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De cómo las ciencias sociales clarifican la filosofía VIII: argumentar manteniendo la clase. Dar razón frente a tener razón




Después de un tiempo triste (muerte de mi padre), recupero la vida también el blog.
Para ello, un pequeño comentario sobre el último libro de José Vidal-Beneyto. El lector agradece su lectura aunque se trate de materiales diversos que no terminan de estar compuestos como libro. Pero, ¡cómo puede despreciarse la cronología y los documentos que aporta sobre la experiencia de CEISA! Sobre esta cuestión hablaré en el libro sobre Ibáñez que, ¡finalmente!, verá la luz muy pronto en Siglo XXI.
Me voy a centrar sin embargo en un punto. En el libro, puede comprobarse, al igual que sí se leen sus artículos cuánto enfada a Vidal-Beneyto el ataque contra Pedro Laín y Dionisio Ridruejo (en la foto extraída de Pablo Lizcano, La generación del 56, Madrid, S&C, 2006 de visita en el Reich), acusándolos, con razón, de fascistas y de haber representado una de las vías más oscuras entre los posibles del franquismo (la fascistización del régimen). Vidal-Beneyto insiste, con razón también, que tales hombres fueron gente buena que protegió a la oposición, de la que él formaba parte, cuanto pudo, luego más tarde, ya en los 50. De este modo, atacándolos, dice Vidal-Beneyto se dejan de “sacar de los armarios los cadáveres los cadáveres que nuestra clase dominante sigue teniendo escondidos” (José Vidal-Beneyto, Memoria democrática, Madrid, FOCA, 2007, p. 15).
Comencemos por lo último: ¿es que Laín y Ridruejo no formaron parte de la clase dominante o Vidal-Beneyto (burgués naranjero de origen reivindicado, frente a las conexiones que de ello derivó Ortí en un importante artículo en el número 1 de la RES)? Desde luego ninguno de ellos procede de las cadenas de montaje de la metalurgia ni de los minifundios agrícolas. Como aprende uno leyendo el libro se enfrentaron al franquismo desde posiciones bastante mejores que la de la inmensa mayoría de ciudadanos que lo hicieron. Pese a que Vidal-Beneyto es un sociólogo cultísimo, su uso en la ocasión del concepto de clase tiene más de insulto que de concepto descriptivo: la clase dominante es los que han “ganado”, los que dominan el “régimen”, etc. Pero si embargo la agenda de Vidal-Beneyto no resulta accesible a ningún, pongamos por caso, empleado de seguros.
Vayamos a lo primero: ¿fueron fascistas peligrosos Laín y Ridruejo? Sí: ahí están los datos. Hombres honestos y bienintencionados. Puede ser o no, por lo que yo he leído sí. ¿Propulsores de la democracia después? Evidentemente, como señala Vidal-Beneyto. ¿Se convirtieron después de reflexionar? Pero una persona reflexiona mucho cotidianamente, cree sólo de modo limitado en lo que hace (como enseña Paul Veyne en su libro sobre los mitos griegos) y sin embargo en contadas ocasiones pone en funcionamiento sus dudas y comienza caminos de ruptura.
La solución, creo yo, es seguir manteniendo la clase cuando se argumenta histórica, teórica y políticamente. Hay fracciones en las clases dominantes y se las sorprende, no viendo si “mandan” o no, sino los recursos de que disponen, cómo eso recursos se invierten en ciertos universos que tienen los suyos propios (recursos políticos, culturales, etc.) y cómo varían esas configuraciones a lo largo del tiempo, qué recursos mantienen su valor y cuáles caen. Así podría verse que Ridruejo y Laín fueron personas que accedieron a un alto capital cultural gracias a sus recursos políticos y que, luego, prefirieron su identidad como intelectuales a la de políticos. Pasaron a ser dominantes en un campo, el del capital cultural, en el que, por ejemplo Fernández de la Mora brillaba poco debido a sus anclajes políticos. Perdieron en un lugar, ganaron en otro. ¿Fueron nobles o insinceros cuando cambiaron? Seguramente, mitad creyentes, mitad oportunistas, como todos.
Mantener la clase como criterio analítico ayuda a limitar la polémica. Se trata de dar razón de todas las circunstancias en las que germinó un comportamiento y no de tener razón frente a ellas. Que a eso suelen reducirse los juicios retrospectivos, positivos o negativos.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Una pregunta,¿Hasta que punto el pertenecer a una clase o a otra es tan sumamente importante como para dar lugar a un comentario tan extenso?
En mi opinion la naturaleza de la persona es la que se manifiesta en cada uno de nuestros actos. Y eso es lo que habria que juzgar en cada caso
José Luis Moreno Pestaña ha dicho que…
Amigo anónimo,
En mi opinión, la naturaleza de la persona procede, entre otras cosas, de su origen social. Éste no agota su capacidad de acción pero la condiciona y le proporciona una dirección más o menos difusa.
Anónimo ha dicho que…
de acuerdo, pero en gran parte condiciona nuestro comportamiento. No debemos olvidar existe el instinto animal en el ser humano. Y eso no entiende de clase social
José Luis Moreno Pestaña ha dicho que…
¿En qué crees, amigo anónimo, que influye o puede influir el instinto animal en aquello de lo que habla esta entrada del blog?
Anónimo ha dicho que…
En la sensacion de poder, de encontrar la via que pueda facilitar una posicion privilegiada.
En este caso utilizan la cultura, no como medio de expresion o de enriquecimiento personal. Mas bien pienso que para ellos supuso un camino mas accesible para sus propositos.
Quien tiene el poder puede escoger y decidir.
José Luis Moreno Pestaña ha dicho que…
Pues firmo lo que dices. Y ese poder no es el de las garras y los dientes, sino el de las instituciones, los recursos económicos, las redes sociales. No eran panteras, amigo anónimo, utilizaban formas de lucha que caracterizan a los humanos. Por eso hablo de clases.

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