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¡Algo de ente para hablar del ser, por favor! Carlos Fernández Liria conversa con Juan Pedro García del Campo


(http://www.tierradenadieediciones.com/revistayoukali.html) En esta dirección de Internet se encuentra el número 1 de la revista Youkali (consagrado a Filosofía y política). Entre otras muchas cosas de interés destaco una entrevista (como las buenas, en momentos se transforma en discusión) que Juan Pedro García del Campo le hace a Carlos Fernández Liria. En ella, una respuesta del autor de El materialismo contiene dos ideas importantes. La primera, más consabida, sobre la invisibilidad del mal -invisibilidad a costa de mostrarse con toda su grosería- y la segunda sobre la relación entre el "oficio" intelectual y las competencias culturales y científicas. En fin, lo explicaba Manuel Sacristán: si se quieren realizar las exigencias de verdad que están en la base de la mejor tradición filosófica, no se puede seguir jugando a hablar del ser sin conocer ente alguno.

"Hace un par de años salió una noticia en El País. Un
domingo por la mañana. Era en El País de los colorines,
me parece –lo digo porque es significativo que la
gente debió de leerlo mientras lavaba su coche, con su
familia, una mañana cualquiera de domingo. Quizás
sintieron que su conciencia caía en un abismo ético... o
quizás no sintieron nada. No era un panfleto de extrema
izquierda, de esos que se leen con escepticismo.
Era El País, un reportaje por cierto que muy bueno, de
esos que se cuelan de vez en cuando en los medios. El
titular de la noticia decía algo así como que “El comercio
del coltán, un mineral vital para la telefonía móvil,
es la principal causa de la guerra civil en el Congo, una
guerra en la que han muerto ya un millón de personas”.
La escasez de ese mineral había provocado también
un efecto dramático: la videoconsola Nintendo 2
o no sé qué puñetas tendría que salir al mercado con
un año de retraso. Es insólito que eso salga un día en
El País y al día siguiente todo siga igual. Es incluso
enigmático. Actualmente han muerto cuatro millones
de personas se decía, también en El País, el otro día.
Cuatro millones han muerto ya en la guerra de El
Congo. Cuatro millones. Tiene eso que ver con el tráfico
de armas, tiene eso que ver con el tráfico de diamantes,
tiene eso que ver con el tráfico de Coltán. Estamos
metidos hasta las cejas en el entramado estructural
que genera esas guerras. Tenemos las manos manchadas
de sangre cuando llamamos por el móvil, cuando
nuestro hijo juega con la videoconsola.
Con todo, llamar por el móvil es llamar por el móvil, y
no matar a nadie. Aquí habría que inventar algún buen
concepto que aclarara la cuestión de nuestra responsabilidad.
Me has preguntado ¿qué se podría esperar de
los intelectuales? Yo diría… bueno, lo de menos es que
se pronuncien en contra… porque no se les va a dejar
pronunciarse en contra en los grandes medios. Entonces,
¿qué se puede esperar de los intelectuales? Pues,
joder, que ejerzan su profesión, que piensen bien los
conceptos, que piensen bien lo que hay que pensar,
que reflexionen sobre cuáles son las causas de la tranquilidad
de conciencia contemporánea… sobre cómo
es posible esto… cómo es posible que exista la guerra
de El Congo y todos tengamos un móvil en la mano y
no nos hagamos ninguna pregunta… ¿qué entramado
estructural hay entre el móvil y la guerra de El Congo,
y cuál es nuestra postura respecto de ese entramado
conceptual? Esas son las preguntas que es absolutamente
necesario que los catedráticos de ética –vamos
a decirlo así por llamarles de algún modo- respondan.
Eso es lo que tendría que responder por ejemplo el
gran catedrático de ética español, Fernando Savater…
pero sobre eso no dice ni mu… porque no puede… porque
no tiene ni idea entre otras cosas. Porque para eso
hay que saber economía y él no sabe economía. Ahora
bien, Savater, mi vecina que votó al PP, yo, todos tenemos
la obligación intelectual de aprender economía. Y
yo, por ejemplo, que soy negado para la economía,
pierdo muchísimo tiempo intentando entender algo de
economía y es un tiempo precioso que podía estar de-dicando
a leer a Platón, que lo entiendo normalmente
con mucha más facilidad. Pero… joder… leo economía
porque sé que es mi obligación, porque sé que es así
como hay que entender cuál es el tinglado estructural
en el que estamos todos metidos y por el cual muere
constantemente la gente".

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