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¿Qué es un foucaultiano?

Intervención ayer en Traficantes de sueños durante la presentación de Foucault y la política   ¿Quién es un buen lector de Foucault? Es uno que no toma de Foucault lo que le viene en gana, sino el que aspira a tener por entero el espíritu de Foucault “porque debe haber el mismo espíritu en el autor del texto y en el del comentario”. Para ser un buen lector de Foucault, un buen foucaultiano, deben comentarse sus teorías teniendo “la profundidad de un filósofo y no la superficialidad de un historiador” Es una broma. En realidad, el texto anterior resume "¿Qué es un tomista?", un texto del insigne filósofo de la Orden de predicadores Santiago Ramírez, y publicado en 1923. Pero los que comentan filósofos, Foucault incluido, siguen, sin saberlo, el marco de Ramírez. Deberían leerlo y atreverse a ser quienes son, tal y como mandaba Píndaro. El trabajo filosófico, desde esta perspectiva, consiste en 1.        Se adscriben a una doctrina y ...

De la vanguardia a la postmodernidad

Estas notas me han servido para un tema de la asignatura  Filosofía y literatura durante cinco cursos. Un amigo me dice que aquellas clases le sirvieron para comprender algunas cuestiones políticas, no solo estéticas. Seguramente lo dice por amistad, pero por si acaso dejo aquí estas notas.   El arte, según Herbert Marcuse, tenía un función ambivalente. Por una parte, mostraba verdades olvidadas y ajenas al imperio de lo cotidiano y, por otra parte, actualizaba estas verdades en un reino separado de la praxis. El arte pierde así su inserción en la vida cotidiana y se resguarda en un ámbito restringido (queda reducido a lo que Hegel había llamado los domingos de la vida). Esta denuncia del carácter ambiguo del arte caracterizará a la mayor parte de las vanguardias. La autonomía del sistema artístico, conquistada contra la presión del mercado y del Estado, se confrontó a lo largo del siglo XX con una demanda de rematerialización del arte. Una vez el arte liberado d...

Trabajo y capital corporal I: capital erótico

Según la autora de este libro (Catherine Hakim, Capital erótico. El poder de fascinar a los demás , Barcelona, Debate, 2012), existe un tipo de capital, el erótico, que no puede reducirse a la tríada de Bourdieu (capital económico, capital cultural y capital social), aunque se relaciona con ellos y los potencia. El valor del mismo se encuentra condicionado por su escasez relativa para cualquier hombre. Un déficit sexual masculino (explorado en el capítulo III y apoyado en presupuestos naturalistas muy poco convincentes) hace que los bienes de consumo eróticos jamás sean suficientes para los hombres. Conscientes de ese déficit, los hombres estigmatizan a las mujeres que explotan su belleza corporal para beneficiarse de la misma sin dar nada a cambio: en suma, el poder es aquí intransitivo. La fobia a la belleza del feminismo radical -fundamentalmente de procedencia norteamericana y animado por una minoría elitista y lésbica (98)- impide que las mujeres tomen conciencia...