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Presentación de Gérard Mauger




Gérard Mauger es un sociólogo profundo y elegante, uno de los representantes más genuinos de la mejor herencia de la sociología de Pierre Bourdieu, aunque sus referencias teóricas son muy amplias y en su trabajo se separa y (a veces) supera al gran sociólogo de Béarn. Además es un amigo muy querido tanto como un maestro (mío y de muchos amigos), generoso y dedicado, que sabe escuchar pero que sabe que sólo se respeta a aquel con el que se debate. Pinchando en el título de esta entrada puede leerse la autobiografía sociológica de Gérard Mauger, una muestra de su profundidad científica y de su reflexividad. También de su cuidadísima escritura. (La traducción, muy buena, es de Alberto Martín Pérez quien, por un error de montaje, no salió referenciado en el libro.)
En el tema que ocupa la conferencia la aportación de Gérard Mauger es fundamental. Por desgracia, es relativamente desconocida en España donde a menudo se prefiere -por ejemplo cuando se habla de los disturbios de 2005- lo más demagógico y lo menos elaborado. Hace tiempo que Mauger estudia a los jóvenes de clases populares, cuya evolución viene siguiendo etnográficamente desde los años 1970. A partir de una lectura de la obra de Georges Duby Los tres órdenes o lo imaginario del feudalismo, Mauger ha construido una tipología que sirve para analizar la producción dierencial de habitus en las clases populares. Los "oratores" buscando la salvación en el capital cultural, los "bellatores" en la fuerza física, los "laboratores" en el aburguesamiento.
Además, Gérard Mauger es el autor de un estudio introductorio y un postfacio -que convendría reeditar- al trabajo de Karl Mannheim El problema de las generaciones, trabajo que acaba de completar con un artículo excelente en nº 46 de la revista Daimon. Como analista de las diversas olas generacionales, Mauger se esfuerza por situar empíricamente los procesos de construcción de identidades alrededor de las clases de edad. La relación de su propia generación con el valor de las ideas políticas en las distintas coyunturas fue y es analizado por Mauger en textos excelentes sobre la transformación de la generación de mayo del 68.
En fin, Gérard Mauger es un lector y un crítico de los clásicos de la teoría social, empezando por Marx siguiendo con Durkheim y terminando con Bourdieu. Respecto a ellos, Mauger practica la lectura atenta: al leerlo uno sabe que los autores son expuestos y discutidos con fidelidad crítica, lo cual no es siempre común en el mundo universitario donde abundan los lectores que con solapas de libro son capaces de hablar durante dos horas. También los lee desde la defensa del racionalismo científico –un habitus que define la mirada como sociólogo de Mauger-. Y, como no, los lee buscando útiles políticos que concuerden con la vocación político-moral profunda de Gérard Mauger. Vocación que se sostiene en el odio a la explotación, la tristeza ante la dominación y la alegría ante cada progreso concreto de la razón crítica, la libertad y la igualdad.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Moreno, pisha, pena que la charla estuviera llena de alumnado obligado, pensando más en si había firmado o en hacer como si escuchaba. Hasta cuando. Esa es la universidad que construimos?
Colectivo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Colectivo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Colectivo ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Colectivo ha dicho que…
Amigo Anónimo,
Yo no pude seguir bien la actitud de los alumnos durante la charla porque estaba traduciendo. Dado el debate que se generó después me parece que tú interpretas como general lo que hizo contada gente. Hay que ser precavido con los cuantificadores cuando se argumenta.
Te aclaro dos cosas:
1. Existen actividades académicamente dirigidas. Ésta era una, completamente justificada por consideraciones docentes, apropiada para los temarios de las asignaturas, etc., etc. No es este el lugar para justificarlo.
2. Se firmaron las hojas al principio (eso sí lo vi porque las puse yo), quien quiso se fue después de firmar y nadie les llamó la atención. Lo que cuentas es mentira. Como mucho se obligó a firmar. ¡Oh! ¡1984!
Sí, esa es la universidad que me gustaría contribuir a construir. Si por mi fuera se "obligaría" más a que los alumnos asistieran -acompañados por profesores o profesionales- a conferencias, exposiciones, conciertos de cámara, etc. Al menos una vez en su vida, que parezca que fueron a la Universidad. Es decir, que les anime a hacer todo eso que la presión agobiante del mercado juvenil y sus fines de semana de 4 días borrachos, la violencia del grupo de pares (ejemplificada, entre otros, en los listillos de facultad) y la ideología local dominante impiden hacer. Esos amigos de la libertad que se escandalizan cuando los aparatos escolares se comportan como tales y no como remedos contemporáneos del evergetismo.
Este profesor (que seguirá obligando a sus estudiantes a que saboreen cosas que les permitan resistir a otras) te desea, amigo anónimo, unas felices fiestas y te recomienda una lectura para Navidad: "La educación moral" de Durkheim.
Colectivo ha dicho que…
Los comentarios suprimidos que aparecen en el blog, eran versiones del mío.
Almudena ha dicho que…
Tu amigo anónimo soy yo, Almudena. En el primer comentario me identifiqué como anónimo pues creía que era el único modo de poder escribir una nota.

