor informó al resto de la plantilla de que la Universidad estaba realizando requerimientos ilegales a los empleados que desearan secundar la Huelga. Desde entonces se ha sucedido una cadena de actos de persecución, que han incluido el apartarle de asignaturas que venía impartiendo desde hace años y verter acusaciones sin fundamento desde el Rectorado, todas las cuales tuvieron que ser retiradas de inmediato dada su falta de veracidad.

Finalmente el Obispo de Salamanca ha ordenado el despido, un mes después de que José Sarrión defendiera su Tesis Doctoral “La noción de ciencia en Manuel Sacristán” con Sobresaliente Cum Laude por unanimidad. A pesar de que defender la Tesis antes de julio de 2014 era el requisito que se exigía a todos los profesores para seguir ejerciendo docencia, el momento elegido para el despido ha sido precisamente semanas después de obtener el título de Doctor.

El Obispo de Salamanca, D. Carlos López Hernández, ha reconocido que ha ordenado este despido estrictamente por las convicciones políticas del profesor, quien desde noviembre de 2013 fue elegido miembro del Comité Federal del Partido Comunista de España (PCE). No ha encontrado ninguna causa objetiva en relación con su ejercicio docente o investigador; es más, el Profesor despedido se encuentra, según las valoraciones anónimas realizadas por los alumnos en las evaluaciones del profesorado oficiales de la UPSA, muy por encima de la media de valoración de la Facultad y de la Universidad. La decisión del Obispo se ha basado, según sus propias declaraciones, exclusivamente en su desagrado personal hacia el pensamiento de izquierdas, y en que considera incompatible ocupar cargos de responsabilidad en un partido de izquierdas y el ejercicio de la docencia en dicha Universidad (en cambio, no ve incompatibilidad en lo que respecta a otros partidos como el PP), llegando a reconocer literalmente que se trata de un acto de “legítima discriminación ideológica” (sic). 

Los abajo firmantes nos oponemos al despido del Profesor Dr. José Sarrión Andaluz por parte de la Universidad Pontificia de Salamanca por considerarlo un acto de persecución ideológica y defendemos las libertades democráticas en el seno de la Universidad. Las personas que deseen transmitir su adhesión pueden hacerlo al correo noalapersecucionideologica@gmail.com

martes, septiembre 09, 2014

La norma de la filosofía en la RIS


Una reseña de La norma de la filosofía en el volumen 72 (nº 3) de la Revista Internacional de Sociología. La autora es la profesora de la Universidad de Granada Encarna Alonso Valero

jueves, agosto 21, 2014

Defensa de la democracia por sorteo contra la común opinión


 
(Intervención en el Local de la Ribera de Granada (19 de agosto de 2014), en la charla-coloquio sobre “Algunos problemas históricos de la democracia”.)

