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Reseña de Carlos Conchillo en Telos Revista Iberoamericana de Estudios Utilitaristas-2006, (XVI 119-141)

FOUCAULT NO NACIÓ CALVO
Carlos A. Conchillo
I.E.S. Saturnino Montojo. Ferrol



Dicen de Don Niceto Alcalá Zamora que, en lugar de llorar al nacer, nació hablando. Por más que algunos quisieran que Foucault hubiera nacido recitando las líneas maestras de “El hombre y sus dobles” no parece haber sido el caso. Desde análogo parecer, el libro Convirtiéndose en Foucault. Sociogénesis de un filósofo (Barcelona, Montesinos, 2006, 206 páginas), de José Luis Moreno Pestaña, nos presenta al joven Foucault en el “duro aprendizaje de ser genial” (p.39). Llama la atención el hecho de que un ensayo escrito por un español de 36 años sea publicado en francés casi al mismo tiempo, bajo el título En Devenant Foucault. Sociogénèse d´un grand philosophe (Bellecombe-en-Bauges, Éditions du Croquant, 2006), y llama también la atención el calificativo grand que acompaña a philosophe, ausente en el título original. ¿Será que había que contentar a la cofradía francesa, mucho más devota que la española y más numerosa? Lo último no admite duda, por eso es tanto de agradecer que el libro se sume a la bibliografía en español sobre Foucault, máxime si, como es el caso, se trata de una obra brillante, rigurosa y bien documentada. En relación con el grado de su fervor, acaso tenga algo que ver que Moreno Pestaña se atreva a convertir la trayectoria vital del joven Foucault, dedicando especial atención y páginas a los cuatro escritos que éste publicó entre 1954 y 1957, antes de la Histoire de la folie à l’âge classique, su tesis doctoral, en objeto de socioanálisis, el primero en nuestro país si de producciones filosóficas se trata. Una metodología inspirada en la teoría social de Pierre Bourdieu y sus discípulos del Centre de sociologie éuropéenne lleva a Moreno Pestaña a señalar las dudas, vaivenes e indecisiones del joven Foucault, tanto en sus adhesiones institucionales como en sus elaboraciones teóricas, y las entiende como parte de los sinsabores en la labranza de un prestigio ansiado. Parece que Foucault tampoco nació riendo. Esto sólo le aconteció a Zoroastro, rey de los Bactrianos, según dice San Agustín.
“Uno de los desafíos fundamentales del análisis sociológico de un intelectual es intentar establecer la propensión, resultado de una experiencia social del mundo, a actuar de una determinada manera en el campo intelectual” (p.46). Aceptado el reto, Moreno Pestaña tendrá que explica la génesis de las disposiciones intelectuales de Foucault así como el contexto social donde éstas tienen que demostrar su validez al tiempo que son modificadas. Con tal fin se sirve de datos existenciales, intelectuales y sociales, y comoquiera que las dos primeras dimensiones no lo son en sentido bruto, por así decir, sino que reciben su entidad fundamental de la tercera, será la dimensión social la que obtenga primacía expositiva e interpretativa. La dimensión microsocial más precisamente, ya que, sin caer en la tentadora biografía del genio, no se pierde de vista en ningún momento la singularidad del caso que se estudia. Así, Moreno Pestaña se acerca sorprendentemente a la cuadratura del círculo.
Cinco son los capítulos en que el autor divide su libro. El primero nos presenta a la familia de Paul-Michel Foucault, una familia de médicos de Poitiers: su padre y sus dos abuelos lo eran. Pero el joven Foucault, con diecisiete años, se interesaba por la historia y la filosofía, entonces y allí las disciplinas de más prestigio. Influido por las consideraciones de E. Goffman sobre el estigma, Moreno Pestaña sopesa lo que tuvo que ver en su rechazo de la tradición familiar la homosexualidad de Paul-Michel, que le auguraba un futuro marcado por la impostura permanente de un “médico reputado en una pequeña ciudad de provincias” (p.23). Pero no se olvide que también se puede ser médico en una gran ciudad. Se me ocurre que la negativa de Paul-Michel podría tener que ver, antes, con el rechazo a la impostura que habría de soportar como estudiante de medicina en Poitiers, de cuya universidad su padre –como su abuelo materno también lo fue– era profesor de anatomía. Ello pudo pesar en su decisión de seguir estudios distintos que lo llevaran a París. El caso es que en 1945 llega a la capital para preparar con éxito en el lycée Henry-IV el examen de ingreso en la École Normale Supérieure, después de haberlo suspendido un año antes.
