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¿Qué es un foucaultiano?

Intervención ayer en Traficantes de sueños durante la presentación de Foucault y la política   ¿Quién es un buen lector de Foucault? Es uno que no toma de Foucault lo que le viene en gana, sino el que aspira a tener por entero el espíritu de Foucault “porque debe haber el mismo espíritu en el autor del texto y en el del comentario”. Para ser un buen lector de Foucault, un buen foucaultiano, deben comentarse sus teorías teniendo “la profundidad de un filósofo y no la superficialidad de un historiador” Es una broma. En realidad, el texto anterior resume "¿Qué es un tomista?", un texto del insigne filósofo de la Orden de predicadores Santiago Ramírez, y publicado en 1923. Pero los que comentan filósofos, Foucault incluido, siguen, sin saberlo, el marco de Ramírez. Deberían leerlo y atreverse a ser quienes son, tal y como mandaba Píndaro. El trabajo filosófico, desde esta perspectiva, consiste en 1.        Se adscriben a una doctrina y ...

Sobre "El cura y los mandarines" I: teoría del habitus gracianesco

(Agradezco a Salvador López Arnal sus comentarios a la primera versión de esta entrada, editada tras sus comentarios) El cura y los mandarines , el esperado libro de Gregorio Morán, merece una discusión profunda, de su metodología no menos que de los contenidos que selecciona, aquellos que obvia y de la manera, a menudo brutal pero siempre estimulante, de presentarlos. Sería una auténtica pena que solo mereciera elogios o desprecios y que quienes estudian la cultura española contemporánea ignoraran sus aportes y sus límites. Empiezo con la que sigue una serie de entradas donde comentaré tres aspectos de la obra: la tesis de la continuidad cultural entre el Régimen franquista y el que sucede a la Transición, la idea de consagración o de calidad intelectual desde la que trabaja el libro (en mi opinión de manera poco reflexiva) y el humor desde el que se encuentra escrito.   Vayamos con la continuidad. El libro presenta una descripción global de la transformación de las elites...

Dilemas pedagógicos

He terminado hoy un libro de Charlotte Nordmann sobre Bourdieu y Rancière. En su conclusión se queja amargamente de la simplificación de la docencia y del intento de volverlo todo comprensible. Señala que, de ese modo, se estimula la pasividad del alumno, restringido a discursos de donde no surgen las dudas, completamente aplanados y en forma de catecismo.  Mientras estudié tuve experiencias de ambos tipos y cuando comencé a enseñar opté por la primera. Funcionó mal que bien unos años hasta que me exigía demasiada actividad represiva. Pese a hartarme de explicar -no sé si bien, pero dejarme la piel sí- un número importante de alumnos se escudaban en que ellos no comprendían para entregarte páginas fusiladas. Tuve que comenzar a sacar poco a poco los libros de las clases y sustituirlos por apuntes. Conservaba siempre uno o dos que se leían y se leen acompañados. El "no me entero" de una parte no pequeña te sitúa ante una alternativa: aprobar por ir a clase o suspende...