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Amenábar filósofo


Regresión de Alejandro Amenábar ataca tres puntos centrales de nuestro marco ideológico cotidiano. ¿A qué llamo así? Al modo en que nuestras fantasías intentan dar sentido a los acontecimientos, articulándolos en una trama que moviliza nuestra capacidad de narrar, de juzgar y de actuar. Esos tres elementos son, comienzo, la creencia en una fuerza todopoderosa, de este mundo para los más recatados, de otro u otros para los de mente más expansivas. Segundo, la cualificación de la víctima como fuente absoluta de sinceridad y de conocimiento: la psicología, los terapeutas varios, son los peritos de esa verdad, hasta poder provocarla con su ciencia. Tercero, y para terminar, el apoyo al héroe, aquel que acoge el relato de la víctima y la venga enfrentándose, entre la cobardía colectiva, al mal todopoderoso. Ese relato es de origen religioso, pero se encuentra animando impulsos laicos, antirreligiosos.
True Detective reúne los tres elementos y, obviamente, la víctima dice la verdad y la conspiración existe; mas resulta tan poderosa que poco puede hacerse contra ella. Sobre un tema desmontado por Ian Hacking en un libro de filosofía memorable, Amenábar sacude los tres elementos: la fantasía de la conspiración –intra o preternatural-, la claudicación (moral, intelectual…) ante todo el que ocupa la posición de víctima y la masiva pretensión al heroísmo. Y, con todo el edificio, muestra la impudicia epistemológica de cierta psicología. La realidad es mala pero por la miseria y la incultura; las víctimas claro que existen, pero cuando tal posición permite la movilidad social no siempre la ocupan personas honestas. En cuanto a los héroes, suelen ser como esos pececitos del relato Zen que tras pasar una puerta invisible se transformaban en dragones: no suelen enterarse de que lo son y no persiguen serlo. En cuanto a la psicología, la hay más o menos seria. Pero cuando se olvida que trabaja sobre sujetos sensible a las narraciones que ofrece, puede producir aquello que supone constatar.
Después de Ágora, este es el segundo gran servicio a la filosofía de Amenábar.


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