Dos concepciones de la democracia

Me piden desarrollar una idea y, con ella, introducir un problema histórico de la democracia: la relación entre sorteo y elección. Antes de entrar en la cuestión una brevísima consideración histórica. En los materiales que enlacé para la discusión se dejaba claro que, hasta el siglo XVIII, la democracia se identificaba con el sorteo, la rotación y la rendición de cuentas. La ideología que subyacía a tal concepción la expresó maravillosamente Aristóteles en la Política: la democracia consiste en aprender a ser gobernado, gobernando. Por tanto, democracia significa participación, distribución de capacidades políticas (las capacidades se distribuyen, por sorteo y rotación, asignando responsabilidades al mayor número posible de ciudadanos) y rendición de cuentas sobre qué se hizo cuando se ejerció el poder. Si esta ideología depende de una particular definición de democracia, también exige una definición de ciudadano. Ciudadano es ejercer magistraturas, señalaba Aristóteles, o, lo que es lo mismo, participar en el gobierno de la ciudad.
Frente a esa ideología, desde el XVIII se impuso otra: la participación política consiste en elegir voluntariamente un representante, que es el capacitado para gobernar: eligiéndolo el ciudadano consiente someterse a él. Rousseau, que aún recordaba la democracia antigua, consideraba que, con las elecciones, éramos demócratas un día y súbditos de una dictadura el resto de la legislatura. Así, los ciudadanos que deseen ejercer el gobierno deben entrar en una profesión particular: la profesión de los que se ofrecen como políticos para satisfacer la demanda de gobernantes de los consumidores/ciudadanos.
Para el análisis político, asumiré una tesis del pensamiento de Aristóteles. Esta idea me parece mucho más rica y profunda que las tipologías características del pensamiento político contemporáneo. En nuestro tiempo tiende a decidirse si un régimen es democrático o no, si lo es o no un movimiento social, con lo cual se tiende a pensar en términos absolutos: este movimiento o este partido o este régimen es democrático o caudillista o populista.
Semejante manera de ver las cosas me parece pobre y tendenciosa. Efectivamente, existen rasgos del régimen constitucional español o norteamericano que permiten describirlo con una democracia y otros como una concertación para la circulación oligárquica de las elites. Existen rasgos de las asambleas de movimientos sociales que permiten describirlos como democráticos o, por el contrario, cuasimonárquicos –por la dependencia de una figura providencial. Aristóteles diría –o, mejor, podríamos decir con Aristóteles-: ¡todos llevan razón! Todo régimen, todo movimiento político, es un híbrido entre elementos monárquicos (en los que unos ámbitos dependen de una persona), aristocráticos (cuando depende de ciertos individuos juzgados mejores que los demás) o democráticos (cuando se reconocen y se promocionan las competencias de todos los ciudadanos.) Aristóteles piensa que esos componentes, si funcionan mal, pueden degenerarse: el personaje ilustre transformarse en un tirano (piénsese en las derivas funestas de muchos líderes, sean de un Estado o de un movimiento social), la aristocracia convertirse en oligarquía (eso sucede hoy, según mi saber y entender con los partidos políticos, que no promocionan a los mejores, sino a los especialistas en intrigas y en sumisión) o la democracia en demagogia (cuando la asamblea funciona de modo tornadizo, sin más argumento que sus estados de ánimo).

1. El impulso de las ideas inteligentes

Tras los preámbulos, voy a la idea a desarrollar y que procede de una consideración de Bentham acerca de las asambleas. Una asamblea funciona bien si consigue articular tres principios 1) La promoción de las ideas más inteligentes 2) El impulso de los comportamientos más honestos 3) Una adecuada distribución de la motivación o, lo que es lo mismo, motivar a las mejores ideas y los comportamientos correctos, desmotivar las ideas más antojadizas y los comportamientos más oportunistas. Intentaré poner ejemplos cotidianos.
Comencemos por las ideas más inteligentes. Este argumento suelen esgrimirlos los enemigos de la participación política y el más inteligente de todos, el más grande, fue sin lugar a dudas, Platón. Los demás escriben notas a pie de página sobre sus ideas. Platón reprochaba a la democracia ateniense: dejáis decidir a los que no están especializados, a los que no saben. Como Platón era un gigante, en ocasiones recogía las razones de sus interlocutores, en este caso de Protágoras, filósofo de la democracia. Este respondía: acerca de las prioridades políticas de la ciudad solo existe un especialista, el ciudadano. Ahora bien, una vez decididas estas, si incluyen problemas de gran complejidad, los ejecutan técnicos. Estos, por supuesto, deben rendir cuentas por lo que hacen. ¿Ante quien? Ante la asamblea ciudadana y cuando no es posible que ésta se reúna –porque la discusión requiere mucho tiempo- ante una cámara sorteada de ciudadanos.
Vayamos al presente. Imaginemos que necesitamos un grupo de ciudadanos peritos en una especialidad, por ejemplo, el marketing político, la captación de las tendencias electorales, o cualquier otra tarea que no se encuentra al alcance de cualquiera. Aclaro que, personalmente, pienso que se exagera mucho con la necesidad de la especialización, pero concederé que seguramente me equivoco. ¿Cuál sería la primera tarea? Entre los ciudadanos, entre los participantes, establecer los requisitos para ser considerado competente. No vale decir: soy amigo íntimo del líder, soy el especialista que luchó a brazo partido por la organización. No, no vale. ¿Por qué? Porque pudiera ser que la motivación, consciente, inconsciente o semiconsciente, para luchar a brazo partido fuera esa, convertirte en el especialista de referencia, aunque para eso ejemplificases un comportamiento servil, sectario y oportunista. No puede permitir que los mejores, los más inteligentes, se seleccionen con ese currículo oculto. En la pedagogía democrática solo puede contar el currículo explícito.
Debemos hacer la lista de los competentes y, una vez establecida, tenemos dos posibilidades: elegir a los más valiosos o sorteemos la composición del equipo. El sorteo serviría aquí para cribar a los candidatos tras elegir el grupo de posibles. Podrían también designarse por sorteo los electores. Repúblicas muy aristocráticas elegían su dirigente o sus dirigentes por sorteo: fue el caso de la Serenísima República de Venecia. En este caso, solo elegiríamos técnicos por un tiempo limitado y que deberían rendir cuentas ante una cámara especializada. Lejos de constituir per se una medida populista, como aducen muchos ignorantes (de los peores, de los que se creen que saben algo, de los que por desgracia se encuentra lleno el mundo de los juntaletras), el sorteo puede representar una medida aristocrática corregida: elegimos a los mejores pero lo hacemos por medio del sorteo. ¿Para qué? Para prevenir los comportamientos estratégicos, manipuladores, y las motivaciones espurias.