El segundo capítulo, “El espacio de trayectorias posibles”, se abre señalando cuál es el objeto del libro que nos ocupa: los primeros textos que escribió Foucault. Moreno Pestaña nos dice que se trata de textos escolares, tanto por los temas que trató como por la manera como los abordó “y las tomas de partido intelectuales con las que intentó singularizarse ante el mundo intelectual” (p.39). En definitiva, textos “inmaduros” donde “palpitan orientaciones teóricas contradictorias” (p.110). Moreno Pestaña entiende la trayectoria del joven Foucault bajo el dominio de una “constante indefinición. Indefinición de los mercados intelectuales en los que intentó hacerse visible; indefinición, también, de la posición que deseó ocupar en tales mercados” (p.39). Tal indecisión explicaría la falta de unidad de sus trabajos predoctorales, su “carácter deslavazado” (ib.). La mayor parte del capítulo está dedicado a explorar esos mercados intelectuales, pero antes situará “al personaje desempeñado por Foucault en el menú de comportamientos disponibles para los normaliens” (p.41), de los que formaba parte cierta neurosis como modo de diferenciarse de lo común. Aquí, y es un logro, las dimensiones personal y social son inseparables. En Foucault, la neurosis adquiere los tintes de una doble vida a la que tiene que recurrir para dar rienda suelta a una sexualidad que ocultaba a sus compañeros, neurosis a la que debieron de contribuir los desequilibrios que conlleva cierto apego a la bebida. El caso es que Foucault intentó suicidarse en varias ocasiones, lo cual, sumado a lo anterior, hizo que “el problema de la psicología y la enfermedad mental” fuera antes “una experiencia personal que un objeto de análisis intelectual” (p.44). Moreno Pestaña no niega la influencia que su homosexualidad pudo tener en sus desequilibrios psicológicos, pero considera otro factor propiciado por la École: “la búsqueda de la excelencia que nada tenía que ver con su homosexualidad” (p.48). ¿Nada tenía que ver? Poco antes nos decía que la tendencia a la huida del joven Foucault, derivada de su homosexualidad oculta, era justamente vehiculada por la escuela, cuyos requerimientos cumplía con afán extremo precisamente debido a la huida que hacía posible: “la sobreinversión en la escuela y en el mundo intelectual tampoco puede separarse de la vivencia desgarrada de la homosexualidad” (pp.46-7). Estamos ante una finta, sobresalto o requiebro argumentativo, figura que Moreno Pestaña encuentra en Foucault (pp.162 y 171) y de la que parece haberse contaminado honrosamente.
Sea como fuere, el interés de Foucault por la psicología y la enfermedad mental no deriva sólo de sus experiencias personales: “eran un tema que figuraba en la agenda intelectual de los aspirantes a filósofos. (…) Sólo de ese modo, los acontecimientos íntimos –entre ellos las opciones intelectuales y las dudas profesionales– pueden cobrar un sentido que ninguna fenomenología (…) podría proporcionarnos” (p.51). Desde la convicción de que la dimensión institucional y la intelectual se implican mutuamente, Moreno Pestaña pasa revista al ámbito intelectual de la École, determinado por la psicología: Lagache; la fenomenología y su visión de la psicología: Husserl, Sartre, Merleau-Ponty; la filosofía de Hegel: Hyppolite, Kojève; la epistemología normativa de Bachelard; la epistemología y lo patológico: Canguilhem; el Partido Comunista, el marxismo y las relaciones de éste con la fenomenología: Althusser, Desanti, Tran Duc Thao; la crítica marxista a la psicología y del psiologismo: Politzer, Pavlov. Todos, y no sólo ellos, reciben cumplido tratamiento en algo más de 40 páginas que no resultan ni abigarradas ni arduas, logro nada desdeñable. También es mérito de Moreno Pestaña haber desvelado la relación del pensamiento del joven Foucault con Lagache y Politzer, así como, al hilo de su exposición sobre Tran Duc Thao, la importancia del lysenkismo, tanta que, según confesiones posteriores de aquél –aunque este tipo de confesiones, como veremos, han de tomarse cum grano salis–, es al hilo del asunto como se plantea la cuestión del poder y el saber.
