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¿Qué es un foucaultiano?

Intervención ayer en Traficantes de sueños durante la presentación de Foucault y la política   ¿Quién es un buen lector de Foucault? Es uno que no toma de Foucault lo que le viene en gana, sino el que aspira a tener por entero el espíritu de Foucault “porque debe haber el mismo espíritu en el autor del texto y en el del comentario”. Para ser un buen lector de Foucault, un buen foucaultiano, deben comentarse sus teorías teniendo “la profundidad de un filósofo y no la superficialidad de un historiador” Es una broma. En realidad, el texto anterior resume "¿Qué es un tomista?", un texto del insigne filósofo de la Orden de predicadores Santiago Ramírez, y publicado en 1923. Pero los que comentan filósofos, Foucault incluido, siguen, sin saberlo, el marco de Ramírez. Deberían leerlo y atreverse a ser quienes son, tal y como mandaba Píndaro. El trabajo filosófico, desde esta perspectiva, consiste en 1.        Se adscriben a una doctrina y ...

Hannibal, un alma bella: el origen del mal según Lecter-Strelnikov

Estimulado por el excelente comentario de Samuel Lézé (pese a que somos amigos, todavía no nos habíamos confesado nuestro común gusto por las películas de terror) sobre el origen del canibalismo (http://www.sleze.fr/2007/02/19/comment-devient-on-cannibale/), me he animado a proponer una interpretación, en mi caso, más directamente política (inspirada muy libremente en la teoría del inconsciente político de Fredric Jameson) de la genealogía del Doctor Lecter. Más allá del valor literario de la novela y del cinematográfico del film, me parece que subyacen en ellos esquemas narrativos estandarizados con los que pensar el mal y los intentos políticos por erradicarlo. El comentario que sigue se inspira fundamentalmente en la novela: en la película el guión de Harris omite ciertas cuestiones centrales que destaco aquí. Hannibal Lecter procede de la familia de Hannibal el Macabro que, como buen señor mitológico del Este de Europa, no destacaba por su humanidad. Thomas Harris no se ha e...

Dilemas pedagógicos

He terminado hoy un libro de Charlotte Nordmann sobre Bourdieu y Rancière. En su conclusión se queja amargamente de la simplificación de la docencia y del intento de volverlo todo comprensible. Señala que, de ese modo, se estimula la pasividad del alumno, restringido a discursos de donde no surgen las dudas, completamente aplanados y en forma de catecismo.  Mientras estudié tuve experiencias de ambos tipos y cuando comencé a enseñar opté por la primera. Funcionó mal que bien unos años hasta que me exigía demasiada actividad represiva. Pese a hartarme de explicar -no sé si bien, pero dejarme la piel sí- un número importante de alumnos se escudaban en que ellos no comprendían para entregarte páginas fusiladas. Tuve que comenzar a sacar poco a poco los libros de las clases y sustituirlos por apuntes. Conservaba siempre uno o dos que se leían y se leen acompañados. El "no me entero" de una parte no pequeña te sitúa ante una alternativa: aprobar por ir a clase o suspende...