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Los hábitos del 15M siguen vivos



Durante unas elecciones primarias la gente puede pensar si inscribirse o no, cómo publicitarse a sí misma (qué rasgos de su personalidad destacar, cuáles sirven para la vida pública, cuáles deberían corregirse), qué apariencia presentar en la foto: más seria, más luchadora, más culta, más atractiva, más sexy, más bondadosa. Una vez que uno se inscribe, hace campaña, afina sus argumentos, busca diferenciarse sin violencia -al fin y al cabo, habla entre compañeros y compañeros. Si gana le votarán, si pierde será él o ella quien los vote.

Una práctica son un conjunto de operaciones. Esas operaciones, si se repiten, producen disposiciones, formas de ser nuevas, generan rasgos desconocidos en los sujetos, sorprendentes para los propios implicados, segregan, si todo va bien, un placer y un deseo inesperado.

Las teorías de las elites creen, al contrario, que todos nacemos con paquetes de conductas y que si a uno le gusta el fútbol o el maquillaje se encuentra llamado a tal. A la cosa pública solo van los mejores, los henchidos de ambición, los vocacionales. 

Mentira. Las vocaciones surgen de los contextos. Multiplica los contextos para algo y verás florecer vocaciones. Las disposiciones necesitan contextos adecuados para sedimentarse, tiempo para aprender a saborear el nuevo mundo que nos abren. Una ciudad es musicalmente más excelsa con muchos flautistas normalillos que con uno grandioso y el resto con oído de corcho. Se lo espetó Protágoras a Sócrates en el siglo V a. n.e. Y llevaba razón. porque hablaba de política, no de música. Multiplica las disposiciones políticas en más gente y tendrás mejor vida política. "La diferencia entre un mozo de cuerda y un filósofo es menor de la que existe entre un mastín y un galgo. El abismo entre uno y otro lo ha abierto la división del trabajo" (Marx). Lo que sirve para las profesiones, es aún más definitivo para la política. La división política del trabajo consagra competentes a quienes se benefician del ejercicio político. Pero no son naturalmente competentes. 

John Adams decía que la política era el placer de ver y ser visto: no de cualquier modo, en la esfera pública. Cuando se multiplican los espacios de participación política, se amplían los espacios en los que la gente se revela en la esfera pública, descubriendo lo que no sabían que eran, conociendo a quienes no sabían que existían. Es mentira que la política sea un sacrificio. La política es una fuente enorme de compensaciones subjetivas -dejo de lado las compensaciones materiales exorbitadas, nacidas de un régimen perverso de profesionalización política.  Yo no conozco más que a dos o tres que han dejado la política y, francamente, es que peligraba su vida. Sucede que, los profesionales, imponen reglas de participación que exigen modos de vida como los suyos. Desean acaparar para ellos las compensaciones subjetivas -y, los muy chorizos, también las materiales. Son oligarcas que se disfrazan de servidores públicos.

Cuando se abren campos para la experiencia política, y estos son accesibles para los que no quieren consagrar su vida entera a la misma, o no recogieron el deseo y las competencias de su tradición familiar y sus estudios, aparece gente distinta. A menudo, más recta moralmente y más inteligente que los supuestos profesionales. Mejores servidores públicos.

Podemos convocó primarias. Podemos hizo una lista de ilustres desconocidos -menos Pablo iglesias. Podemos amplió el espacio de la experiencia política y permitió que accediesen quienes, en otros partidos, no hubiesen podido entrar o hubieran tenido que conformarse a papeles de subordinación insoportables. Insoportables para gente con estudios, para trabajadores que no obedecen órdenes fordistas, para jóvenes que han crecido en escuelas donde se hacen asambleas, para obreros que leen y ven la televisión. Nadie va a un partido donde no le dejan entrar o donde, si te dejan, el jefecillo es infinitamente más tirano que un encargado toyotista. Al ampliar ese espacio, Podemos ha generado hábitos políticos en nueva gente. Los doctrinarios se quedarán en las pegas, en lo que falta. O aún peor: ridiculizarán como frívolos a quienes gozan haciéndose fotos y preparándose para hablar sin haberse aprendido la buena doctrina (neoliberal, centrista o marxista, ecologista, anarquista... da igual). A ese pseudosaber (que a veces, muchas veces, solo es una enorme colección de chismes y lugares comunes) llaman cultura política. 

No: cultura política es la que se genera cuando se extiende la gente desea ver y ser vista discutiendo cuestiones públicas, cuando su yo empieza a incorporar la perspectiva de otros, cuando se miran al espejo pensando cómo se integrarán los demás en lo que digan -y por tanto se verán en el espejo con una mirada más amplia, que incluye a los demás. 

Con esa perspectiva, sobran las doctrinas: cada paso de un movimiento real vale más que una docena de programas. En cuatro meses han votado a Podemos 1.215.000 de personas. El 15M sigue vivo. Ya no está en la calle, pero está en el deseo de desear políticas distintas hechas por gente distinta. Las dos cosas son indisociables. Son los hábitos que nos dejó. Que sigan entrenándose, o de lo contrario se diluirán. 

Comentarios

Ana A ha dicho que…
ojalá esto crezca sabiendo apartar a los oportunistas y favoreciendo a la gente honrada que además de disfrutar dejarse ver y ser vista, lo hace sirviendo a a comunidad civil a la que pertenece.

Tuve que rebuscar la papeleta en el fondo de la última caja de cartón en el colegio electoral. Aunque haya 500 candidaturas y sólo voten dos personas porque todas las demás se abstengan, lo cívico y procedimentalmente conveniente es que todo este a la vista y no haya que hacer investigaciones para encontrar lo que quieres. Eso sí, los vocales y apoderados de las mesas charlaban amigablemente y entablaban relaciones sociales.

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