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Hacer vivir, dejar morir. Biopolítica y capitalismo. Un texto escrito en días especiales



Se acaba de publicar el libro resultado del seminario sobre Biopolítica que se desarrolló en el CSIC en el año 2006-2007 y 2007-2008. El libro ha aparecido en una nueva colección (Anejos Arbor) publicada por La Catarata, con lo que no se sabe muy bien si es un libro o es una revista. En cualquier caso, el lector tiene una sobrada muestra de todo cuanto da de sí y permite el pensamiento del último Foucault, sus conexiones y sus variaciones en España. Por desgracia, sólo está representada la izquierda foucaultiana (pues Foucault -y ya eso debería hacernos pensar- como Hegel, tiene centro, derecha e izquierda).
En el interior se encuentra un artículo mío (el lector puede acceder a él), que considero polémico: o bien me equivoco completamente (y no sería la primera vez...), o acudir a la biopolítica -versión finales de los años 1970- como crítica del capitalismo es fabricar un hierro de madera. Como Foucault despierta tal devoción (entre ellas la mía, pero no por las mismas razones), este texto me ha valido algunas caras largas y algún rechazo indignado que, hasta ahora, no se acompañan de demasiadas razones; algunas posturas prudentes y, también agradecimientos y simpatía por parte de amigos -y no amigos- que no sabían cómo digerir el pastel que nos preparaba el filósofo de Poitiers en otro -más- de sus grandes giros, y que no podían creerse que leían lo que leían (leer y entender es un problema muy profundo, pese a lo que se cree: y las lecturas cultas no son, ni de lejos, las que más se enteran de lo que leen).
En el texto se encuentra una crítica de la lectura "escolástica" de Foucault -que supongo válida para acercarse a cualquier filósofo o pensador- que completé en el reciente Congreso de filosofía joven. Sobre el asunto preparo un libro, con el que desearía despedirme, para siempre, de los debates foucaultianos.
Al margen de todo, este libro es especial y por eso me apetece sobremanera escribir sobre él. Aquella ponencia se desarrolló el 3 de junio de 2008 -días antes con Alfonso Ortí y Luis Enrique Alonso, se presentó el libro de Ibáñez en Madrid; un día después dí una conferencia, con una discusión movidita, en Sociología en la Complutense- en un ambiente excelente y en el mejor momento de mi vida. Sonia Arribas y Javier Ugarte fueron unos anfitriones excepcionales; asistieron en los locales del CSIC (yo leía mucho sobre esa institución en el momento de su fundación y me imaginaba, entre los restos de estética fascista, episodios no demasiado edificantes) Pablo López (a quien conocí entonces), Juan Pedro García del Campo (los dos, sobre todo Juan Pedro, estaban en desacuerdo conmigo, pero con un rollo estupendo), José Manuel Romero -a quien hacía mucho que no veía: estaba igual el tío- y Sergio Ariza. La discusión, tras el acto, convenientemente regada y bastante polémica, se prolongó hasta muy tarde.
Lo más importante de todo, fue que el 24 de mayo nació mi hijo Manuel, que el lunes cumple dos años. Marga y yo llevábamos unos días maravillosos en Granada viendo películas soviéticas, en la casa que nos dejó mi buen amigo Sergio Ariza. Y, encima, me ponen a discutir de Foucault.
Aristóteles decía que pensar, ver, vivir, amar, y ser feliz son movimientos que sólo tienen su razón en sí mismos, y no son susceptibles de ir más allá. A lo largo de la historia, habrá existido gente tan feliz como yo lo era aquellos días. Pero no más. Seguro.

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