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Foucault, la izquierda, el neoliberalismo


(Cartel sobre la anorexia en Wall Street, Nueva York, verano de 2008. Fotografía del autor)
He aquí la introducción y el esquema de mi intervención en el Congreso de filósofos jóvenes. Ver programa pinchando en el título. Preparo sobre este tema un libro que aparecerá en Éditions du Textuel
oucault es un autor que ha marcado el pensamiento político de la segunda mitad del siglo XX. La influencia de sus conceptos, enorme en el mundo intelectual, tiene también efectos entre los militantes políticos, sobre todo entre aquellos más próximos de corrientes académicas. El descrédito del marxismo, el fin de la esperanza comunista, la renuncia socialdemócrata no ya a la transformación del capitalismo, sino incluso a la defensa de las políticas keynesianas, parece cerrar definitivamente cualquier perspectiva más allá de la economía de mercado y de lo que el sociólogo alemán Claus Offe llamó “democracia de competencia entre partidos”. Sin embargo, aún existen militantes que se niegan a aceptar tal contracción del universo de posibles políticos y creen que la democracia es algo más que la circulación de elites políticas y los lamentos, más o menos sinceros, sobre los efectos perversos de una economía capitalista cuya transformación nadie parece tomarse en serio.
Hablando de la resistencia española a Napoleón, Marx oponía la fuerza sin ideas de las guerrillas, a las ideas sin fuerza de los constitucionalistas reunidos en Cádiz en 1812, quienes propusieron una avanzada Constitución liberal, que fue pronto anulada por el rey Fernando VII. El panorama de la izquierda transformadora actual rebosa de debates políticos e intelectuales, justo cuando menor es su capacidad de incidencia crítica: “ideas sin fuerza”, podríamos decir con Marx. En esos debates, el nombre de Foucault y la referencia a sus teorías aparecen a menudo en ciertos ambientes. Por ello, quizá no sea inútil proponer una lectura de los trabajos de Foucault dedicados al neoliberalismo, término confuso, pero convertido en significante compartido por cuantos critican un capitalismo que explota a los trabajadores y degrada el medio ambiente, sin encontrar demasiadas respuestas por parte de la población. La propia referencia al neoliberalismo es sintomática; pocos hablan ya, salvo en entornos reducidísimos, de capitalismo y de socialismo, como si sólo quedase volver a formas más humanas de la economía de mercado, en las que la intervención del Estado en la economía paliaba los peores efectos del sistema económico. ¿Resultan útiles las ideas de Foucault para combatir semejante estado de cosas y, si no para transformar el sistema capitalista, para enderezarlo y obligarle a respetar un pacto social más igualitario? No pretendo dar una respuesta definitiva, ya que nadie conoce ni puede prever los usos de un esquema de pensamiento. No quiero establecer ninguna ley sobre cómo leer a Foucault y sólo un dogmático desconoce la indeterminación política de los discursos y cómo estos se prestan a utilizaciones conflictivas. Nadie puede prever los efectos de un discurso haciendo abstracción de cualquier contexto. No existe un punto de vista privilegiado que podría dividir salvo en casos extremos (las doctrinas nazis, los discursos que excluyen arbitrariamente a un grupo de seres humanos de todo derecho...) los discursos susceptibles de tener un efecto liberador de los que nunca podrían tenerlo.
Los discursos surgen de situaciones concretas, aunque no se reducen a las mismas. En un discurso, se concilian cadenas intelectuales que pueden tener siglos de historia, de desarrollos y de transformaciones. Si no comprendemos —y no es fácil— cómo se articulan los contextos concretos con discursos que viajan más allá de los mismos, bien podemos equivocarnos bastante acerca de sus sentidos. Cada discurso lleva pegado mucho del entorno social y de la historia intelectual en la que se formó. Cuando nos olvidamos de ello caemos, nos decía José Ortega y Gasset, en la Escolástica. Cualquier filosofía, insistía Ortega, expresa de algún modo las faenas vitales de su autor. Cuando esto se olvida (por ejemplo, en la exposición filosófica típica de manual, donde las ideas se engendran de ideas y donde todo conflicto interno suele evaporarse: los autores evolucionan, se dice, como si un pensamiento tuviera la lógica del embrión de un polluelo), desaparecen las cuestiones con las que se enfrentó, olvidando que éstas pueden estar cerca de las que nos interesan a nosotros, pero pueden quedarnos muy lejanas. El escolasticismo, para Ortega, dejó de ser una corriente de la historia del pensamiento (con la que referirse a los eruditos que intentaban casar la filosofía grecorromana con la verdad revelada católica) para transformarse en una categoría histórica que, como tal, “representa una magnitud escalar la cual permite diferenciar los grados de una misma realidad o, dicho de forma menos rigorosa pero más llana, que nos permite reconocer y medir —pues, contra todo lo que se ha creído, hay medidas históricas— el más y el menos intensivos de esa realidad”. Escolástica es toda exposición de la filosofía recibida sin comprender el ámbito cultural, el espacio social o el tiempo histórico en el que se produjo. Se puede ser, por tanto, escolástico de cualquiera: de Francisco Suárez o de Bourdieu, de Tomás de Aquino o de de Félix Guattari, de Aristóteles o de Wittgenstein. Para comprender a un autor, hay que analizar el “surtido de problemas” que se le presentan (no todos ellos intelectuales) y cómo estos se engarzan con su trayectoria social, política (pues ese es el aspecto que aquí nos interesa) e intelectual.

Partes de la conferencia
1. Un acercamiento no escolástico: las antinomias de un tono beato o condenatorio adoptado habitualmente en filosofía
2. Modelos filosóficos y modelos políticos en Michel Foucault: los mercados y los campos de un filósofo
3. La experiencia social y la trayectoria política de Foucault: transformaciones, sentido estratégico, complejidad del habitus
4. Una analítica del poder políticamente ambigua: ¿por qué es tan mala la normalización? El caso de la psiquiatría
5. La concurrencia como inteligibilidad y el sueño de un individuo sin normalización.
6. Conclusiones: en qué estamos cerca y en qué estamos lejos de Foucault. El efecto retórico de una inflación de conceptos con desigual contenido informativo. ¿Qué retraduce el interés por los cuerpos? Coda: Por qué Mme d'Escrivan hizo lo que hizo en la Prisión de Fresnes y sobre cómo lo interpretó Foucault.

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