domingo, julio 29, 2012

La inteligencia del Capital



La diferencia entre una ideología ineficaz y otra eficaz consiste en que la segunda mintiendo descaradamente en lo fundamental reconoce bastante verdad. Nada hay más absurdo que una apología edulcorada de esas que caracterizaban al fascismo y al estalinismo. La ideología capitalista dura porque es mejor, porque es más dúctil, deja más espacio a la verdad. Quienes se le oponen debería aprender e introducir en su discurso tanto sentido de la realidad como su enemigo. Por desgracia, no todos lo hacen, siguen produciendo retratos del mal demasiado compactos y por eso no resultan creíbles.

Sublime y magistral nos lo muestra Batman: El regreso del caballero oscuro, que merecería ocupar un lugar de excepción entre las grandes maravillas contrarrevolucionarias, junto a Doctor Zhivago, a la que dicho sea de paso la película homenajea en algunas escenas (como en la ocupación por la chusma de los hoteles de lujo). Gotham es un desastre completo, todo el mundo lo sabe y el primero Bruce Wayne. Los ricos hacen alarde de caridad pero los niños pobres prefieren trabajar en las alcantarillas que en casas de acogida que llevan dos años sin subvención. Porque el Estado Social es una broma y todo depende pues de la magnificencia caprichosa de los mecenas. Como Wayne ha estado deprimido, se le pasa subvencionar un asilo de niños y algunos de ellos se escapan y mueren enredados en el crimen. Catwoman, el personaje clave del film, lúcida como Yuri Zhivago (ambos recorren todos los mundos y tienen una posición epistemológica privilegiada), se lo dice con rabia al niñato de Wayne: “¿Creéis que podéis durar mucho viviendo con tanto y dejando a la gente con tan poco?”.

Porque en los bajos fondos se ha criado y se prepara para emerger un Strelnikov terrible. El abrigo largo y de cuero de la Cheka es ahora un mixto estético entre Rage Against the Machine y los terroristas chechenos. Como Strelnikov, Bane fue un hombre noble, muy noble, y sufrió las humillaciones más espantosas. Hasta su aspecto de psicópata es un rastro de la crueldad inmunda con la que se pagó su gran generosidad. Mientras, los ricos seguían divirtiéndose, haciendo abdominales, ligando con modelos de lencería y jugando al Monopoly financiero.

La policía sabe bien que el sistema está corrupto y no sienten ninguna piedad cuando Bane (disfrazado de repartidor postal mal pagado y con una tropa vestida de friegasuelos o de distribuidores de comida rápida: la película es más que inteligente) secuestra a la gentuza que puebla Wall Street. Antes se nos presenta grosera con los de abajo (pero en este caso eran Bane y su ejército de proletariado posfordista) y cínica. “Aquí no hay dinero que robar”, le dice un broker a Bane. “¿Ah sí? Entonces no estaríais aquí”, le responde. Fuera, un policía que rodea el edificio, le dice al representante de la Bolsa que le reclama una intervención rápida: “Yo no me juego nada, el dinero que tengo lo meto bajo el colchón”.

Bane es eficaz y puede ganar. Pero se encuentra corrompido por el odio y aquello que va a instaurar –tras su lenguaje Occupy/15M- es una mezcla de violencia terrorista y pobreza estalinista. Nada más llegar al poder empieza a nevar (la película ahí tiene un tinte vulgar: le falta ponerles a todos gorros de astracán y estrella roja. Por suerte, no lo hace), se forman colas soviéticas y grotescos tribunales sans culottes maltratan a las viejas clases dirigentes. La película muestra que lo merecen porque en Gotham quedaban tres personas justas además del autocomplaciente Wayne: un policía que viene del arroyo, verdadero servidor público (tanto que al final abandona un Estado podrido), el comisario Gordon –pero que se sabe cómplice de la gran mentira- y Catwoman. Pero Bane, como Strelnikov, no conoce límite en su resentimiento y además carece de otro plan que no sea decir las verdades sobre el enemigo… ocultando la propia oscuridad.

La maldad de tu enemigo no te hace bueno, el sufrimiento injusto no otorga cualidad alguna en política. Ese es el mensaje de la película, el central y lo que la vuelve mucho más penetrante filosóficamente que las pamplinas conspiranoicas de Matrix: nosotros, dice el Capital, sabemos quienes somos, lo podridos que estamos y lo mal que lo estamos haciendo. Los que nos atacan tienen toda la razón para estar indignados pero su indignación no sirve para montar la vida en común: únicamente para generar el caos. Al fin y al cabo nosotros podemos reformarnos pero ellos, autosatisfechos en la pureza de su ira (completamente justificada), recogiendo la hez del resentimiento, no saben nada de política, es decir, de construir una ciudad habitable.

Se aprende más de un enemigo inteligente que de un amigo tonto. Y no hay mayor tontería que la creencia en que uno es bueno porque se enfrenta a malos. De eso nada: puede uno ser también malo, hasta peor. Mucho peor. Sobre todo si no sabe proponer nada que sea viable y mejor que la organización social que critica.

Tal es la verdad profunda de la ideología capitalista. Por eso cala en la inteligencia profunda de la gente, por eso creen, haciendo un mohín de disgusto, de mucho disgusto, en el orden de las cosas.

Para ganarles y mejorarles se debe comenzar por estar a su altura, que solo es parca para los maniqueos. "Existe la posibilidad de que, en este período, los extremos históricos se encuentren otra vez: la conciencia más avanzada de la humanidad y la fuerza más explotada", escribía Marcuse en la última página del Hombre unidimensional. El lenguaje nos suena hoy demasiado rimbombante, pero como ayer, sirve para advertirnos de que la operación no es sencilla.

4 comentarios:

José Luis Moreno Pestaña dijo...

Un amigo me advierte de este interesante comentario crítico:
http://www.grundmagazine.org/2012/de-como-batman-se-hizo-neocon/

Cantamañanas dijo...

Tal vez no hayas leído 'Doktor Zhivago', una pésima novela cuyo protagonista es cualquier cosa menos lúcido, un pobre monigote que se ve arrastrado por acontecimientos en los que no sabe tomar parte. Ni partido.
Más que de Pasternak hablaría de Dickens, un autor que sí reflejó la bestialidad del capitalismo del siglo XIX, aquel que todavía os suministra a algunos los parámetros mentales e ideológicos en los que os movéis, pero que por fortuna ya ha pasado.

José Luis Moreno Pestaña dijo...

Es verdad, el capitalismo del XIX ya ha pasado. El del XX también. Y en el del XXI tú eres el hombre y/ o la mujer nueva y los demás seguimos en la caverna. Porque si lo que quieres decir es que el capitalismo ha pasado(?), para mi desgracia le queda un rato. Yo me quedo con el ejemplo de quienes llamas pobres monigotes, con su sentido del matiz -como el protagonista de la novela que según tú no he leído- y me aparto y no pierdo mi tiempo con la gente que se te parece y que distingo a los diez segundos. Pero seguramente eso ya lo sabes más que de sobra, ¡más que de sobra!, y no sé a qué vienes por aquí.

Cantamañanas dijo...

Pues a ver con qué filigranas se intenta conciliar a Platón con el materialismo dialéctico. Es divertido.