El tercer capítulo nos presenta a un Foucault, que en 1951 se hace répétiteur de psicología en la École Normale Supérieure, indeciso entre la psicología y la filosofía. Ingresa en la Fundación Thiers, donde fue acusado de apropiarse de correspondencia ajena, institución que abandona para enseñar psicología como asistente en el departamento de filosofía de la ciudad de Lille. Corría el año 1952. Desde 1951 hasta 1955 también dará cursos en la École, donde causa gran impresión. Moreno Pestaña se hace eco de una entrevista posterior según la cual en aquellos días Foucault quería ser “comunista nietzscheano”(p.104) merced a las lecturas de Nietzsche y de Bataille. Semejante oxímoron, interpretado por Moreno Pestaña como la combinación entre “oposición política al orden establecido y concepción trágica del mundo” (p. 105) le da pie para reflexionar, por un lado, sobre cuánto más es lo que debe la reivindicación de antecedentes célebres al deseo de identificaciones distintivas que a la lectura de sus textos; por otro, sobre la tendencia a reinventar el pasado que todo pensador tiene cuando, inconscientemente o no, quiere situar las valoraciones de su presente en sintonía, no siempre fluida, con aquél.
Pero el núcleo del capítulo reside en la magnífica exposición que presenta del prólogo que Foucault escribe sobre la edición francesa del libro del psicólogo L. Binswanger, Traum und Existenz, casi el doble de extenso que el texto de éste. “Filosofía y psicología, Marx y Heidegger, psiquiatría existencial y pavlovismo: detrás de tales alternativas disciplinares y teóricas, se encuentran problemas intelectuales tanto como futuros profesionales, sin olvidar la búsqueda de respuestas a problemas vitales y de identidad personal” (p.111). Más claramente: “La introducción a Binswanger no puede comprenderse al margen de los procesos de inserción de Foucault en el mundo intelectual, de los temas que debían desarrollarse, de los autores a los que debía discutirse y de los problemas a los que se debía aludir […] acompañado de un intento por reconstruir sociológicamente la trayectoria íntima del filósofo en ciernes” (p. 136). De todo ello tratará el capítulo. En el nivel teórico, Moreno Pestaña muestra cómo Foucault elige, de entre los temas que trata Binswanger, el de la imaginación y la imagen, acaso del que más réditos filosóficos podía obtener. Ni Freud ni Husserl han analizado la estructura sintáctica de las imágenes, para cuya comprensión recurre Binswanger al sueño, que, al no reducirse a su contenido objetivo, deja de ser explicado por la psicología para convertirse en el espacio donde se despliega la existencia humana (pp. 116-7). En dicho texto, la enfermedad mental se entenderá en virtud de la existencia inauténtica de Heidegger, por ello la filosofía “debe ocupar el puesto de mando de la psicología; la cura existencial preceder y gobernar la cura terapéutica” (p.120).
Foucalt “apuesta fuerte en el campo intelectual” (p.121), no hay duda, tanto por las reflexiones teóricas que el texto no acomete pero promete acometer en futuras empresas, como por “una estrategia de singularización del autor respecto de la oferta filosófica corriente” (p.122). A ello contribuye el hecho de que presente como innovaciones suyas lo que no lo son, como es el caso de su crítica a Husserl, donde recurre a lo contenido en sus manuscritos inéditos, que conoce y no dice. Por lo que se refiere a las relaciones entre la experiencia íntima de Foucault y las elaboraciones teóricas del texto, volvemos a encontrarnos con otro de esos “requiebros argumentativos que dislocan la cintura del lector” (p.171). Como el que mencioné antes, tiene que ver con el espacio de inserción de la dimensión individual: “sólo una psicología del intelectual extraordinariamente endeble puede, sin más […] poner en relación directa el interés de Foucault por la psiquiatría fenomenológica y sus experiencias íntimas desgraciadas. Dicho esto, la experiencia íntima de Foucault […] aparece, cabría decir, y sin exceso retórico, casi explota, en diferentes momentos del trabajo sobre Binswanger” (p.137). Respecto de dichas relaciones debemos mencionar el flirteo de Foucault con el suicidio en el ámbito de la existencia auténtica de Heidegger y el ser-para-la-muerte, así como su resistencia “intelectual y personal al diagnóstico psiquiátrico” (p.144).
