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Un texto de Jorge Costa Delgado: Reacciones a una charla sobre educación, crisis y el 15-M


Reproduzco un texto publicado en Facebook por Jorge Costa Delgado, gran amigo mío (pero siempre mucho más amigo de la verdad) investigador en la Fundación Ortega y Gasset, y que hace, una vez más, un gran favor al movimiento del 15M

Asistí hace unos días a una charla sobre educación y crisis, organizada por un profesor de un máster de formación del profesorado. Creo que el contenido y la forma de la charla, las intervenciones en el debate y las reacciones de parte del público después del acto pueden ser de interés, sobre todo contrastándolo con lo que vi el 15 de octubre en Madrid y en la asamblea de Sol.
Acompaño la descripción de la charla de algunos datos, bastante limitados, sobre los participantes que aún así considero relevantes.
El conferenciante, invitado por el profesor, que lo presenta como amigo y compañero en la militancia política, dividió su intervención en dos partes:
1. Ontología y política: un repaso a la vocación social del ser humano y la necesidad de una educación formadora de ciudadanía, imprescindible para asegurar un marco político democrático de convivencia. La Antigua Grecia era el contexto histórico de referencia.
2. Análisis de la actualidad política y económica, incidiendo en los aspectos de ésta que obstaculizan el desarrollo del proyecto esbozado en la primera parte.
La propuesta del conferenciante era intelectualmente estimulante y, en principio, adecuada al público asistente (en su gran mayoría alumnos del máster y del grado de magisterio, también algunos profesores, uno de los conserjes del centro, y probablemente algún otro asistente, como yo, que venía de fuera: un total aproximado de 60 ó 70 personas). Sin embargo, un contenido académico interesante iba acompañado de un discurso político que por momentos se hacía panfletario, con guiños izquierdistas ("detrás del PP se ve asomar de vez en cuando a la bruja", "yo soy de izquierda, qué le vamos a hacer...", etc.). Vaya por delante que, al margen de consideraciones variables en función del auditorio, lo panfletario en lo político no impide la competencia pedagógica, siempre y cuando (y esto es importante, como se verá al final) no se pretenda enseñar, precisamente, política. El ponente acompañó, además, su intervención de numerosas referencias al 15-M que he tratado de resumir en algunos puntos:
- Reclama pragmatismo al movimiento: sugiere ir hacia un proceso constituyente. "Las asambleas de barrio están muy bien, pero con eso solamente no se consigue nada".
- Comparte la crítica a la izquierda tradicional, particularmente al PSOE; pero reivindica el reconocimiento a la vieja guardia, a los militantes con experiencia (entre los que él mismo se incluye). Insiste en defender la opción de militar en partidos (aunque afirma que no es su caso).
- Asume y reivindica elementos del discurso y las prácticas más activistas del 15-M: toma de edificios, stop-desahucios, denuncia de la actuación policial, guardias nocturnas para evitar derribos... (dice haber participado en algunas de ellas)
- Afirma la "gran potencia" del movimiento. Y aquí interpreto algo que luego aclararé: no le gusta el movimiento tanto por lo que es, como por lo que "puede" llegar a ser y todavía no es.
- No distingue fases en la movilización: habla de una participación masiva "en mayo, junio, julio, agosto, septiembre...". No vincula, por tanto, los evidentes altibajos del movimiento con el protagonismo en el mismo de un determinado perfil social y político: ¿es demasiado aventurado suponer que presentar ese apoyo masivo (objetivamente intermitente) como algo constante, legitima al sector del 15-M con el que más se identifica el ponente, que es, además, muy reducido?
Antes de pasar a las intervenciones del debate posterior a la charla, sería interesante detenerse en la descripción de un acontecimiento anterior, por lo que pueda ayudar a completar la caracterización de este primer "tipo ideal": me refiero a la presentación de la asignatura, en el primer día de clase, por parte del profesor que luego organizó el acto.