2. Promocionar los comportamientos leales y honestos

Entremos ahora en la promoción de los mejores comportamientos. La democracia ateniense, pese a lo que se piensa, aprendió a desconfiar de la asamblea. A menudo acudían a ella solo una elite de personas motivadas (cuando no acarreadas por algún jefe, cabecilla o abusón…) por imponer alguna línea específica. Entonces no existían partidos políticos (un invento necesario y terrible del movimiento obrero) pero hormigueaban facciones, ligadas a un grupo de interés. Para protegerse de la manipulación (¡y no siempre se logró!), se controlaba con mucho énfasis el desarrollo de las asambleas. ¿Quién se encargaba? Una comisión de personas sorteadas para que se respetase la agenda de debate y no se introdujesen cuestiones que los asistentes desconocían. Intentaban evitar discusiones sorpresa, encuadradas por agrupaciones de personas que intervenían concertadamente y evitaban que nadie pudiese hablar. En la plaza de Sintagma, en Atenas, durante las recientes movilizaciones hermanas de nuestro 15M, se sorteaban los intervinientes para evitar la dictadura de cualquier agrupación juramentado.
En una asamblea no puede intervenir todo el mundo, por tanto, el sorteo puede servir a) para regular las comisiones que gestionan la asamblea (caso de la Boulé o Consejo de los 500 en la Atenas clásica) b) para regular la discusión, impidiendo que una fracción monopolice la palabra (tal fue el uso promovido en la Atenas saqueada por el neoliberalismo).
¿Y las mejores ideas, no se escucharán en la asamblea, por el afán de promover comportamientos democráticamente leales? La responsabilidad corresponde a quienes la preparan, que deben seleccionar la exposición plural de las posiciones en conflicto. Es el modelo, promovido por algunos científicos sociales contemporáneos como Yves Sintomer, de las asambleas deliberativas. En torno a un problema se forma una comisión de personas sorteadas, responsables de emitir un informe. Esa comisión debe reflexionar después de escuchar a especialistas. Alemania, Canadá, Islandia utilizan comisiones de ese tipo.

