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Discriminación corporal, regulaciones jurídicas

¿Sería posible hoy alguien como Sartre?, se preguntaba un sociólogo francés (Jean-Louis Fabiani) en su blog. Efectivamente, se podría pensar que alguien tan escasamente agraciado como el gran filósofo tendría pocas posibilidades de energía emocional positiva de su entorno y, por tanto, de hacer carrera. He analizado en mi libro el aumento del valor del capital corporal en la vida cotidiana como un proceso largo que ya empezaron a advertir Simmel y Ortega, con su “señorito satisfecho”. ¿Sería una investigación interesante el análisis del cultivo del capital corporal –y el consiguiente descuido del cultural- como forma de promoción universitaria, incluso en los centros de vanguardia crítica, en principio, más alejados de los patrones de la sociedad dominante? Me temo de que mucho. Una economía de servicios y una carrera profesional no regulada -y aún- incluye la presencia física como una condición implícita y vergonzante –caso del medio universitario y cultural- y a menudo explícita, caso de los puestos de atención de ciertos establecimientos comerciales. Es el caso que narra hoy el diario Público, el de una chica, licenciada en Derecho y máster en Marketing cuyo peso le impidió acceder a un empleo para el cual se exigía una determinada morfología física. Público parece decir que la Ley integral de igualdad de trato aprobada por el gobierno permitirá protegerse contra tales abusos. Habrá que ver cómo. La obsesión por la apariencia corporal, es decir, la conciencia de que se trata de un recurso fundamental en la actividad cotidiana se encuentra claramente extendida (solo hay que ver a muchos hombres y mujeres de la política, empezando por el gobierno). La colonización del imaginario compartido se encuentra incluso en quienes teóricamente combaten al sistema y la contención de la morfología corporal, no reconocida como tal, es uno de los criterios de pertenencia a dichos universos sociales: véanse los casos de trastornos alimentarios dentro de medios izquierdistas narrados en Moral corporal, trastornos alimentarios y clase social. Sólo en algunos ambientes, socialmente poco valorados y cuya extensión es limitada (pero no marginal), tienen curso común los modelos corporales ajenos a la norma. ¿Quién obligará a los empresarios a actuar como si no importara lo que todo el mundo sabe que importa, esto es, el cultivo del capital humano, y dentro de él, del capital corporal como forma de revalorización del capital variable en el mundo neoliberal de la competencia continua en todos los planos de la existencia? ¿Con qué instrumentos jurídicos? Si un trabajo se le puede negar a alguien por falta de competencias físicas (por ejemplo, en los trabajos proletarios, que aún quedan y muchos y en trabajos de bombero, militar o guardia), ¿por qué no por su morfología física? ¿Desde qué ética concreta del cultivo de otra cultura somática más plural y menos legitimista va a reivindicarse? Para quienes estamos por el combate contra semejante estado de cosas, se impone seguir el desarrollo de la ley y los debates que producirá, si es que es algo más que un titular de prensa, con mucho interés.










Comentarios

Anónimo ha dicho que…
http://www.magazinedigital.com/reportajes/los_reportajes_de_la_semana/reportaje/cnt_id/5553
José Luis Moreno Pestaña ha dicho que…
Muchas gracias anónimo.
JL

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