Ir al contenido principal

Etnografía de una ceremonia filosófica


La exigencia fenomenológica de descripción se aplica contadas veces a las ceremonias filosóficas. Este comentario que envía Carlos Calvo Varela (estudiante de filosofía en Santiago) es una excepción. Sirva de ejemplo.

Lo que primero me llamó la atención fue la distribución en el espacio de los profesores asistentes a la charla. En las asambleas de estudiantes es bastante frecuente que los grupos que intentan hegemonizar el encuentro se distribuyan por la sala ocupando todos los ángulos para dar sensación de multitud. Casi como la clásica formación del fútbol de principios de século, em WM. El profesorado de la facultad, si bien se distribuyó exactamente de esta manera, la intención era totalmente distinta. Los grupos de estudiantes que quieren controlar la asamblea buscan con esa distribución crear una red con la que “pescar” el auditorio. Los profesores querían reservarse su parcela de individualidad: no querían compartir con nadie su participación de lo sagrado (el profesor Hinske, en su día alumno de Heidegger, funcionaba como un auténtico santo del Dios académico), como se demostró en el turno de preguntas. Éste siguió en todo momento una escrupulosa direccionalidad: profesor-Hinske, profesor-Hinske... Sin que la secuencia fuese nunca interrumpida por un intercambio de opiniones entre profesores. Cada uno estaba interesado en lo suyo. Era como si la charla “colectiva” fuese más bien una música de espera (de esas que ponen en los teléfonos) entre una charla íntima, de discípulo-maestro, que era fastidiosamente interrumpida por otros discípulos (menos dotados) que interrumpían en el despacho del maestro (seguramente para preguntar banalidades que en el fondo sólo son excusas para hacer la pelota; ya se destacó a menudo que los filósofos más ardientes detractores de cualquier “reducionismo sociologista”, son los primeros en aplicarlo groseramente a sus enemigos académicos).
En todo caso, la centralidad de la ceremonia la ocupó la liturgia de la sagrada escritura. El señor Norbert Hinske facilitó su trabajo “¿Quiénes son los herederos de la ilustración? Criterios para una respuesta”, impreso en español. Pero lo cierto era que no sabía hablar español, y su lectura tuvo que ser en alemán. En ese momento el ritual académico se hizo más transparente. En la sala sólo tres o cuatro personas sabían alemán, y aún estas, se centraban como jefes bororo de la leçon d´écriture sobre el papel. El resto de la gente (entre los que me cuento yo), incapacitada para seguir un conferencia en alemán, fingían leer el texto acompasados a la lectura alemana del sacerdote, cambiando de folio en el preciso instante en el que el conferenciante lo hacía, produciendo una tensión sincrónica total en la sala. Al llegar a la última página, el aplauso estaba preparado como un resorte que saltó cuando hubo un silencio en alemán.

Comentarios

Carlos ha dicho que…
Hola José Luis,

Acabo de ver un error en el texto: cuando hablo del jefe borobo de la "Leçon d´écriture" estoy equivocado, en realidad es de los nambiquara.

Por otra parte, me gustaría saber vuestra opinión sobre unas ideas que, creo, se pueden aplicar a la antropología de los intelectuales.

Si seguimos a Durkheim, un rito colectivo como el de, por ejemplo, una fiesta popular, es sobre todo una manera de "engrasar" –a través de un gasto al que todo el grupo contribuye pagando religiosamente (nunca mejor dicho) su parte de "impuesto ritual"– las fricciones que el día a día provocan entre los integrantes del grupo que, despues de todo, tiene también sus intereses personales.
El ritual filosófico al contrario, parece que busca perfilar estas diferencias y fricciones (veladamente, claro), antes que rebajarlas. El acceso a lo sagrado (la cabaña de Heidegger, los archivos de Husserl...) es una competición individual. En el artículo "Les modes de domination" [se puede descargar em www.persee.fr; ver p. 124] Bourdieu habla de los ritos de transmisión del conocimiento en diferentes culturas. La filosofía, seguramente por ser el saber que peor acepta un examen objectivo exterior (de hecho es un discurso blindado a este tipo de verificaciones), y cuyo monopolio está más concentrado, se transmite sobre todo por contacto mágico. Así se explica la importancia de estos rituales. En la conferencia de Norbert Hinske que menciono, uno de los profesores presentes no habló de una gran contribución filosófica del alumno de Heidegger que le hubiese sido especialmente útil, sino como, en una comida, le reprochó severamente "haber cortado las patatas con el tenedor y no con un cuchillo". Algo bastante parecido al Zubiri deslumbrado ante la áurea de Bergson que comentó José Luis Moreno. Se destaca, ante todo, ese acceso íntimo y privilegiado a lo sagrado-filosófico, como a un cogito cartesiano encarnado en persona.