3. La motivación en sus justos límites

Terminemos con la motivación, el tercero de los puntos que José Juan me pedía desarrollar. El sorteo impide algo, para mucha gente valiosísimo: el cursus honorum para representante, para jefe político. Si al final decidirá el azar, ¿para qué motivarme en convocar reuniones y en asistir a todas? ¿No puede privilegiar a quien asiste menos, a quien tiene menos vocación por lo publico (dejemos a un lado que tal lenguaje se encuentra pervertido por cínicos)?
Aquí debemos viajar muchos siglos y recordar un pasaje maravilloso del Protágoras. Protágoras le dice a Sócrates: con el sorteo y con la democracia no buscamos tener un flautista muy experimentado y sublime en un desierto de personas con el oído de corcho. Creemos mejor muchos practicantes de la flauta mediocres. Aristóteles, en muchas ideas un filósofo de la democracia, consideraba mucho más potente a muchos mediocres que a uno sobresaliente. El sorteo impide que se asista y se promueva la participación política para destacar, para ingresar en los círculos restringidos de dirigentes.
Pero no impide el carisma, ni muchísimo menos, ni olvida que existen políticos sobresalientes. La democracia ateniense, como observó magníficamente Castoriadis, promovió a Pericles y a Sófocles, a Tucídides y a Esquilo, gente que estaba lejos de ser mediocre.
Porque debe admitirse que hay gente con talento político especial, sobresaliente.
Harina de otro costal es que, para cultivar ese talento, necesiten siempre integrar la escala de mandos del régimen. Francisco Umbral contaba que Franco, al conocer a Manuel Fraga, dijo (cito de memoria esta referencia): a este muchacho que no me lo tengan nunca sin un cargo. Esas motivaciones deben reprimirse. Yo pienso que es bueno que la gente con talento político sobresaliente (como lo tenía Manuel Fraga, porque era un fenómeno, para ideas que no me gustan, pero lo era) vuelvan a sus casas, ejerzan de ciudadanos sin atributos.
Por una razón muy simple: una de las razones por las que se detecta un gran dirigente es porque quiere serlo cuando gana y cuando pierde, o porque la realidad impone que lo sea cuando él no quiere. El sorteo solo desmotiva a los que aspiran a la profesionalización de la política.
Además, basta un mínimo de olfato sociológico para saber que, también en política, sucede lo que Carlos Marx lamentaba respecto del capitalismo en su conjunto: muchos Aristóteles en potencia malgastan su vida criando cerdos. Promoviendo a los que no se encuentran muy motivados, pero a los que les cae en suerte, el sorteo permite que alguno de esos Aristóteles emerjan. Lo cual requiere condiciones sociales para la participación política, como todo el mundo sabe.
He dicho muy motivados: en Atenas al sorteo se presentaban voluntarios –excepto para el Consejo de los 500: los vestigios lo muestran siempre repleto, no sabemos si porque siempre había candidatos o porque se coaccionaba a la gente. Como se examinaba a los sorteados, aquellos que podían abochornarse en el juicio público evitaban presentarse. Lo más realista hoy es defender, en la inmensa mayoría de los casos, el sorteo entre voluntarios. ¿No proliferarán entre estos determinadas categorías sociales? Durante el siglo IV ANE, la democracia ateniense desplazó cada vez más funciones a los tribunales de justicia y muchos veían que, entre los voluntarios, se encontraban sobrerrepresentados los pobres y los jubilados. En términos de Aristóteles, la democracia se asemejaba a una dictadura de los pobres, incluso de los muy pobres estadísticamente poco numerosos, pero que siempre se ofrecían al sorteo. 
El sorteo, para no generar sus propias elites, debe combinarse con la elección, con el voto secreto de todos los ciudadanos que, activistas o no, sorteados o no, deben decidir, en último término sobre cualquier cuestión. En Atenas se votaba en asamblea. Hoy es absurdo restringirse únicamente a ella. Ni como mecanismo de decisión (la presencia depende de condiciones materiales) ni como mecanismo de deliberación (por encima de un cierto número de personas, la deliberación es dificilísima): tenemos los referéndums, tenemos la participación por medio de Internet, las asambleas deliberativas.
La promoción del sorteo no implica eliminar las elecciones, ni los partidos, ni los grupos organizados. Los regímenes son híbridos, con mayores o menores tendencias democráticas. Pero cuando hablamos de éstas intervienen, sí o sí, sorteo, rotación y rendición de cuentas.



miércoles, agosto 20, 2014

Un comentario de "Foucault, la gauche et la politique"

El foucaultblog de la Universidad de Zurich presenta un interesante comentario de Foucault, la gauche et la politique. Excelente también el comentario contenido en esta jugosa entrada sobre la vinculación de Foucault y Gary Becker.