"X comenzó diciendo que, antes de darnos clase, teníamos que conocerlo a él personalmente. Debíamos saber quién nos estaba dando clase." Tal exhibición de ese capital simbólico en un entorno académico es chocante. La cuestión es que parece algo innegociable también en el 15-M, en las asambleas (habría que ver lo que ocurre en otros ámbitos); y eso tiene efectos en la recepción del discurso y en las propias condiciones del debate donde se pone en juego. Las intervenciones en el debate posterior permiten ilustrarlo:
- En primer lugar y llevando el peso del debate, intervienen los profesores que asistían al acto. Compañeros de departamento del organizador, todos mantienen un discurso de izquierda. La discusión desemboca en la validez o no de una propuesta social-demócrata. La complicidad con el ponente parece clara, pese a las diferentes posiciones que se defienden.
- Interviene una alumna alabando al conferenciante. Intenta decir algo sobre "un hombre muy viejo que estaba en el PC, pero no en Izquierda Unida". Un profesor pregunta "¿Carrillo?", la alumna duda... "No... uno que fuma mucho..." La intervención queda en nada. Tomará la palabra una vez más para defender una educación "creativa" y "no tradicional". Según algunos de sus compañeros, en clase suele tomar la palabra para hacer intervenciones de este tipo con "demasiada" frecuencia.
- Habla también otro alumno del máster. Es uno de los organizadores de la asamblea del 15-M en la Facultad. De hecho, aprovecha la intervención para anunciar la hora de la próxima reunión. Tiene capital político y, al igual que su profesor, se esfuerza por demostrarlo (también en las clases y en las charlas con sus compañeros). Ello le permite entrar en la discusión de los profesores en términos similares: "la social-democracia está muerta", "el modelo educativo social-demócrata ha fracasado"... Tiene un discurso anti-PSOE muy marcado.
- Una alumna (es la excepción entre todas las intervenciones) trata de hablar de la educación y de su posición como futura profesora ante el panorama descrito. Se define como parte de "una generación perdida" (no recuerdo ahora exactamente si algún profesor usó el término y ella lo retomó, o si fue aportación suya...) y pregunta qué se puede hacer ante todo eso cuando llegue a ser profesora. Una de las profesoras (que ya ha intervenido repetidas veces) le anima a no ser pesimista y comenta la necesidad de "educar en valores", de saber enfrentarse y renovarse, día a día, como hace ella, a las clases (precisamente, los alumnos con los que hablé después no tienen muy buena opinión de las clases de esta misma profesora).
El debate se cerró con una intervención del ponente que no aporta nada nuevo a lo dicho hasta ahora. Después del acto, un grupo de alumnas me pregunta qué me ha parecido. Medio se sorprenden de que haya venido especialmente a eso. Yo les comento que me ha gustado y que, en comparación con el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) que yo cursé, estos actos me parecen un lujo. Les pregunto su opinión, que puede resumirse en los siguientes puntos:
- Sensación de inferioridad frente al ponente y a los que intervienen en el debate. No se comprende mucho de lo dicho en la ponencia (a esto debo añadir que, durante la conferencia, entre muchas de las alumnas con las que no pude hablar el desinterés era manifiesto).
- Rechazo ante un discurso muy politizado: la complicidad que sí funciona con los profesores y con los escasos alumnos con formación política, causa rechazo entre los demás.
- Comentan que no se ha hablado apenas sobre educación, pese al título de la conferencia y a que están en un máster de formación del profesorado.
Una de estas alumnas, de entre 25 y 30 años, compagina su trabajo de dependienta en una gran empresa con sus estudios, vive en un pueblo de tamaño medio con su novio, empleado en un pequeño comercio. Otra, hija de inmigrantes andaluces, de entre 40 y 50 años, casada y con hijos, trabaja a tiempo parcial y cursa el máster para mejorar su posición laboral. Su hija acudió a las primeras manifestaciones en Sol.
