Ir al contenido principal

Inversiones y costes de la rebelión política II. Alejandro Estrella sobre E.P. Thompson

Alejandro Estrella González me propone este comentario sobre la entrada "Inversiones y costes de la rebelión política". He decidido publicarla como artículo del blog ya que plantea -muy bien-preguntas que me son muy próximas. También la introduzco como comentario de la entrada.


Cómo sabes estoy muy interesado en este tema por el trabajo al que me he dedicado últimamente. En la obra de E.P. Thompson –más quizás que en cualquier otro miembro de los historiadores marxistas británicos- el peso de su trayectoria política resulta decisivo. Y esto en los debates historiográficos está fuera de toda duda. El problema se plantea cuando debemos concretar de qué forma se vincularon ambas dimensiones en la trayectoria del personaje. Y aquí creo que es donde resulta útil tu comentario. Especialmente en el último párrafo, donde se expresa con claridad y concisión la idea del texto: la rebeldía política, como toma de posición y bajo determinados contextos, puede arrojar beneficios intelectuales; pese a que normalmente esta se presenta -y este podría ser el caso de Thompson- como un acto desinteresado, como la puesta al servicio de una causa política los recursos intelectuales acumulados. Sin duda, este fenómeno no debe entenderse –al menos no siempre- como un acto de cinismo o como una suerte de inversión calculada con el fin de “labrarse” una carrera académica exitosa. Pero esto sería otro problema.
Donde me gustaría llegar es al hecho de que los campos con “ambiciones científicas” se han conformado admitiendo explícitamente sólo un tipo de dirección en el trasvase de capital del intelectual: la que lleva del campo científico al político, pero no al revés: el capital científico acumulado, los beneficios intelectuales, deben provenir exclusivamente de estrategias intelectuales. Es posible que esta exigencia constituya una salvaguarda que amortigüe lo que todos sabemos pero no decimos: que el campo científico no se encuentra aislado, que el científico juega en varios campos y que las estrategias en cada uno de estos campos tienen su relación y su correspondencia con las estrategias en los otros. La tendencia debiera ser sin duda la de fortalecer aquellos mecanismos que aseguren un “trasvase legítimo” de capital –en este caso, del político al científico-, lo cual nos remite en última instancia al grado de autonomía del que goce el campo en cuestión.
Y esto nos sitúa en el plano de la investigación empírica: ¿en qué grado un determinado campo en un determinado momento está dispuesto a admitir –explicita e implícitamente, es decir, considerándolo como un problema digno de discusión o no- el trasvase de un tipo de capital no científico en capital científico? ¿de qué mecanismo dispone para que este trasvase se ajuste a las convenciones legítimas (y relativamente autónomas) que lo caracterizan en ese momento?
En el caso que me ha ocupado estos últimos años he llegado a la conclusión de que todo el reconocimiento científico de la obra de Thompson descansa en buena parte, o al menos sería imposible explicar, sin sus estrategias “rebeldes”: como militante comunista, como “nuevo izquierdista”, como activista por los derechos civiles, como pacifista (respectivamente). Estas rebeldías, no pueden entenderse exclusivamente como actos de entrega. Tuvieron efectos sobre la trayectoria intelectual de Thompson y, dadas las características del campo historiográfico, en la mayoría de las ocasiones positivas. Ahora bien, si en los años 80, Thompson era según una encuesta la cuarta persona publica más conocida de Inglaterra (después de la Reina, la Reina Madre, y la Dama de Hierro), no debemos olvidar que se trata, según su compañero E. Hobsbawm, del historiador que más ha sido citado. Entre estos dos hechos existe una conexión biunívoca: Thompson supo manejar –aun no de forma estrictamente calculada- sus bazas como personaje público en el campo historiográfico y viceversa.

Alejandro Estrella González

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los abrigos cambiados

Abraham Lincoln contaba cómo una vez contempló la pelea de dos borrachines y que, cuando terminó, salieron cada uno con el abrigo del otro. A menudo la política es así, y consiste en conflictos en los que nos ponemos ebrios y acabamos abrigándonos en lo que detestamos de nuestro adversario.
Introducir algo de claridad supone pensar en lo que vemos y en aquello que el otro ve. Evidentemente, la ebriedad y la ceguera ocurren porque miramos de modo tremendamente selectivo. Así ocurre, por ejemplo, en nuestro problema nacional español. Donde el partidario de la unidad detecta egoísmo injustificado de ricos, el de la secesión solo percibe un derecho democrático evidente: no se puede estar juntos a la fuerza. Y donde el partidario de la secesión denuncia la violencia estatal, el de la unidad recuerda la protección de las personas silenciadas por el nacionalismo. Personas cuyos votos no se cuentan, cuyas manifestaciones se empequeñecen y cuya identidad nacional se reduce a simple residuo colo…

¿Qué es un foucaultiano?

Intervención ayer en Traficantes de sueños durante la presentación de Foucault y la política


¿Quién es un buen lector de Foucault? Es uno que no toma de Foucault lo que le viene en gana, sino el que aspira a tener por entero el espíritu de Foucault “porque debe haber el mismo espíritu en el autor del texto y en el del comentario”. Para ser un buen lector de Foucault, un buen foucaultiano, deben comentarse sus teorías teniendo “la profundidad de un filósofo y no la superficialidad de un historiador”

Es una broma. En realidad, el texto anterior resume "¿Qué es un tomista?", un texto del insigne filósofo de la Orden de predicadores Santiago Ramírez, y publicado en 1923. Pero los que comentan filósofos, Foucault incluido, siguen, sin saberlo, el marco de Ramírez. Deberían leerlo y atreverse a ser quienes son, tal y como mandaba Píndaro. El trabajo filosófico, desde esta perspectiva, consiste en
1.Se adscriben a una doctrina y la comentan mediante paráfrasis más o menos logradas y p…

Didáctica ciudadana: la vida política en las plazas. Etnografía del movimiento 15M

Acaba de publicarse la obra de Adriana Razquin Mangado Didáctica ciudadana: la vida política en las plazas. Etnografía del movimiento 15M, dentro de la colección Antropología y estudios culturales de la Editorial de la Universidad de Granada. Sin duda, el trabajo más ambicioso de etnografía de las asambleas, unido a una reconstrucción documentada del origen del 15M. Ojalá esta obra tenga una recepción -académica y política- a la altura de sus grandes cualidades. Mucho puede aprenderse no solo de una etnografía realizada con mimo y cruzando fuentes, sino también de las innovaciones -reconstruidas en términos de culturas prácticas- que permitieron sobrevivir -y también pusieron en tensión- a las asambleas. Las asambleas, por paradójico que pueda resultar, han sido objeto de escasas reconstrucciones sociológicas complejas. Su nacimiento y desaparición suelen saldarse con imágenes biológicas (efusividad y agotamiento), meteorológicas (igual que aseveraba Spengler sobre la filosofía griega…