El cuarto capítulo se ocupa del libro de Foucault Maladie mentale et personnalité, publicado en 1954, el mismo año en que aparece su prólogo al libro de Binswanger. Textos escritos casi al mismo tiempo que muestran posiciones distintas en el debate entre la filosofía y la psicología: mientras que en el texto sobre Binswanger hay un acercamiento notable a la filosofía en desmedro de la psicología, en el libro sobre la enfermedad mental “nunca estuvo Foucault más cerca de abandonar la filosofía y dar el salto a las ciencias sociales” (p.172). Consecuencia de influencias intelectuales antagónicas y de la ambigüedad de su posición intelectual, cierta inestabilidad se muestra también en el interior de este texto. El libro se inicia estableciendo las diferencias entre patología mental y patología orgánica, y se dirige hacia la posibilidad de que la psicología se convierta en ciencia. En el camino se sirve de la constatación de la importancia que la alienación histórica tiene en los desequilibrios mentales, así como de la obra de Pavlov, “que ayuda a desprenderse de los mitos de la locura como alteridad absoluta” (p.158) y, por tanto, la hace susceptible de ser tratada por la comunidad de científicos. Desde la dialéctica fisiológica de Pavlov y la dialéctica crítica marxista se podrá acceder, entonces, a una patología unitaria, justo “lo que al principio se negó” (p.163).
Moreno Pestaña encuentra en el estilo narrativo del libro las marcas propias de las disertaciones escolares, en las que el misterio en el desarrollo ocupa un lugar relevante. Ello ayudaría a explicar la abundancia en Maladie mentale et personnalité de sobresaltos o requiebros argumentativos: “Tras exponer una tesis, de modo cuidadoso y parecería que con aprobación, Foucault presenta de manera más o menos inesperada, en un momento u otro del texto, una frase inesperada que la desmiente” (p.162). Ello casa con cierta ambigüedad que emana del texto y deriva de “su propia posición institucional, sus posibilidades profesionales y, por ende, su propia conciencia teórica”, igualmente ambiguas (p.156). Como ya he indicado, Moreno Pestaña asume en ocasiones tal proceder. Ello no sucede respecto de la “ausencia de referencias directas a los trabajos que inspiran su escritura” (p.164), presente, valga el heideggerianismo, también en este texto de Foucault, porque Moreno Pestaña deja claro su apego a la escuela de Pierre Bourdieu, si bien se echan en falta algunas aclaraciones sobre el uso que se hace de ciertos términos, como el de campo y, muy especialmente, el de habitus, que, aunque puedan dificultar la fluidez de la lectura –más lo hace el poco afecto que Moreno Pestaña muestra hacia las afirmaciones tajantes, lo que provoca el menudeo de circunloquios en forma de negaciones que invierten el significado de verbos que a su vez invierten el de otros, práctica que por fortuna va disminuyendo a medida que avanza el ensayo– la lectura hacia el final se ve premiada por la cabal comprensión del uso de dichos términos.
Para completar el análisis social y el discurso científico-cultural de Maladie mentale et personnalité, Moreno Pestaña descubre qué líneas argumentativas del libro responderían a las inquietudes vitales de Foucault en relación con la patología mental: la doble vida no la implica necesariamente, las disciplinas que la diagnostican son recusadas, y la diferencia es aliada de la genialidad.
