Ir al contenido principal

"Se elige demasiado". Una idea foucaultiana sobre el uso del sorteo

Ayer, durante el coloquio "Tirage au sort et démocratie directe", se planteó el problema de si se necesita una teoría general del sorteo en política. A propósito existen varias propuestas, todas ellas de bastante interés. En mi opinión el problema debe plantearse de otra manera. El sorteo conlleva varias propiedades: no puede planificarse el resultado y utiliza a todos los designables como individuos intercambiables. Las críticas al sorteo han sido siempre las mismas: renuncia a la razón cuando existen criterios que permiten jerarquizar a los individuos. Los partidarios del sorteo sospechamos de esa supuesta razón: detrás de muchas designaciones encontramos simplemente los efectos de una política de redes fundada en el servilismo; tras muchas elecciones consideramos que el consentimiento electoral exige entrar dentro de maquinarias políticas que privilegian transferencias de retribuciones escondidas tras el argumento del mérito. Los efectos destructivos de la vida política de los enfrentamientos electorales, sobre todo cuando estos se basan en facciones artificiosas, pueden constatarse en dos planos: 1) La deriva del discurso en matonismo ideológico, donde la denuncia y el odio de los enemigos ocupa cada vez mayor espacio 2) La promoción, en cada bando, de los individuos que sólo adquieren valor en una situación perpetua de conflicto y de endurecimiento de las barreras. Cuando tales luchadores ocupan el centro de la escena política, procede abandonar toda esperanza. 
Pero no se puede ni se debe despreciar el argumento del mérito. El recurso al sorteo puede servir, sin embargo, como instrumento crítico del proceso de designación "racional" (por voto o cooptación). Su función sería exigir de tal designación que explicite al máximo sus criterios de jerarquización de los individuos. Sin hacerlo, siempre cabe defender la racionalidad del sorteo: entre individuos que nadie sabe jerarquizar, el sorteo sirve para defenderse de los peores enemigos de la vida política en común. ¿Quiénes son? Las facciones disciplinadas y en competencia capaces de secuestrar el espacio común con discursos especiosos y violentos que esconden proyectos de apropiación de puestos y honores. 
En su curso sobre el neoliberalismo, Michel Foucault explicaba cómo el mercado podía ser utilizado como instrumento crítico frente a los excesos del gobierno. El Estado gobierna demasiado, el mercado le recuerda que pueden hacerse las cosas mejor sin su concurso. No simpatizo por las tesis de Foucault en ese curso, pero su enorme inteligencia y elegancia intelectual siempre nos ofrece ideas. En lugar del principio crítico liberal "se gobierna demasiado", podría utilizarse el principio: "se jerarquiza demasiado", es decir, se establecen diferencias que no se justifican bien y en tal circunstancia podría recurrirse al sorteo entre iguales. 
De ese modo, el sorteo funcionaría como instrumento que obligue a objetivar las competencias políticas, lo cual nos ayudaría a saber un poco mejor cuándo y para qué propósitos conviene jerarquizar. El sorteo sería así un operador epistemológico de primer orden para comprender las propiedades que debemos apreciar en la política.


Imagen: kleroteria presentado por Liliane Rabatel y Nicolas Bresch en la Escuela Francesa de Atenas el 31 de octubre de 2015.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una entrevista sobre Pierre Bourdieu con Enrique Carretero

El último número de la revista Tempos novos publica una entrevista acerca de Bourdieu que me hizo el profesor Enrique Carretero, dentro de un especial dedicado al gran sociólogo. He aquí la versión extensa y en castellano de la misma.

1. ¿En qué medida las circunstancias biográficas e históricas han incidido en la configuración de la línea de pensamiento auspiciada por Pierre Bourdieu? Es difícil responder ya que no tenemos una buena biografía sobre Bourdieu y sobre la complejidad de sus redes de influencia. En lo que concierne a Bourdieu mismo, siempre insistió mucho en la importancia de su experiencia de ascenso social y su relativa incomodidad con el medio intelectual. Esa incomodidad se muestra en su importantísimo trabajo de sociología de los intelectuales y de las producciones culturales, donde al lado de un utilización brillante de herramientas procedentes de Durkheim, Weber o Marx se encuentran preguntas, inflexiones en el análisis o descripciones que testimonian cuanto se veía …

¿Qué es un foucaultiano?

Intervención ayer en Traficantes de sueños durante la presentación de Foucault y la política


¿Quién es un buen lector de Foucault? Es uno que no toma de Foucault lo que le viene en gana, sino el que aspira a tener por entero el espíritu de Foucault “porque debe haber el mismo espíritu en el autor del texto y en el del comentario”. Para ser un buen lector de Foucault, un buen foucaultiano, deben comentarse sus teorías teniendo “la profundidad de un filósofo y no la superficialidad de un historiador”

Es una broma. En realidad, el texto anterior resume "¿Qué es un tomista?", un texto del insigne filósofo de la Orden de predicadores Santiago Ramírez, y publicado en 1923. Pero los que comentan filósofos, Foucault incluido, siguen, sin saberlo, el marco de Ramírez. Deberían leerlo y atreverse a ser quienes son, tal y como mandaba Píndaro. El trabajo filosófico, desde esta perspectiva, consiste en
1.Se adscriben a una doctrina y la comentan mediante paráfrasis más o menos logradas y p…

El pueblo de Tebas se aburre de Creonte y Antígona

Sófocles contiene una filosofía profunda de la democracia, no cabe duda. En este blog se ha comentado el clásico de Bernard Knox y, entre los autores que uno frecuenta, Foucault y Castoriadis han promovido lecturas sugerentes sobre las enseñanzas democráticas del genio de Colono. La de Castoriadis resulta de especial interés, pues consigue invertir la espontánea apuesta “libertaria” por Antígona y a mostrarnos la razón que asiste a Creonte. Si la tragedia funciona como filosofía de la democracia es porque renuncia a un Eje del Mal y nos ahce comprender cómo el orgullo nos conduce a aquello que odiamos ser: es la lección de Edipo, prototipo de caudillo sinceramente democrático. Cualquier lector que se entretenga en Sófocles comprueba cómo los personajes se contradicen y ocupan posiciones muy distintas en una y otra réplica. Lo que los lleva a la tragedia es la rigidez, la falta de comprensión de que la verdad se les escapa, de que no pueden tener razón solos. De hecho, el mítico Teseo,…