Una tercera alumna, sin embargo, no compartía esta actitud. A ella sí le había gustado la charla, especialmente "cuando el tío daba más caña en política". Esta última, de unos 40 años, es hija de militar, actualmente está en paro, pero trabajó como periodista y se relacionaba con miembros de la élite cultural-artística. Acudió a la manifestación del 15-O con su hija.
La situación me plantea varias preguntas:
- ¿A quién llega y qué efectos tiene el discurso más explícitamente político que reivindica, con patetismo, actuar en defensa de los más desfavorecidos? ¿Qué sentido tienen las complicidades y rechazos que genera?
- Dejando a un lado el desfase entre alumnos y docentes como tales, ¿qué efectos tiene sobre la participación política la dominación política entre los tipos aquí descritos, que se tiende a desconocer o a afrontar "pedagógicamente" (entendiendo como tal la propaganda y formación en una doctrina política en particular), cuando se refiere a ciudadanos que, a diferencia de la relación alumno-profesor, aspiran a la igualdad (política) en el campo en el que actúan? Creo que ésta es una de las denuncias más claras que expresa el 15-M ("no nos representan") y que no debería interpretarse (si se quiere comprender lo que ocurre, por ejemplo, en este acto o en las asambleas) limitándola al plano institucional.
- Cuando se habla del gran potencial de movimiento, ¿no lee cada uno lo que le interesa, en función de sus esquemas previos, sin atender a la especificidad del acontecimiento? Pese a las reiteradas declaraciones que afirman respetar la autonomía del movimiento, ¿no se violenta ésta simbólicamente (y no solamente) al no variar los presupuestos de partida y tratar de orientar la movilización a un fin ya prefigurado antes de la aparición de la misma? Para ser honestos, también habría que preguntarse: ¿se puede afrontar un proceso de este tipo de otra manera?
- En la asamblea de Sol que siguió a la manifestación del 15-O, se sucedieron orquestas, coros con letras adaptadas para la ocasión, un simpático chamán que creó un escudo anti-mercados, poetas y romanceros, intervenciones que recordaban mucho a las de la primera semana del movimiento en Cádiz... Una de las personas más aplaudidas (con un discurso que fue la excepción) fue el policía expedientado por el Ayuntamiento de Madrid por pronunciarse públicamente en una asamblea. Yo estaba con unos amigos; a las 23:30, cuando se propuso crear grupos para discutir por qué estábamos allí y qué camino se debía tomar, nos fuimos para casa a la vez que muchos de los que allí quedaban (cuando salía de la plaza, alguien cogió el micro y gritó "¡Pero no os vayáis ahora, no os vayáis!"). Al llegar, puse la televisión y la plaza estaba, lógicamente, mucho más vacía que antes. Fue entonces cuando, según me enteré al día siguiente, se tomo la decisión de ocupar un edificio cercano, en nombre del 15-M. No lo sé a ciencia cierta, pero presumo (y creo que con mucho fundamento) que la asamblea de mi barrio apoyará esta acción. En ésta, dos semanas antes, con una asistencia de unas 30 personas (que no tengo espacio para describir, pero que se parece bastante al medio más politizado aquí esbozado), se vetó un manifiesto de apoyo al policía expedientado con argumentos como éste: "en el momento en que alguien decide ser policía, ya hay algo que no funciona bien". Sé que no todas las asambleas son así; pero conviene tratar de ver por qué pasan estas cosas: se llevan a cabo acciones en nombre de la mayoría y, al mismo tiempo, a pesar de la mayoría. Es decir, la crisis de representatividad existe tanto dentro del movimiento como hacia fuera de él y genera tensiones, independientemente del valor que se quiera dar a las acciones que se llevan a cabo. La pregunta aquí sería: ¿Cuál es, al margen de la buena voluntad de los agentes que las llevan cabo, el sentido objetivo de estas acciones? ¿Qué efectos tienen sobre el movimiento y sobre la coyuntura política en general? ¿Interesa responder a estas preguntas?

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