Ir al contenido principal

Página sobre abusos patronales

Presentación
abuso. (Del lat. abusus). 1. m. Acción y efecto de abusar.

~ de autoridad. 1. m. El que comete un superior que se excede en el ejercicio de sus atribuciones con perjuicio de un inferior. (DRAE).


--------------------------------------------------------------------------------

Podemos dividir la realidad social en dos partes bien diferenciadas. Por una parte, los problemas públicos, publicados, conocidos por todos y que vuelven recurrentemente en los medios de comunicación: el terrorismo, el paro, la delincuencia, la corrupción política... Por otra, los problemas que quedan fuera de las agendas políticas y de los medios de comunicación: sufrimientos, privaciones, angustias, miedos que permanecen en el ámbito de lo "privado", de las conversaciones entre amigos o familiares, que se comparten con los próximos en la habitación de un hospital, en la sala de un tanatorio, en el salón de la vivienda, cuando no se "sufren en silencio" en noches de insomnio, en ensoñaciones en el autobús que nos lleva al trabajo, o que se cuentan, por fin y de forma apresurada y torpe, en la consulta de un médico, en la barra de un bar o en un grupo de "autoayuda".

Estos problemas "no publicitados" no son menos sociales que los "problemas sociales" públicos y publicados. Son, siempre, producto de nuestras relaciones con otras personas, relaciones que no se deben al azar, que están estructuradas socialmente: condiciones de trabajo, distribución social de los recursos, jerarquías de múltiples tipos, divisiones y categorías sociales que distribuyen a los sujetos en función de jerarquías de derechos -empresarios / trabajadores; hombres / mujeres; nacionales / inmigrantes...-. El dolor en las rodillas y en las piernas de una mujer que trabaja en la limpieza por un salario miserable, su falta de tiempo para realizar la "doble jornada" que la lleva a quitarse horas de sueño y a descuidar su propia salud, las humillaciones que sufre en su lugar de trabajo, la constante preocupación por el dinero, la falta de espacio en la vivienda donde varios hijos ya mayores siguen viviendo mientras circulan de un trabajo precario a otro... no son simples problemas "particulares". Remiten a una estructuración del mercado de trabajo, de los derechos laborales, del mercado de la vivienda, de la división de género, del mismo Estado -que regula trabajos, viviendas, relaciones, concede o deniega ayudas económicas, supervisa o no las condiciones de trabajo, ofrece un nivel de prestaciones sanitarias...

Que un "problema" sea "público" o "privado" es el fruto de factores políticos, de relaciones de poder. Todos los días escuchamos los vaivenes de la Bolsa, pero no sabemos nada de los motoristas-mensajeros muertos en "acto de servicio" para cumplir con los horarios prescritos o poder reunir un salario mínimo, de las rodillas o espaldas destrozadas en los lugares de trabajo por primar la productividad sobre cualquier consideración de salud de los trabajadores, de las amenazas que se sufren en los lugares de trabajo, del número de horas extraordinarias forzadas bajo la amenaza de despido y no remuneradas, de los acosos cotidianos que sufren quienes reivindican, simplemente, que se respete la legalidad... Oímos hablar del stress de los ejecutivos, pero no del de los trabajadores y trabajadoras. Escuchamos constantemente los "problemas" de los poderosos, pero muy poco los de la mayoría de la población. Estos problemas rara vez encuentran el camino para entrar en la agenda política y mediática: para convertirse en "problemas sociales" y, por tanto, para poder reagrupar a todos los "dolientes" y exigir soluciones públicas.

Sin embargo, esta situación no es inamovible. Se puede cambiar. Porque el que algo pueda convertirse en "problema social" depende también de la realización de un trabajo político, de un trabajo mediante el cual estas situaciones de sufrimiento se hagan públicas, se denuncien. Este trabajo es necesario para que entren en la agenda pública, pero también para que los "dolientes" se reconozcan como grupo, vean lo "social" tras lo "particular", y comiencen a exigir soluciones públicas a problemas que tienen su origen en factores públicos, sociales. Hemos visto recientemente cómo esto es posible: los "accidentes laborales" o la "violencia de género" están dejando de resentirse como problemas particulares, entre individuos particulares, para concebirse como problemas generales que exigen soluciones generales.

