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Mostrando las entradas etiquetadas como Arendt

Por una sordera militante. A propósito de un libro de Esteban Hernández

Un par de zapatos permanece, por modesto que sea, cuando los utilizamos; los bienes de consumo, por el contrario, se agotan en cuanto los consumimos. La imagen fue de Hannah Arendt e ilustra la diferencia entre el movimiento de la labor, gracias al cual la vida se renueva, y el impulso del trabajo, con el que podemos habitar el mundo y dejar testimonios de nuestra actividad creadora. Entre ambos espacios existen puntos intermedios: quien fabrica tiene un cuerpo mas puede fabricar si hace algo más que servirlo; a la vez, el cuerpo requiere de múltiples objetos técnicos, por ejemplo de un calzado cómodo, para poder cumplir su ciclo de renovación. Pero los grises entre ambas realidades tienen un límite o, de lo contrario, la diferencia perdería su sentido. Un objeto que se consumiera al utilizarlo requeriría unos cuidados especialísimos y, en cualquier caso, saldría fuera de la esfera práctica, cotidiana, que reservamos a los objetos técnicos. ¿Y un cuerpo que fuera labrado como u...

De una alienación a otra. Elogio de la estabilidad en política

Randall Collins en Sociología de las filosofías diagnosticó dos procesos de esterilización intelectual: el exceso de centralización en la China posterior a la época de los reinos combatientes; la ausencia de un centro de anudamiento intelectual en la India contemporánea, fraccionada en pequeñas sectas autosuficientes. Grecia combinó la libertad india con la centralización china: ese fue su milagro. Esta tesis, discutible, pero potente servirá para interrogar dos procesos de alienación política: el del exceso de centralización y el de la dispersión. En su análisis de la degeneración burocrática, Castoriadis la atribuía a la impregnación de la cultura capitalista en las organizaciones obreras. Primero, el marxismo se convertía en una teoría más o menos definitiva, posteriormente, los afiliados de los partidos atribuían omnisciencia política a los dirigentes, para terminar, toda la fraseología democrática no ocultaba que el trabajo de los militantes era aplicar las consig...

Sobre la gran cólera de los hechos II

Continuo la entrada anterior . ¿Qué en los hechos los hace tan sensibles a la falsificación? Creo que dos elementos. El primero es que los hechos no siguen una lógica estricta. Cada momento del presente contiene varias posibilidades. La materialización de una sola es resultado, a menudo, de encadenamientos poco previsibles. Matizo lo de poco previsibles ya que el grado en que una realidad lo es depende, a menudo, de los recursos con los que se cuenta para imprimirle tu intención. Arendt suele ignorar esta dimensión, y es fundamental. Esta imprevisibilidad choca con la tendencia que tenemos a imprimirle un sentido. Necesitamos insertar lógica en los hechos y la manera más sencilla consiste en atribuirlos a un agente, o grupo de agentes, todopoderosos. Estos salvan la lógica a costa de la verdad de los acontecimientos. Tal es la fuerza del dogmático: siempre encuentra un sentido y siempre, cuando se confronta a un público que desea creer, un público de crédulos, tiene ventaja...

Sobre la gran cólera de los hechos I

Foucault clamaba por la gran cólera de los hechos. Pero los hechos son el aspecto más frágil de la experiencia científica y política. Ningún hecho convencerá a un creyente, jamás: todo cuanto se desvíe de su relato se atribuirá a distorsiones.   Distorsiones de la realidad, porque ésta sería violentada por un acontecimiento torticero. Si las cosas fueran como él las cree, que son como debe ser, todo se acomodaría a sus expectativas. Distorsiones de la percepción porque ¿quién puede reunir toda la información relevante de un acontecimiento y decidir cuáles fueron las causas correctas? Los hechos tienen un escaso peso y, de antemano, quien intente contemplar las cosas “con los ojos del cuerpo y no con los de la mente” (Arendt), se encuentra perdido ante los doctrinarios: aquellos a quienes su mente ciega los ojos del cuerpo, a quienes la Verdad revelada insensibliza contra la intensidad de la realidad. Así, una de las frases más subversivas de la historia de la filosofía fue...

Foucault lector de Ión en Isegoría/reseña de La norma de la filosofía

Aparece en Isegoría (nº 49), el artículo "Foucault lector de Ión ", primero de una serie sobre la recuperación de los clásicos grecorromanos y su posible utilidad, anacronismos aparte, para una política democrática. La revista también publica una reseña sobre La norma de la filosofía , firmada por Antonio Campillo.

Víctimas de nuestra propia modestia

La película Hannah Arendt de Margarethe Von Trotta nos propone reflexionar sobre cómo se vinculan dos ideas fundamentales. La primera, los efectos imprevistos de la acción humana y la segunda idea, cómo la lealtad política debe imponerse a las exigencias científicas. El ser humano, escribía la filósofa en La condición humana , siempre es agente y paciente de su acción: en sentido estricto, como no pueden preverse, nadie es absolutamente responsable de todas las consecuencias de sus actos. Al describir la red que produjo el Holocausto, Arendt insistió en algo que fue verdad: sin la colaboración de los líderes judíos, sin su connivencia con las autoridades nazis, los judíos no hubieran podido ser seleccionados, transportados, vigilados y al final asesinados. ¿Y por qué colaboraron las víctimas con los verdugos? Por el principio del mal menor, un principio decente, que sólo puede despreciar un fanático o un aspirante al martirologio –propio y, peor, ajeno. Guiados por un princ...

SOBRE EL SORTEO 2: DIVISIÓN TÉCNICA, DIVISIÓN SOCIAL Y DIVISIÓN POLÍTICA DEL TRABAJO

  Vayamos con nuestra segunda entrada sobre los fundamentos filosóficos del sorteo. Comencemos por la diferencia entre competencias técnicas y competencias políticas. En un momento del Protágoras , Sócrates se lamenta ante el gran sofista de que los hombres de bien sean incapaces de asegurar que sus hijos sean virtuosos. Protágoras, defensor del sistema democrático ateniense, considera que el moralismo extremista (una suerte daltonismo ético que solo ve blancos y negros) confunde a Sócrates. Justos del todo tal vez no sean, pero en la medida en que conozcan leyes y tribunales, y participen en su elaboración, son mejores que los bárbaros. Incluso si se comportan mal, al menos sentirán alguna vergüenza, por poco que interioricen las normas que bañan su ciudad, por poco que alguien se las haya recordado. La vergüenza es clave y ésta surge de las instituciones. Una democracia con participación política masiva no puede, señalaba en un pasaje anterior Protágoras, asegurarse...

Arendt, Marx y Foucault: una nota sobre La condición humana

La condición humana es un libro tan interesante como discutible, con reflexiones profundas pero con conceptos oscuros y alguna conclusión caprichosa. Como es un libro que se ha consagrada como clásico, no resulta ocioso dedicarle un comentario crítico. Al comienzo del libro, Arendt realiza una fenomenología de la política en la antigua Grecia. La política era el mundo común donde los ciudadanos se convertían en iguales mientras que la familia era el reino de la desigualdad. La esfera pública, condición de la ciudad, solo podía mantenerse por la política y resulta posible que ésta desaparezca eliminada por la tiranía –que produce individuos miedosos e incapaces de acordarse- o por la sociedad de masas, donde los individuos se comportan como si fuesen miembros de una familia, esto es, sin ser capaces de ir más allá de sus necesidades y sus afectos y sin elaborar un esfera común. La condición de la vida política era la existencia de un espacio privado, gestionado por los esc...