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La lección de Anakin


De entre las muchas lecciones filosóficas a extraer de Star Wars, hay una de especial relevancia: la vinculación entre el mal y el bien absolutos.

Dentro de la República, un grupo de elegidos vigilan la estabilidad del régimen político: son los Jedi, una casta de guerreros súperdotados que profesan una filosofía estoica. Esta nos manda vivir sin más pasión que la devoción al todo. Cualquier afecto humano necesita ser extirpado. La técnica se la enseña el maestro Yoda a Anakin en una escena magnífica: piensa en el mal que más temas y regocíjate porque suceda, sólo así podrás ser libre. “Praemeditatio malorum”, decían los estoicos.

El elegido entre los Jedi (Anakin) tiene un problema: ama. Ama a su madre, a la que no podrá proteger porque se encuentra protegiendo la galaxia, ama a su mujer, con la que debe vivir clandestinamente porque un Jedi se debe a la causa... y ama a su hijo, a quien quiere proteger del destino de su madre.

Pero los Jedi son muy estoicos. Han abrazado la idea de que todo es racional y que la libertad consiste en asumir la necesidad. Lo único importante es su función en la República, el resto son distracciones. Un Jedi, en perpetua movilización íntima, debe construir una subjetividad abstracta, sin pasiones o, mejor dicho, sin otra pasión que el Bien con mayúsculas. La intensidad del amor de Anakin -amo la justicia, pero más amo a mi madre, decía Camus- chocará con ese rigorismo sin fisuras.

El equilibrio lo traerá Luke, su hijo. ¿Por qué lo traerá? En primer lugar, la orden Jedi no existe y ya no puede someter a nadie a vigilancia perpetua: se acabó la Cheka (poca gente se acuerda de que al fundador de la Comisión especial de Lucha frente a la Contrarrevolución, le llamaban el ángel Félix, por su bondad) del pudibundo y mojigato consejo Jedi. Luke vivirá, se enamorará, tendrá celos, amará al competidor de su amada (que es su hermana: pequeña trampa que facilita las cosas, pero bueno…), nunca dominará bien la fuerza porque obedece, y mucho, a su corazón: no tendrá un lugar geométrico donde ordenar sus preferencias y organizar sus pasiones; es hijo de su padre, como no cesa de recordar Yoda. En segundo lugar, Luke confía en su padre, intuye que el bien y el mal dan más de sí que el maniqueísmo Jedi y que debajo de la máscara se encuentra un rostro necesitado de que le vean. En tercer lugar, Luke será salvado por su padre, cuyo amor por su hijo le ayuda a enfrentarse con su propia desolación interior.

Darth Vader salvará a la República, no los Jedi. Necesitará la confianza de su hijo, su amor intuitivo por encima de cualquier evidencia. La fuerza para ser un gran Jedi, un gran servidor del Ideal, sólo surge de la certidumbre de ser amado por quien más amas y de ser amado aunque no lo merezcas. Solo entonces Anakin se sobrepondrá a Vader, vencerá su propia servidumbre con el miedo y eliminará al Mal absoluto, al poderoso emperador –que como un Bush cualquiera, fabricó una guerra, aliado con el Capital (la Federación de Comercio), para destruir la democracia mientras aparentaba servirla.

A quienes estéis viendo la serie con vuestros peques os recomiendo este fantástico libro. A quienes estéis hartos de las vanguardias que poseen la Fuerza, aunque compartáis sus objetivos, y creáis que ellas facilitan el camino al lado oscuro, solo un poco menos que el sistema que combaten, también.

Kevin S. Decker , Jason T. Eberl , William Irwin (eds), Star Wars and Philosophy: More Powerful than You Can Possibly Imagine (Popular Culture and Philosophy), Open Court, 2005
Star Wars and Philosophy: More Powerful than You Can Possibly Imagine (Popular Culture and Philosophy)

Comentarios

Ejercicios Matematicos ha dicho que…
Podemos compartir conocimiento me gustan muchos las historias de star wars Excelente Post. Muy Buen Blog

Anónimo ha dicho que…
me gusta mucho la verdad, soy un fan de la saga, seguire mirando el blog mas adelante ;)

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