Entradas populares de este blog

¿Qué es un foucaultiano?

Intervención ayer en Traficantes de sueños durante la presentación de Foucault y la política


¿Quién es un buen lector de Foucault? Es uno que no toma de Foucault lo que le viene en gana, sino el que aspira a tener por entero el espíritu de Foucault “porque debe haber el mismo espíritu en el autor del texto y en el del comentario”. Para ser un buen lector de Foucault, un buen foucaultiano, deben comentarse sus teorías teniendo “la profundidad de un filósofo y no la superficialidad de un historiador”

Es una broma. En realidad, el texto anterior resume "¿Qué es un tomista?", un texto del insigne filósofo de la Orden de predicadores Santiago Ramírez, y publicado en 1923. Pero los que comentan filósofos, Foucault incluido, siguen, sin saberlo, el marco de Ramírez. Deberían leerlo y atreverse a ser quienes son, tal y como mandaba Píndaro. El trabajo filosófico, desde esta perspectiva, consiste en
1.Se adscriben a una doctrina y la comentan mediante paráfrasis más o menos logradas y p…

El pueblo de Tebas se aburre de Creonte y Antígona

Sófocles contiene una filosofía profunda de la democracia, no cabe duda. En este blog se ha comentado el clásico de Bernard Knox y, entre los autores que uno frecuenta, Foucault y Castoriadis han promovido lecturas sugerentes sobre las enseñanzas democráticas del genio de Colono. La de Castoriadis resulta de especial interés, pues consigue invertir la espontánea apuesta “libertaria” por Antígona y a mostrarnos la razón que asiste a Creonte. Si la tragedia funciona como filosofía de la democracia es porque renuncia a un Eje del Mal y nos ahce comprender cómo el orgullo nos conduce a aquello que odiamos ser: es la lección de Edipo, prototipo de caudillo sinceramente democrático. Cualquier lector que se entretenga en Sófocles comprueba cómo los personajes se contradicen y ocupan posiciones muy distintas en una y otra réplica. Lo que los lleva a la tragedia es la rigidez, la falta de comprensión de que la verdad se les escapa, de que no pueden tener razón solos. De hecho, el mítico Teseo,…

La identidad de clase en los años de los significantes flotantes

(He aquí el comentario que se ha publicado hoy en la página web de Sinpermiso y a la que se puede acceder pinchando aquí)
Un libro debe juzgarse por los interlocutores que escoge. El trabajo de Ricardo Romero Laullón y de Arantxa Tirado Sánchez se esfuerza por establecer un diálogo con lectores no entrenados en las discusiones académicas. No resulta fácil porque el libro presenta sus argumentos invocando un doble registro. Por un lado, se encuentra la experiencia personal de los autores. Por otro, ambos son universitarios y recurren a argumentación teórica. Si hay algo que me escame de su trabajo es la saña, por cierto muy a la moda, con la que aborrecen la cultura académica, cultura sin la cual no hubieran podido escribir. Ciertamente, acuden a una lecturas quizá minoritarias pero no menos académicas. Como buen libro escrito a cuatro manos todas las hebras no se encuentran bien anudadas en el cáñamo del discurso y uno puede saltar de estados de la cuestión muy solventes a desahogos. M…