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Escribir sobre intelectuales

“Entre nous, ce sont choses que j’ai toujours vues de singulier accord: les opinions super-celestes et les moeurs souterraines” Michel de Montaigne

Y las costumbres subterráneas tienen efecto en los discursos celestes: en cuáles, en cómo y en dónde se actualizan. ¡Vaya si lo tienen! Hegel también lo decía en el prefacio a la Fenomenología del espíritu. Una cosa es el camino que se hace en albornoz y otro cuando uno se viste de sumo sacerdote. Pero están relacionados. Los intelectuales son especialistas en la manipulación de bienes simbólicos, por tanto, las precauciones epistemológicas que hay que tomar ante sus discursos deben multiplicarse. En muchas ocasiones, los discursos de los intelectuales son discursos apologéticos. Hay necesidad de cruzarlos con los datos disponibles de otras dimensiones de su existencia. A menudo, deben reconstruirse los datos que más se ocultan, que según mi experiencia específica son el peso real de su origen social y familiar en su trayectoria y sus ideas y ¡sobre todo! las redes institucionales a las que realmente pertenecen. Esas redes abren muchas más puertas de las que se dicen y fraguan lealtades y amigos muy distintos a aquellos de los que se presume.
La imposición de los discursos de celebración o de descalificación es enorme. Por tanto, hay un proceso permanente de reconstrucción colectiva que tienen que ser relacionado con la trayectoria del individuo, es decir, con la historia que se analiza y con el efecto que la reconstrucción por parte del interesado (o de un miembro de su sección de agitprop) tiene en su posición en el campo.
La reconstrucción meramente realista de una trayectoria o de un pensamiento tiene todas las papeletas para pasar por un insulto. Uno de los instrumentos más poderosos de objetivación es poner fecha a qué se dice e intentar situar los interlocutores, es decir, relacionarlo con las redes del campo político e intelectual y compararlo.
Las reacciones suelen ser muy violentas. Una de las formas más sibilinas de sacralización es intentar volverlo todo coherente. Los jefes de las capillas -representantes de un grupo que vive de la referencia a un nombre propio- son expertos en eso: su trabajo consiste en tejer coherencia donde no existe y en fusilar a quien apunta hacia los vacíos. Las tesis doctorales exclusivamente teóricas, que ciegan de antemano a los individuos enfrentándolos sólo a discursos, y a intentar decir algo interesante mediante su recombinación creativa, preparan para semejante beatería intelectual. Tampoco ayuda mucho cuando el argumento se construye sin comprender los discursos, concentrándose sólo en datos socioinstitucionales. Escribir y sus modalidades (géneros, variantes, temas...) es una realidad que necesita análisis y que no puede sumergirse en otra, como si en nada contara. El cruce de las dos es lo importante.
¿Y los clubs de fans de los intelectuales? Cuando no son únicamente -pues los ángeles del cielo están allí, no aquí- mesnadas cínicas -lo que no quita, por desgracia, para que estén también entontecidas y fanatizadas- al servicio de una empresa (política, académica, personal), merecen todo el respeto. Su objeto de creencia puede ser distinto -o a veces sólo un poco distinto: lo malo de las creencias es que necesitan a veces el todo o nada- de lo que desean, pero la necesidad de referentes  morales e intelectuales es básica para vivir, para saber a qué atenerse.
Los pingos almidonados -algunos dándoselas de nietzscheanos- se ríen de los creyentes. Un buen spinozista nunca puede hacer eso. De hecho, cabe admirarlos, si no en sus elecciones, sí en su deseo de verdad, de coherencia y de belleza. El problema es que la interiorización del cálculo en todos los terrenos de la vida hace que exista cada vez menos creyentes auténticos y más contables de las plusvalías simbólicas. Y entre gente jovencísima y que tiene sobre sí misma un discurso de lo más celestial.
NB un día después: Un amigo me pregunta por la expresión "pingo almidonado". Es de Gramsci y mejor leerle en esta carta a Julia.

Comentarios

belezanano ha dicho que…
Honestidad y necesario desencanto de lo celestial para escribir sobre intelectuales.

Pepe, me quedo con la certera frase: “El problema es que la interiorización del cálculo en todos los terrenos de la vida hace que exista cada vez menos creyentes auténticos y más contables de las plusvalías simbólicas.” -Coleccionistas de camisetas revolucionarias, po´ favo´, dejad de consumir y comprometeros-.

Alerta máxima, poner en acción todos los mecanismos epistemológicos para los especialistas en la manipulación de bienes simbólicos (sobre todo con el sabroso análisis de la estela de las redes institucionales/políticas/simbólicas).
Pero ¿Qué pellizco de moral, costumbre o intencionalidad a pesar de ser captada, no podrá ver la luz por esa imposición de celebración, alianza o decoro?

Será respuesta honestidad, llamémoslo honestidad.
Damián Omar M.A. ha dicho que…
Pepe,

Tus textos, breves o largos, siempre desprenden enseñanzas por todos sus poros...

Sobre esta cita:

"La reconstrucción meramente realista de una trayectoria o de un pensamiento tiene todas las papeletas para pasar por un insulto. Uno de los instrumentos más poderosos de objetivación es poner fecha a qué se dice e intentar situar los interlocutores, es decir, relacionarlo con las redes del campo político e intelectual y compararlo"

Me enfrento con esta cuestión para la escritura de mi tesis. Trato de realizar esa objetivación sociológica (1. poniendo fecha a qué se dijo, o a cuando el libro o artículo fue publicado en una lengua y traducido/publicado a otra lengua; 2. situando a los interlocutores; 3. situando las instituciones en las que el intelectual en cuestión ejerce y ha ejercido cargos de investigación/docencia/ como 'experto'; 4. señalando aquellos que han contribuido a que su obra haya sido traducida/editada en otra lengua).

Mi cuestión es: ¿en qué se diferenciaría esta reconstrucción 'micro-contextualista' con la que tu llamas 'realista'? y ¿Para qué o quién sería un insulto esta última: para el propio autor al que estudiamos y sus colegas, o para la propia labor de investigación sociológica de la creación intelectual?

Un saludo
Damián
José Luis Moreno Pestaña ha dicho que…
Es lo mismo, amigo Damián. El insulto: en primer lugar para sus beatos: hay un conjunto de gente cuya una ocupación consiste en reverenciar a un autor y convertirse en sus guardias. Pretenden ser filósofos pero son unos escoliastas. Los verdaderos intelectuales suelen ser realistas y no reaccionan de manera agresiva, normalmente
saludos
Damián Omar M.A. ha dicho que…
Gracias por tu respuesta. Sigo pues, en el esfuerzo...

Un saludo!
Damián

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