El último capítulo está dedicado al estudio de dos artículos que Foucault publicó en 1957: “La psychologie de 1850 à 1950” y “La recherche scientifique et la psychologie”. Especialmente en el segundo artículo, las vacilaciones y tensiones teóricas de Foucault muestran cierto sosiego, acercándose más al prólogo del texto de Binswanger por lo que al papel de la filosofía se refiere que a la vindicación de la psicología de corte marxista de Maladie mentale et personnalité. La redacción del artículo sobre la investigación científica se inscribe en un momento en el que el prestigio social de los estudios de psicología distaba mucho del concedido a los filosóficos: “Todo el mundo está de acuerdo en que un licenciado en psicología no sabe nada” (p. 186), escribe Foucault no exento de agresividad. En la crítica a la que la somete, un “catálogo ejemplar de tópicos filosóficos”(p.187) donde Moreno Pestaña encuentra la reformulación de las tesis de G. Politzer, Foucault afirma que en psicología “no hay más que ilusiones”(p.188); y así como aquéllos que para ver qué hay detrás de una puerta de cristal miran por el ojo de la cerradura (la figura es de Foucault, p.189), el uso que hace de los métodos científicos “sólo sirve para descubrir banalidades” (p.188). Llegados a este punto, el único papel que Foucault reserva a la psicología consiste en los “posibles efectos existenciales […] que sus tesis tienen en algunos de sus lectores y practicantes” (pp. 191-2), papel que Moreno Pestaña no acepta de buen grado porque la reflexión que ahí le conduce se sustenta “en una crítica epistemológica […] harto discutible” (p.193), mas, siguiendo un proceder usado por Foucault en su introducción al texto de Binswanger, nada nos dice sobre tal discusión.
Inspirado en Bachelard, a quien no nombra, Foucault llega a la conclusión –y aquí su alopecia ya es imparable– de que la psicología depende de las instituciones dominantes, no sólo por lo que se refiere a su ámbito de actuación, también en relación con sus valoraciones y juicios. Foucault tampoco cita a Canguilhem, cuyas tesis expuestas en una conferencia de 1956 “coinciden asombrosamente con la caracterización epistemológica de la psicología realizada por Foucault” (pp.197-8). Según Canguilhem, la determinación del ser humano como útil orienta los conceptos y el proceder del psicólogo, pero tal determinación ha de quedar ignorada a cambio de cierta eficacia pragmática en su tarea como carcelero. “Si la psicología rechaza a la filosofía, su destino será montar guardia en los calabozos” (p.201). Así lo entiende Canguilhem y así lo entiende también Foucault, quien, en “La recherche sicentifique et la psychologie”, acaba de convertirse en sí mismo.
La espléndida exposición de Moreno Pestaña deja al cerrarse la impresión de un alimento extraordinario y muy nutritivo que cumple con creces el objetivo que se ha propuesto –la descripción de “cómo se construye socialmente el genio” (p.202)– aunque, paradójicamente, se echen en falta algunas páginas que diluyan la excesiva complejidad teórica del final, acaso un comentario más detallado del último texto abordado o una mayor procura de las cuestiones sociales y existenciales implicadas en el mismo. Que estas cuestiones –en definitiva, la misma– son imprescindibles en el tratamiento de temas filosóficos queda sobradamente de manifiesto. Lo que no es lección desdeñable para aquéllos que, como la ligera paloma de Kant, busquen la ausencia de aire para volar mejor.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Carlos Conchillo, me ha gustado su trabajo, despues de leerlo y analizarlo, he llegado a la conclusión de que...Usted si que piensa, si señor! enhorabuena
Anónimo ha dicho que…
Carlos soy Judith tu alumna.
Me he leido el trabajo pero bueno creo que es un poco complejo para mi.
Anónimo ha dicho que…
Carlos, he leído su trabajo... es muy interesante, lo he leído mientras trabajaba en mi empresa, es una gran reflexión... no entiendo lo de no nació calvo... siga así
Anónimo ha dicho que…
mr. carlos, I think your work is great as your reflexions are very interesting, and your opinion about foucault is very exactly and correct... so thanks for show it to us in your blog!

Yours faithful,
Thomas
Anónimo ha dicho que…
Mi apreciado Carlos Conchillo, me gusta tu trabajo, como escribes, tu forma de pensar y sobre todo la de discutir con algún compañero
Anónimo ha dicho que…
MU BUENO MU BUENO, BLAVÍSIMO

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