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Fantasmas de omnipotencia


Dos películas, de factura muy distinta y realizadas por dos directores en las antípodas formales: Cronenberg (Cosmópolis) volviendo por sus fueros y Costa-Gavras (El Capital), fiel a sí mismo, a un cine didáctico pero no panfletario, profundo, pero inteligible.


Las dos películas son radiografías de la victoria arrolladora del Capital y al verlas queda la sensación de que si no se arruina por su propia estupidez, logrará colonizar hasta el reducto más íntimo. Cronenberg nos muestra un capital ensimismado, que ignora hasta en qué país está (¿qué presidente ha venido a la ciudad? El de Estados Unidos. Ah), atravesando el mundo en una limusina; de ella entran y salen amantes, consejeras filosóficas y agentes de raperos con pretensiones místicas. Existe resistencia, porque la ciudad bulle de manifestaciones, pero el aspecto de éstas es patético y una de las agresiones solo busca concitar la atención de la prensa. Es, por recuperar la expresión de Patrick Champagne, una manifestación de papel (o de videoclip), destinada a concitar la atención mediática, realizada de forma individual y en la que su autor es tan empresario de su propia imagen como aquel al que agrede. Cronenberg trasmite el ambiente claustrofóbico y mórbido de Videodrome y la idea es la misma: no hay más sentido que la marcha arrolladora de los acontecimientos porque, como enseñan los luminosos de Manhattan, un fantasma recorre el mundo, pero es el del capitalismo. Ante él se pliegan la belleza erótica, la filosofía (la consejera filosófica, una especie de Séneca del yuppie, representa un prototipo de filósofo nada extravagante y muy extendido. Uno empieza a estar hasta el gorro de tanto neoestoicismo: prefiero a Demóstenes) y el arte crítico y místico. El capital, aburrido y bulímico, continúa el viaje a su Rosebud particular, una vieja peluquería donde algo en su inconsciente debía oler humanidad.



Costa-Gavras, fiel a otro Bretch (Cronenberg lo es al de los efectos de distanciamento, Gavras al del teatro didáctico, aunque no faltan los momentos de detención del relato por la hilaridad), traza un relato más fácil de seguir pero no menos inteligente. En este caso, también es un chico joven que, fundamentalmente, derroca al viejo capital antes de seducir y atraerse a sus empleados para explotarlos mejor. El individuo encarna el capital humano: a su hijo le habla en inglés y le recrimina su respuesta en francés, pero le preocupa poco la apatía del crío y que permanezca ensimismado en su videojuego. La escena en que los niños dejan de jugar entre ellos y se sumergen en las plays que le regala el protagonista vale más que cien artículos sesudos para comprender las fuentes de la legitimidad del sistema. El sujeto ha ascendido socialmente y tiene algo de prometeico en su pelea contra los capitanes de la banca. La solución se la aporta su mujer, lectora de un catálogo sobre Mao: haz como el Gran Timonel, le aconseja, vuelve a las bases contra el cuartel general y una vez que disuelvas las jerarquías todo quedará en tus manos. Y eso hace: entrega cuestionarios de autoevaluación y rebela a los empleados contra los cuadros, a los que embelesa con un discurso populista. Paradójicamente, Costa-Gavras nos muestra una resistencia reducida no ya al ridículo sino al mínimo: un tío rojo le dice las verdades del barquero, el sobrino lo reconoce y corta la comunicación con su familia. Sin despeinarse. También Costa-Gavras sugiere que el capital puede suicidarse pues necesita poseerlo todo y una vez que engulle algo necesita lo raro. Es el infierno de la economía cuantitativa y de las necesidades que produce, jamás satisfechas, pues siempre hay algo de lo que se carece Lo raro aquí es una modelo, suerte de animal de lujo, que solo puede mantenerse en pie mientras mantenga la situación de escasez. Una vez se pierde esta, saldrá disparadade la limusina, pero no como los aliados que acompañaban al protagonista de Cosmópolis, sino como un absoluto deshecho.
Las dos películas muestran bien la alianza del Capital con el mundo de la contestación artística y el componente libertario le parece a ambos directores lo más tenebroso. Costa-Gavras parece sugerir que no hay otra oposición que el empresariado con raíces y Cronenberg pasa revista a todos los prototipos del mundo de la cultura mostrándolos como títeres del niñato melancólico. No se les puede acusar de exagerar, pero cabe preguntarse si, artistas ellos, no proyectan sobre el mundo entero las normas de competencia encarnizada –recubiertas de discurso crítico, claro: maravillosa la historia del rapero sufí en Cosmópolis- que, de hecho, impregnan la cultura de su entorno, del mundo del arte y los intelectuales o el de la universidad y las instituciones culturales, suertes de realización pura, en el comportamiento de los agentes, del capitalismo de facto (mientras, paradójicamente, se le critica). El último Batman, la verdad, me resulta más realista y me parece dar una visión más plural de la conciencia social.
Un fantasma recorre el mundo del cine crítico: el fantasma del capitalismo omnipotente, transformado en nuestra epidermis. Pero no: el comportamiento moral, el amor sincero, el desprecio a la crematística económica y cultural, existen, a derecha e izquierda, y en todo ello tenemos que encontrar las fuentes morales de la crítica y la oposición realizable.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Costa-Gavras, maestro del cine político, tiene una muy buena película: "Le couperet" (2005). En ésta fábula amoral, pone en escena con humor corrosivo la competitividad que destila el sujeto colonizado por el nuevo espíritu del capitalismo (Chiapello-Boltanski). Un sujeto que va más allá de la voluntad de la auto-servidumbre, para pasar a la acción...

Trailer en:

http://www.youtube.com/watch?v=CFzQEoN1bbg

Por favor, Pepe, cuando puedas necesito referentes de esa buena historiografía, etnografía y descripción densa y reflexiva de la que hablabas en tu nota sobre "los remeros y la miseria de la teoría", creo que éstos trabajos son difíciles de ver y requiero del buen criterio de aquel que inconforme busca y busca.

Muchas gracias,

nano.
José Luis Moreno Pestaña ha dicho que…
Hola Nano,
Perdona pero ando liado. Te recomiendo el libro de Alejandro Estrella sobre Thompson (Clío ante el espejo), cualquier cosa de Francisco Vázquez. De Alberto Martín Les Étrangers en Espagne. La file d'attente devant les bureaux de l'immigration. París, L'Harmattan. Luego está muy bien de I. Marqués Génesis de la teoría social de Bourdieu. Sobre etnografía atento a los trabajos de Adriana Razquín. Luego ya: LUis Enrique Alonso, Enrique Martín, Manolo Ríos...
José Luis Moreno Pestaña ha dicho que…
Y gracias por el trailer y tu visita...
Un abrazo!!

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