Moreno, decirte que me alienta saber que consideras importante que el profesorado ha de ser una clara autoridad con independencia, sin miedos. Yo soy de las que contribuyo a ello para que sea posible la construcción, de lo contrario sería una simulación. Asumo la autoridad y un claro modelo moral (conociendo la obra de Durkheim que me sugieres desde hace tiempo) ahora bien; me cuesta considerar que la mejor opción para el alumnado sea la asistencia obligatoria, esa actitud sumisa para la resistencia, de las que hablas y de las que habló Gérard, es diferente a acudir a una charla, firmar y no hacer ni caso, aburrirse, hablar e impedir la comunicación en el aula.
Si lo importante es parecer que el alumnado ha ido a la Universidad, entonces hablamos en idiomas diferentes.
Simplemente cuestiono el modelo de asistencia obligatoria sin más, cronificando en este hacer los métodos escolares e infantilizantes de los jóvenes universitarios/as. La mejor disciplina es la autoimpuesta, la conquistada ética frente a la moral. Tal vez debiéramos bajarnos del pedestal académico para poder observar con nitidez lo que ocurre.

Por lo demás agradecerte tu parte, la presencia de Gérard y tu evidente orgullo para tu quehacer, necesaria fuente de producción.

Un saludo,

Almudena.
Profesora y amante del diálogo.
Colectivo ha dicho que…
Hola Almudena,
De acuerdo en mucho. Por lo demás, aquello era una actividad académica y en mis clases -y en la otra clase implicada en la actividad- se valora la asistencia, por razones que para mí son evidentes. De ahí las firmas.
Hay gente que no se interesa por las conferencias porque les aburren, otros porque están infantilizados y no saben estar una hora sin el móvil, otros porque son unos dogmáticos y sólo quieren escuchar aquello que conforta sus creencias, otros porque confunden la actitud crítica con el desprecio a lo que no entienden (ni quieren entender), otros porque no tienen tiempo, otros porque razonablemente piensan que pueden hacer algo mejor... Hay mil razones y mil figuras posibles. Yo sólo puedo controlar lo que es necesario en mis cursos. Y lo hago sin pasarme.
También te puedo hablar de muchas (muchas) personas, estudiantes o no, que discutieron a tope a un conferenciante que demostró lo que es tomarse en serio su trabajo y respetar a un auditorio.
En la conferencia de la que hablas, se hicieron tres cosas, que me permito recordar.
1) el conferenciante proporcionó un magnífico texto con antelación ¿Cuántos lo hacen?
2) el texto fue muy bien traducido por Jorge Costa y José Gallego. El texto circuló previamente a la conferencia ¿En cuántas conferencias se hace eso?
3) el debate se tuvo fuera de la conferencia, en un entorno nada académico -la peña Juancojones: ¡gracias!- que facilitó que más de 20 personas hablaran durante tres horas, con entera libertad y que sólo se cortó cuando el traductor estaba que se caía de cansancio. ¿Ocurre eso a menudo?
Francamente, no sé de qué pedestal hablas ni si tu lengua es distinta a la mía, pero lo que sí sé es que en esa conferencia pasaron muchas cosas FUERA DE LO ORDINARIO que poco se atienen a la presentación que das. Hay que mirar las cosas de otra manera, creo yo, vamos: si no, se nos escapa lo fundamental
Saludos

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