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Filosofía y melancolía

Elaborando un texto sobre la interpelación ideológica y lo que el concepto da de sí leo por fin el libro completo de Althusser (Sur la reproduction, de donde salió el artículo que publicó en vida: Ideología aparatos ideológicos del Estado). Por cierto, Bourdieu y Passeron (en Los herederos el concepto de interpelación se encuentra implícito; en La reproducción teorizado more geométrico y todo. Como dijo un bromista: es un libro tan ladrillo que uno intuye que, de haberlo podido escribir en latín, los autores habrían atormentado al lector sin remordimientos) son antes que Althusser: la misma Judith Butler y algunos filósofos que conozco los convierten en receptores del primero: ya se sabe la filosofía siempre es primera, la sociología es ciencia menor. Pero no, las fechas no dejan lugar a dudas. Si hay prioridad es de los dos jóvenes sociólogos, aunque en aquella época todos eran una especie de individuo compuesto intelectual. 
¿Y Althusser? Se hace duro, muy duro, ver las referencias elogiosas a Stalin, ya en los 70. Hay algo en el tono a lo último Politzer que da repelús pero se simpatiza, y mucho, con la escritura sencilla y se admira la profundidad del trabajo y el deseo de poner la enorme inteligencia y cultura de Althusser al servicio de los "centenares de miles de luchadores". 
Llama la atención que en la reapropiación que hace Judith Butler (Mecanismos psíquicos del poder) del concepto se prescinda de toda la teoría de los modos de producción y la complejidad de la formación social, sin la cual no se comprenden los desequilibrios internos de la ideología -cosa, por lo demás, que es la que busca Butler pero utilizando una teoría de la designación basada en la consideración, no demasiado explicitada, de un conjunto de textos completamente vaciados de cualquier indicación de contexto. Son autores de los que solo se utiliza lo que Butler puede leer en su marco. Lo demás se recorta y se tira al exterior.  
Hay una tesis importante de Butler. Toda identidad corta otras posibilidades de ser. Los sujetos lo intuyen en su melancolía: en esta, recuerdo de lo que se ha abandonado para ser lo que se es, se encuentra la posibilidad de subvertir lo establecido. 
Que Althusser tuviera que asumir la identidad leninista-estalinista para contar otra historia de la filosofía y promover otra filosofía produce melancolía. Era posible otra manera de pensarse a sí mismo, fuera del marco de la siempre funesta obediencia política -Bourdieu y Passeron lo vieron claro y salieron corriendo. 
Que Butler salve a Althusser eliminando su materialismo y colocándolo en una discusión -de autores disecados- con Hegel, Nietzsche, Freud y Foucault produce melancolía: es académicamente presentable en los años 90, pero así se comprende mal. ¿Qué tiene que ver la inestabilidad del inconsciente psicoanalítico con el producido por aparatos de socialización de una formación social compleja? Igual sí, pero es que de formaciones sociales Butler no sabe nada. Y sin estas se sabe poco de Althusser. Los filósofos y las filosofías se convierten en elementos de la alquimia de cada filósofo y de su mundo, decía Ortega. Pero comprender a los filósofos que se utiliza es otra cosa, no consiste en evacuar de ellos todo lo que nuestra identidad intelectual no puede asumir.
Pero igual Butler necesitaba, por razones comprensibles, leer a Althusser sin el fondo del partido de Maurice Thorez y, aún más, sin el fondo del marxismo. Pero sin ese partido, sin la lectura estoico-spinozista del comunismo que hace Althusser, no se comprende su teoría de la ideología; sin su marxismo que proyectaba una teoría sobre el aparato escolar, tampoco se comprende su filosofía.  
Nosotros no estamos obligados a sentirnos interpelados por la obediencia política ni por el textualismo academicista.
Además, la crítica no tiene sentido. Esto no es una crítica, sino una reflexión que nunca entrará, por razones de espacio, en el artículo. Cada visión del mundo es objetiva; desde su lugar, pero no desde otro. Comprender bien ese lugar (que no está en los textos o que está sin teorizarse) permite saber si tienen algo que decirnos al nuestro que, de algún modo, solo podemos elegir bien tras comprender la lógica que habita los lugares que rechazamos... No ya de manera irreflexiva, sino conscientemente, ampliando nuestro poder de conocer y de elegir. 

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