Uno de los dominios que, a pesar de afectar a una parte importante de la población, sigue recluido en el ámbito de lo "particular", es el de los atentados contra los derechos humanos en el ámbito de las empresas. A pesar de que una parte importante de nuestra existencia transcurre en los lugares de trabajo, pareciera que todavía hubiera un cartel a la puerta de muchas empresas que dijera "El que aquí entra, que abandone toda esperanza de exigir sus derechos". Como si el derecho al trabajo excluyera el resto de derechos, como si el ejercicio de la ciudadanía fuera un pasatiempo para los ratos de ocio, como si la democracia se detuviera en los muros de las empresas... Existe toda una serie de "ilegalismos patronales" -e incluso una "delincuencia patronal" - que no aparece en los medios de comunicación ni en las encuestas de "problemas que preocupan a los ciudadanos" -y menos aún en las de "víctimas de delitos"-, que no son objeto de debates parlamentarios, que permanecen tan invisibles como lo eran antaño las violencias conyugales.

Son estos "abusos de autoridad" en la empresa -y el atentado contra los derechos humanos que resulta de ellos- los que queremos denunciar aquí. Reuniendo testimonios, análisis, informes, etc., nuestro propósito es doble. En primer lugar, reunir información sobre la extensión del fenómeno y hacerla pública: ofrecer un foro donde se puedan expresar y denunciar todas esas prácticas empresariales que atentan contra los derechos de trabajadoras y trabajadores. En segundo lugar, gracias a este reagrupamiento de denuncias, mostrar que no se trata de problemas "particulares": luchar para que estos abusos adquieran visibilidad pública, para que entren en la agenda política, para convertirlos en asuntos públicos y exigir la intervención activa de los poderes públicos para que el respeto a los derechos humanos no se detenga a las puertas de las empresas.

Estos son nuestros propósitos. Que dejen de ser meros deseos depende de tu participación.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Los abrigos cambiados

Abraham Lincoln contaba cómo una vez contempló la pelea de dos borrachines y que, cuando terminó, salieron cada uno con el abrigo del otro. A menudo la política es así, y consiste en conflictos en los que nos ponemos ebrios y acabamos abrigándonos en lo que detestamos de nuestro adversario.
Introducir algo de claridad supone pensar en lo que vemos y en aquello que el otro ve. Evidentemente, la ebriedad y la ceguera ocurren porque miramos de modo tremendamente selectivo. Así ocurre, por ejemplo, en nuestro problema nacional español. Donde el partidario de la unidad detecta egoísmo injustificado de ricos, el de la secesión solo percibe un derecho democrático evidente: no se puede estar juntos a la fuerza. Y donde el partidario de la secesión denuncia la violencia estatal, el de la unidad recuerda la protección de las personas silenciadas por el nacionalismo. Personas cuyos votos no se cuentan, cuyas manifestaciones se empequeñecen y cuya identidad nacional se reduce a simple residuo colo…

Didáctica ciudadana: la vida política en las plazas. Etnografía del movimiento 15M

Acaba de publicarse la obra de Adriana Razquin Mangado Didáctica ciudadana: la vida política en las plazas. Etnografía del movimiento 15M, dentro de la colección Antropología y estudios culturales de la Editorial de la Universidad de Granada. Sin duda, el trabajo más ambicioso de etnografía de las asambleas, unido a una reconstrucción documentada del origen del 15M. Ojalá esta obra tenga una recepción -académica y política- a la altura de sus grandes cualidades. Mucho puede aprenderse no solo de una etnografía realizada con mimo y cruzando fuentes, sino también de las innovaciones -reconstruidas en términos de culturas prácticas- que permitieron sobrevivir -y también pusieron en tensión- a las asambleas. Las asambleas, por paradójico que pueda resultar, han sido objeto de escasas reconstrucciones sociológicas complejas. Su nacimiento y desaparición suelen saldarse con imágenes biológicas (efusividad y agotamiento), meteorológicas (igual que aseveraba Spengler sobre la filosofía griega…

¿Qué es un foucaultiano?

Intervención ayer en Traficantes de sueños durante la presentación de Foucault y la política


¿Quién es un buen lector de Foucault? Es uno que no toma de Foucault lo que le viene en gana, sino el que aspira a tener por entero el espíritu de Foucault “porque debe haber el mismo espíritu en el autor del texto y en el del comentario”. Para ser un buen lector de Foucault, un buen foucaultiano, deben comentarse sus teorías teniendo “la profundidad de un filósofo y no la superficialidad de un historiador”

Es una broma. En realidad, el texto anterior resume "¿Qué es un tomista?", un texto del insigne filósofo de la Orden de predicadores Santiago Ramírez, y publicado en 1923. Pero los que comentan filósofos, Foucault incluido, siguen, sin saberlo, el marco de Ramírez. Deberían leerlo y atreverse a ser quienes son, tal y como mandaba Píndaro. El trabajo filosófico, desde esta perspectiva, consiste en
1.Se adscriben a una doctrina y la comentan mediante paráfrasis más o menos logradas y p…